

(Datos técnicos-históricos-fuentes: Stanford University, University of Oxford, BBC, REUTERS y demás informaciones contrastadas de Internet que incluyo.)
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En septiembre de 2022, muchos se sorprendieron cuando se conoció que Irán estaba suministrando tecnología de drones al ejército ruso. A esto le siguieron las primeras imágenes de drones Geran-2 (Shahed 136) sobrevolando Kyiv, la capital de Ucrania.
¿Cómo un país que ha estado sometido a sanciones durante cuatro décadas ha logrado cambiar las reglas del juego en los conflictos internacionales? ¿Qué factores allanaron el camino para este éxito?
Cuando Mohammad Reza Pahlavi, el sha de Irán, abandonó el país en enero de 1979, dejó un ejército que era considerado el más poderoso de la región. La Fuerza Aérea Iraní estaba equipada con F-14 Tomcat, F-4 Phantom y F-5 Tiger.
Entonces las fuerzas armadas iranís ocupaban el quinto lugar a nivel mundial en cuanto a equipamiento, después de los ejércitos de Estados Unidos, la Unión Soviética, Reino Unido y Francia.
Cabe destacar que la fuerza aérea se consideraba incluso más avanzada que sus homólogas alemana, china e israelí, ya que tenía acceso al caza F-14 Tomcat, el avión más avanzado del mundo en aquel momento.
Sin embargo, la operación y el mantenimiento de estos aviones dependían de la presencia de un gran número de ingenieros y técnicos estadounidenses, y las piezas de recambio tenían que ser suministradas directamente por la empresa norteaméricana Grumman. Esta razón, obligaba a la fuerza aérea a depender completamente de EEUU.
Tras la caída del sha, la comandancia pricipal del Ejército huyó del país, fueron muertos o encarcelados. Los Ingenieros y técnicos estadounidenses igualmente abandonaron Irán, junto a las empresas que también rompieron sus vínculos con el nuevo régimen.
En septiembre de 1980, las fuerzas iraquíes invadieron Irán y se desató una feroz guerra entre ambos países que duró ocho años. En ella se emplearon los medios más brutales de destrucción, incluyendo armas químicas, y casi un millón de personas murieron.
En las primeras etapas de la guerra, las fuerzas iraquíes avanzaron debido a su superioridad aérea. El ejército iraquí había adquirido aviones de reconocimiento de la Unión Soviética y también utilizaba imágenes satelitales soviéticas para identificar las posiciones enemigas y monitorear sus movimientos.
Por el contrario, las fuerzas iraníes combatían en condiciones de visibilidad e inteligencia muy limitadas. Los iraníes necesitaban desesperadamente tecnología para sobrevivir a una guerra que amenazaba su propia existencia. Sin embargo, las sanciones económicas les impedían satisfacer estas necesidades. Por ello, decidieron inventar y fabricar esta tecnología internamente, en lugar de comprarla.
La idea fue sencilla: si no era posible sobrevolar las líneas enemigas con aviones de reconocimiento para conocer sus posiciones y movimientos, se podrían enviar pequeños dispositivos teledirigidos. Estos artefactos eran baratos, difíciles de detectar y podían proporcionar información valiosa.
Desde 1981, los iraníes habían estado trabajando en estos pequeños aparatos para instalarles cámaras. La idea surgió en la Universidad de Isfahán, donde un grupo de estudiantes e ingenieros se encargó de llevarla a cabo. Comenzaron diseñando y construyendo prototipos, probándolos y mejorándolos gradualmente, antes de presentar el diseño a la Guardia Revolucionaria.
Las herramientas eran sencillas y rudimentarias: piezas de plástico y componentes básicos. Después de años de ensayo y error, entre fracasos y perseverancia, presentaron por primera vez un prototipo a los militares, algunos lo rechazaron de plano. Parecía más un juguete infantil y estaba hecho de materiales de desecho, con un depósito de combustible que era una bolsa plástica de suero intravenoso.
En otoño de 1983, a 40 kilómetros del frente, el “avión de juguete” sobrevoló por primera vez posiciones iraquíes, regresando con imágenes nítidas de las posiciones militares. Inmediatamente, se dio la orden de formar un programa para el desarrollo de drones. Para obtener los componentes necesarios y desarrollar la aeronave, tuvieron que sortear las sanciones impuestas al país y acceder a los mercados internacionales.
La Guardia Revolucionaria creó una red de empresas en Dubái y utilizó intermediarios en Singapur para adquirir componentes individuales de decenas de países. Estos componentes se enviaban y ensamblaban en Irán. Esto explica la presencia de chips de fabricación estadounidense en los drones Shahed 136 derribados en Ucrania.
