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Decía en nota anterior que hay más días que vida, y que al capítulo de José Luis Rodríguez Zapatero debíamos darle un compás de espera. Había que aguardar a que los datos nos confirmaran si lo que sospechábamos era solo una mala película o una cruda realidad. Pues bien, ya no hay que suponer nada, la realidad ha superado al guion.
Con la presunción de inocencia por delante, lo de Zapatero en el Senado ha sido un festival de traca. Resulta que Plus Ultra, esa aerolínea con más amigos que aviones, se embolsó 53 millones de euros públicos por ser “estratégica”. ¿Estratégica para quién? Esa es la pregunta que flota en el aire mientras el dinero también vuela.
Ahora ZP nos viene con el cuento de que se levantó 460.000 euritos dando consejos a una consultora “amiga” y que sus hijas, qué casualidad, también pasaban por allí para facturar. Dice que es “precio de mercado”. Pues oye, qué suerte tienen algunos con el mercado. El otro día, el taxista que me trajo a casa se lamentaba de que a él muchos clientes ni le daban las gracias, se ve que no tiene el mismo “caché” que el del expresidente “consultor”.
Pero la broma ha dejado de tener gracia porque el asunto ha aterrizado en la Audiencia Nacional. Ya no hablamos de broncas políticas en el Congreso, ahora hay jueces con lupa rastreando tráfico de influencias y lavadoras de dinero que funcionan mejor que las de nuestras casas. La presunción de inocencia es sagrada, sí, pero la de “caradurismo” parece que también.
En países más “aburridos” como Alemania, Noruega y hasta Portugal, un expresidente no se pone a facturar como si no hubiera un mañana en sectores que rozan lo público. Aquí, sin embargo, parece que la “puerta giratoria” tiene aceite venezolano de sobra para que no chirríe ni un poco.
Menos ejemplaridad de boquilla y más explicaciones que se entiendan sin necesidad de un diccionario jurídico. Al final, los 53 kilitos los ponemos todos nosotros, y se nos está quedando cara de susto mientras algunos se reparten el pastel.
Pero no perdamos la fe. Que un expresidente tenga que sudar la gota gorda en el Senado y que la justicia meta el bisturí en estos “negocietes” es la mejor señal de que todavía queda un país decente. Mientras queden instituciones que no se achanten y medios que “curioseen”, la fiesta de algunos puede terminar con una resaca histórica.
A pesar de todo, todavía nos queda aguante, y tarde o temprano, la transparencia dejará de ser un cuento chino para ser la norma. ¡Que ocurra pronto!
Continuará…
Cantaclaro
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