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El mirador del indiano

Cuando tu bolsillo se resiente

A veces pensamos que nuestra economía personal depende solo de cuánto y donde trabajemos o de las decisiones del un gobierno que nos facilite más o menos las cosas. Pero la realidad es que tu capacidad económica se está decidiendo ahora mismo en un lugar llamado el Estrecho de Ormuz.

Este brazo de mar mide unos 35 kilómetros y separa a Irán de los Emiratos Árabes. Es, básicamente, el grifo del petróleo del mundo. Por ahí pasa casi el 20% del consumo mundial de petróleo y un tercio del gas natural licuado. No hay ruta alternativa capaz de absorber tal cantidad.

Aunque el estrecho parece amplio, los canales de navegación segura para los grandes petroleros tienen apenas 3 kilómetros de ancho, lo que facilita enormemente el sembrado de minas. Si ese grifo se cierra, el precio de casi todo sube de inmediato, sube el pan, la leche y por supuesto la gasolina que le echas a tu coche.

En ese pequeño espacio de mar se juega una partida de máxima tensión por su importancia estratégica. Irán sabe que tiene el control de algo importante y que el mundo tiembla de miedo por ello. Muchos se preguntan: ¿Si es tan importante, por qué nadie interviene a pesar de los pedidos de EEUU? La respuesta no es la falta de barcos, aviones o misiles, sino una trampa invisible bajo el agua.

Irán ha convertido este estrecho en un campo de minas de alta tecnología. Ya no hablamos de las bolas negras con pinchos que vemos en las películas de guerra antiguas. Hoy, el gran miedo tiene nombre propio: la “Mahaim 2”.

Esta es una mina inteligente e “invisible”. No flota en la superficie, sino que se queda escondida en el fondo del mar, en silencio. Está programada para detectar el sonido de los motores y el magnetismo de los barcos. Cuando siente que su objetivo está cerca, se activa y se pega a los tanqueros partiéndolos por la mitad.

Nadie quiere arriesgar sus barcos en un lugar donde el enemigo es indetectable. Para limpiar 36 kilómetros de estas trampas se tardarían meses, y mientras tanto, el petróleo no sale. Si eso ocurre, el precio se dispara y tus ingresos se descuadran sin que puedas hacer nada para remediarlo.

El miedo paraliza todo. Ningún capitán de un petrolero quiere arriesgarse a que una mina de 500 euros parta en dos un barco de 200 millones. Además, es importante señalar, que las aseguradoras tampoco se quedan atrás, se niegan a asegurar cualquier incidente de este tipo y punto.

Es una partida donde todos tienen mucho que perder. Si alguien ataca a Irán para abrir el paso, Irán puede soltar cientos de minas más en una sola noche. Es como intentar limpiar una habitación mientras alguien sigue echando confeti con un ventilador, nunca terminas.

Al final, Irán usa este estrecho como un mando a distancia. Si el mundo los presiona con sanciones, ellos “aprietan el botón” del estrecho, el precio del petróleo sube, y los ciudadanos de todo el mundo se quejan a sus gobiernos por el alto costo de la vida. Es la forma más barata de poner en jaque al planeta.

Pero a pesar de la tensión, no todo es pesimismo. Al final, el sentido común suele ganar la partida, a nadie le interesa un mundo paralizado. Así que, aunque el tablero sea complejo, la prioridad global sigue siendo proteger la estabilidad, y por extensión la tranquilidad de todos.

Continuará…

Cantaclaro

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