Los drones demostraron su eficacia en operaciones de reconocimiento y las fuerzas iraníes los utilizaron en batallas decisivas contra las fuerzas iraquíes después de 1983. Ingenieros y militares comenzaron a considerar el desarrollo de drones de combate en 1987.
Un dron que sobrevuela posiciones enemigas y fotografía sus movimientos puede, si está equipado con armamento, atacar y destruir dichas posiciones. Pero esto requería capacidades y tecnología diferentes, algo desarrollado posteriormente en los drones “Mohajer”.
En 1980, Irán fue uno de los primeros países en utilizar una aeronave de combate no tripulada. Aunque Estados Unidos, Turquía e Israel son conocidos por producir este tipo de aviones, Irán fue pionero en este campo. En aquel primer momento, los drones iraníes aún tenían un diseño primitivo, con un alcance de no más de 50 kilómetros.
Durante la invasión del Líbano en 1982, Israel utilizó drones Scout y Mastiff para reconocimiento y para dirigir ataques contra posiciones de misiles sirios en el valle de la Bekaa. Este fue el primer uso de drones militares en un conflicto armado.
Expertos iraníes siguieron de cerca los acontecimientos en Líbano, y sus aliados en Hezbolá les ayudaron a recopilar información detallada sobre los drones israelíes. Concluyeron que el equipo no era muy sofisticado y que sus expertos en las universidades de Teherán e Isfahán eran capaces de construir modelos similares.
Analistas militares también han señalado en numerosos informes que los prototipos de drones iraníes presentaban muchas características similares a los drones israelíes Scout y Mastiff. Según ellos, los ingenieros iraníes se inspiraron en estas características de los modelos israelíes.
Desde la década de 1970, se ha sabido que cuanto más avanzada tecnológicamente sea un arma, más valiosa y eficaz será. Por ejemplo, un misil guiado capaz de destruir un objetivo a 1.000 kilómetros de distancia con alta precisión es más eficaz que cientos de misiles no guiados. Desde esta perspectiva, la tecnología prima sobre la cantidad en eficacia, pero no en eficiencia.
Los iraníes añadieron un nuevo enfoque al asunto: “eficiencia”, si un país no puede competir con sus rivales en términos de tecnología, puede hacerlo en términos de cantidad y costo económico. Este es el principio en el que se basó el programa de drones de Irán. Un dron cuya fabricación cuesta unos US$20.000 no puede competir en precisión con un misil de crucero de US$2 millones. Pero si se despliegan 100 drones, el bando contrario tendrá que disparar 100 o más misiles para contrarrestarlos.
Los drones no están diseñados para la precisión ni para un alto poder destructivo, sino para debilitar las defensas del enemigo y agotar sus recursos financieros. Por lo tanto, los ataques con drones pueden durar más, ya que cuestan entre 10 y 20 veces menos que los sistemas de defensa antimisiles del adversario.
Un cálculo sencillo muestra que desplegar 100 drones cuesta unos US$2 millones, mientras que el bando defensor debe gastar unos US$200 millones en misiles avanzados para contrarrestarlos, independientemente del daño que causen estos drones.
Los drones también tienen otra característica: son difíciles de detectar por radar, ya que vuelan a baja velocidad y altitud. Además, el uso simultáneo de un gran número de ellos interrumpe los sistemas de defensa y, en muchos casos, impiden por completo su detección.
Ya el ataque contra las instalaciones petroleras de Aramco en 2019 demostró la eficacia de esta característica, porque los sistemas de defensa estadounidenses no pudieron interceptar drones de fabricación iraní. Aunque los hutíes se atribuyeron la responsabilidad del ataque, la opinión generalizada es que los drones fueron lanzados desde territorio iraní o iraquí.
Los daños causados por el ataque ascendieron a decenas de miles de millones de dólares, mientras que el costo de los drones atacantes fue de tan solo unos pocos millones. Esta diferencia es el factor que, en última instancia, podría determinar al vencedor y al perdedor en las guerras de drones.
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La entrada de hoy es absolutamente informativa, he querido compartir lo aprendido en este fabuloso y mundanal Internet. Está a la vista de todos y la información veraz no es asunto de importancia menor.
Sé que no es materia de interés para muchos, pero bastaría solo un lector para justificar mi motivación. Si has tenido el aguante de llegar hasta aquí, vaya mi felicitación junto al agradecimiento por tu paciencia.
Continuará…
Cantaclaro
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