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En Venezuela siguen las contradicciones que rozan lo criminal. Mientras millones de familias en el Zulia, en los Andes, en el llano y hasta en la periferia de Caracas pasan horas (cuando no días) a oscuras, viendo cómo se les pudre la poca comida que pueden comprar o cómo se les queman los electrodomésticos que tanto les costó adquirir, la inefable Delcy afirma que no se disponen de fondos para atender “todas” las necesidades.
Sin embargo, hay una montaña de dinero que ha llegado últimamente que podría solucionar los ingentes problemas que azotan al país desde hace décadas. Ese dinero, que pertenece a todos los venezolanos, no se está usando para comprar transformadores, reparar turbinas o modernizar una red eléctrica que se cae a pedazos.
El jueves pasado, la interina que pretende ser eterna, emitió un comunicado que parece más un chiste de mal gusto que otra cosa. Atribuyó el colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) a las “altas temperaturas” y al supuesto “crecimiento económico”. Dice la lista que el país alcanzó un récord de demanda de 15.579 megavatios y que, por eso, el sistema está fallando.
Pero los venezolanos no son tontos de capirote. Todos sabemos que la oscuridad no es culpa del sol ni del calor. Es culpa de años y años de desidia, de una corrupción galáctica que se tragó los presupuestos de mantenimiento, y en consecuencia, de una falta total de inversión. Militarizaron las instalaciones bajo el argumento del “sabotaje”, pero de todas formas el sistema colapsó.
Lo que estamos viendo ahora es lo mismo sucedido desde hace al menos 20 años, es el resultado del robo más la incapacidad. El gobierno le dice ahora al sector privado que use sus propios generadores (como si el combustible sobrara) y le pide al ciudadano que “ahorre luz”. Es una burla. Esas mismas autoridades que piden ahora apagar bombillas son las que nunca han sufrido un apagón en sus mansiones ni han tenido que abanicar a sus hijos toda la noche para que puedan dormir en medio del calor asfixiante.
No es casual, que Venezuela y Cuba hoy compartan el mismo destino de sombras. Es el fracaso de un modelo que, tras décadas de saqueo y desidia, ha dejado a ambas naciones en una penumbra permanente, demostrando que donde la ideología sustituye a la responsabilidad, solo queda la oscuridad.
La excusa oficialista siempre es la misma: “las sanciones no nos dejan trabajar”. Pero la realidad es otra. Las sanciones, de haber alguna, están ahí porque el régimen perdió su legitimidad y convirtió al Estado en un botín. Si hoy no van empresas eléctricas de primer nivel a invertir en Venezuela, no es por el bloqueo, es porque nadie confía en un Gobierno que no respeta contratos, que persigue a la disidencia y que tiene a su principal figura tras las rejas en otro país por cargos de narcoterrorismo.
Mientras el Ejecutivo convoca a expertos en “sistemas eléctricos” (los mismos que llevan años ignorando), la orden inmediata ha sido prohibir el mal uso del consumo. Es el colmo del rídiculo, es el clásico “pañito caliente”. Buscan culpables en cualquier sitio, (desde aquella iguana “terrorista” que se comía el cableado, hasta los fracotiradores de la oposición de hace años. Jamás admitirán que destruyeron la generación y distribución de la industria eléctrica nacional.
Sostienen que la situación actual es culpa del los “anteriores responsables”, que ellos hacen lo que pueden y piden comprensión, pero son los mangantes directos de toda esa vaina que montaron para desvalijar el país.
Es hora de reconocer que la prioridad es reactivar la represa de Guri, reparar las termoeléctricas, líneas de distribución, transformadores y devolver la dignidad y derechos ciudadanos.
¡Basta de robar¡ !Paren el saqueo de una santa vez! ¿Se lo han llevado todo y quieren más?
Continuará…
Cantaclaro
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