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Si te quedas encerrado en un ascensor, si el metro o autobús en que vas se para por avería, si quedas atrapado en un atasco de tráfico, si el funicular en que subes a Artxanda se detiene entre estaciones, podríamos decir que hemos quedado momentáneamente “retenidos”.
Retención es también lo que hace Hacienda con tu nómina, pero si te saca de casa la KGB o STASI de una narcodictadura caribeña como la venezolana sin orden judicial ni nada que se le parezca, y te llevan a un sótano inmundo donde no se conoce la luz del sol, te torturan y te tienen “desaparecido” por meses o años sin que nadie de tu entorno sepa el paradero, ¿Qué es? ¿Cómo llamamos a eso? ¿Decimos que a fulano de tal lo han “retenido”?
Este socialismo de salón, TV y Twitter ha descubierto que las palabras son como las tiritas de goma, si las estiras lo suficiente, puedes atar a ellas cualquier cosa, desde una violación de derechos humanos hasta la desaparición permanente de cualquier infortunado opositor político.
Para ciertos políticos y periodistas que confunden las realidades con las opiniones y actos interesados, lo que sucede en Venezuela no son crímenes, no son atentados directos a los derechos humanos, son simplemente incidencias que suceden en toda democracia.
Cuando un opositor desaparece del mapa, estos jurisconsultos aficionados metidos a expertos entendidos, te explican que el sujeto está “retenido por las autoridades para verificar su estatus”, o sea, que es exactamente igual que cuando te paran en un detector de metales en un aeropuerto por tener un llavero en el bolsillo. ¿Atropello, ilegalidad, tortura? ¡Qué va!, todo se exagera; lo que sucedió fue un “error administrativo”.
Es la dialéctica de la tomadura de pelo, si el “retenido” por fin aparece con más moratones que un boxeador, te dicen que es una “interacción física”. Que lo hayan metido en una jaula y mantenido sin pan ni agua por días lo llaman “pérdida momentánea de libertad”.
Para ellos, una “liquidación” no es un asesinato político, es un “cese de las funciones vitales por factores de salud”. Vamos, que el muerto se ha muerto porque tenía mala salud, no por tres disparos.
En fin, que llamar hoy a las cosas por su nombre tiene su etiqueta muy a la moda de estos tiempos de modernidad: “políticamente correcto” se dice, y yo lo llamo “autocensura represiva” por no decir algo más…políticamente INCORRECTO.
Continuará…
Cantaclaro
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