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El mirador del indiano

La gotera infinita del castrismo

Para el régimen de La Habana, el “bloqueo” es la gotera eterna de una casa con el tejado hecho añicos, tiene la culpa de todo, desde la falta de pan hasta la oscuridad de las calles. Llevamos casi 7 décadas escuchando el mismo son: que vamos bien, que el triunfo es inevitable, que la historia nos absolverá y demás monsegas, pero la realidad es terca como ella sola.

No importa quién habite la Casa Blanca, para la narrativa oficial, el último presidente siempre es más perverso que el anterior. Es el comodín que lo aguanta todo. Si falta la comida, te recetan un discurso, si se apaga la luz, te lanzan una consigna. Bajo la mística del “hombre nuevo”, las carencias materiales no son fallos del sistema, sino pruebas de fe revolucionaria, según ellos, comer tres veces al día es poco menos que un vicio burgués.

Cuando la escasez se vuelve insoportable, la culpa se traslada convenientemente al pueblo “indisciplinado”. El fracaso crónico de los bienes y servicios se camufla señalando al cubanito de a pie que intenta sobrevivir. Es el arte perverso de culpar a la víctima. Hace poco vimos a Miguel Díaz-Canel hablar de “innovar” con un cinismo asombroso, pero en Cuba, “innovar” no es crear bienestar, sino estirar la miseria un día más.

Tras años de “paquetazos” económicos que prometían ordenar el caos monetario, el peso cubano ha quedado reducido a un cero a la izquierda. Y, como siempre, los culpables son el “Yanki” y el cubanito de marras. Pero no hace falta ser un doctorado en economía para saber que con hambre no se razona, y que el “bloqueo” es una excusa que ya no convencía ni a Fidel.

Llamar “bloqueo” a la situación de Cuba es tan falso como llamar “retención” a los secuestros de la dictadura de Maduro, tema por cierto del que me ocupé recientemente en este mismo medio. El embargo comercial es una decisión unilateral de no comerciar con quien confiscó propiedades sin indemnización. Es, en esencia, el derecho de un país a elegir con quién hacer negocios.

Si existiera un bloqueo real (un cerco militar que impida el paso de suministros), ¿cómo se explican los datos oficiales? Según los registros del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA), las exportaciones agrícolas estadounidenses a la isla han alcanzado cifras récord. Solo en 2024 se enviaron más de 227 toneladas de carne de pollo. Resulta irónico que el “enemigo imperialista” sea hoy uno de los principales proveedores de comida de la isla.

Cuba mantiene relaciones comerciales con más de 40 países. Los datos de 2025 muestran que sus principales socios son Venezuela (20,5%), China (11,7%), España (10,3%) y Rusia (8,5%).

La isla importa más del 80% de lo que consume porque la producción nacional (azúcar, agricultura, ganadería etc.) ha colapsado por falta de inversión en el campo, prefiriendo invertir en hoteles. Este enero de 2026, el gobierno cubano admitió oficialmente su “imposibilidad de pago” de la deuda externa y pidió “comprensión” a sus acreedores.

El verdadero muro no está en Washington, sino en el “bloqueo mental” de una cúpula que prefiere ver a su pueblo cocinando con leña y recurriendo a la medicina casera o de curanderos y chamanes, antes que soltar las riendas del poder. El sistema no está roto, el sistema es el que rompe a la gente, y es lo que han hecho en los últimos 67 años, que se dice pronto.

Sin embargo, la esperanza es más robusta que la propaganda. Cuba será libre no cuando se levante ese “falso bloqueo”, sino cuando su gente decida dejar de ser rehén de una mentira. La fuerza que hoy usan para sobrevivir será la que reconstruya el país cuando caigan las barreras internas que han machacado esa isla que un día fue feliz.

Continuará…

Cantaclaro

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