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	<title>El mirador del indianoLa geografía del silencio &#8211; El mirador del indiano</title>
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	<description>Sobre Venezuela en estos infaustos tiempos de supuesta revolución...</description>
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	<title>La geografía del silencio &#8211; El mirador del indiano</title>
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		<title>La geografía del silencio</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Aug 2026 22:08:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El mirador del indiano</dc:creator>
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		<description><![CDATA[… Esta nota ha estado guardada en mi mente durante años. La urgencia de escribirla hoy se reduce a una necesidad tan incómoda como apremiante. Si es en España, da igual dónde vivas, trabajes o duermas, te encuentras a menos de cincuenta kilómetros de una fosa común. No importa el rincón en el que decidas [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p style="text-align: center;" align="justify"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter wp-image-7923" src="https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/08/673a7cad5b5bf.jpeg" alt="" width="543" height="407" srcset="https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/08/673a7cad5b5bf.jpeg 1600w, https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/08/673a7cad5b5bf-295x221.jpeg 295w, https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/08/673a7cad5b5bf-473x355.jpeg 473w, https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/08/673a7cad5b5bf-768x576.jpeg 768w, https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/08/673a7cad5b5bf-1536x1152.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 543px) 100vw, 543px" /></p>
<p style="text-align: center;" align="justify"><strong>…</strong></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Esta nota ha estado guardada en mi mente durante años. La urgencia de escribirla hoy se reduce a una necesidad tan incómoda como apremiante. Si es en España, da igual dónde vivas, trabajes o duermas, te encuentras a menos de cincuenta kilómetros de una fosa común.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">No importa el rincón en el que decidas pararte. Da lo mismo si estás contemplando un campo de olivos en Andalucía, cruzando un pinar en Galicia o andando por algún barranco perdido de Euskadi. La distancia nunca varía demasiado, tienes una fosa a menos de cincuenta kilómetros de donde estás ahora mismo.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Es una realidad, matemática, y sobre todo, una verdad enterrada. Bajo el suelo que pisamos todos los días, el mapa está dibujado por el silencio de miles de personas que un día desaparecieron de sus casas para no volver jamás. No es una estimación exagerada ni un argumento de pancarta. Son las cifras oficiales que maneja el propio Gobierno de España, donde existen alrededor de 6.000 fosas comunes repartidas por todo el territorio nacional, y dentro de ellas permanecen más de 11.000 restos de cadáveres sin identificar.</span></span></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Hombres y mujeres ejecutados durante los tres años de una Guerra Civil fratricida (1936-1939) o asesinados durante la terrible represión posterior que impuso el régimen del dictador Francisco Franco. Son vecinos a los que sacaron de la cama de madrugada, maestros de escuela, intelectuales, aldeanos de caserío y jóvenes cuyo único delito fue estar en el lado equivocado de una trinchera invisible.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Vivimos en un país que ha aprendido a normalizar el paisaje, olvidando lo que hay debajo. Cincuenta kilómetros es una distancia insignificante, es el trayecto que muchos hacen a diario para ir a trabajar, el viaje corto de un fin de semana, la distancia entre dos ciudades vecinas. Que en cualquier punto de esa circunferencia exista un enterramiento clandestino no es una casualidad, fue un plan perfectamente ejecutado. La represión no buscaba solo eliminar al rival, quería borrar su rastro, y castigar a sus familias con la tortura de no saber su paradero.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Cuando se habla de memoria histórica, a menudo surge un ruido político ensordecedor que intenta empañar la realidad. Se dice que es abrir heridas, que es remover el pasado, que no vale la pena mirar atrás. Pero este no es un debate ideológico, es una deuda humana elemental. Ninguna democracia sana puede llamarse completa mientras miles de sus ciudadanos sigan enterrados en cunetas, pozos o escombreras, tratados como si fueran desechos y no seres humanos con derecho a una sepultura digna.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Frente a la parálisis y la desidia, el País Vasco ha marcado el camino a seguir, demostrando que la voluntad política y el rigor científico pueden derrotar al olvido. En Euskadi, la memoria histórica no es una declaración de intenciones ni una disputa partidista, es un engranaje público, ejemplar y pionero que ha convertido la búsqueda de lo sucedido en una política de Estado modélica.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Mientras en otros lugares las familias siguen desenterrando a los suyos en la más absoluta soledad, las instituciones vascas han levantado una red basada en el respeto absoluto a los derechos humanos y la ciencia forense. El éxito y la profundidad de este gran trabajo se sostienen sobre pilares fundamentales:</span></span></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><i><b>Instituto Gogora:</b></i> cerebro institucional que centraliza, dignifica y coordina  las políticas públicas de memoria y atención a las víctimas.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><i><b>Sociedad de Ciencias Aranzadi:</b></i> motor científico a pie de fosa, cuyo impecable método arqueológico y forense es hoy el referente internacional de exhumación.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><i><b>Banco de ADN Vasco: </b></i>una herramienta pública crucial que cruza la genética de los restos recuperados con los familiares para devolver identidades desconocidas.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><i><b>Columbarios de la Dignidad:</b></i> espacios sagrados e institucionales creados para que aquellos cuyos nombres no se logren rescatar descansen, al fin, con honores.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Esta estructura demuestra que cuando un pueblo decide mirar de frente a su pasado, la memoria deja de ser una herida abierta para convertirse en un derecho ciudadano garantizado por ley.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Decir once mil personas impresiona, pero el peligro de los grandes números es que terminan volviéndose indiferentes. Once mil no es solo una cifra estadística en un informe cualquiera. Once mil son once mil familias rotas de por vida. Son nietos que hoy tienen canas y que crecieron escuchando los susurros de sus madres, quienes murieron sin saber dónde estaba el abuelo. Son miles de historias truncadas que se quedaron suspendidas en el tiempo una noche cualquiera de hace más de ochenta años.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Cada vez que un equipo de arqueólogos forenses abre una fosa en este país, lo que sale de ahí no son consignas políticas. Salen huesos rotos, restos de botas gastadas, botones de camisa y casquillos de balas que perforaron cráneos por la espalda. Eso no es política, es la evidencia cruda de una violencia que se quiso ocultar bajo tierra y décadas de miedo heredado. Identificar esos cuerpos no es un acto de venganza, es un acto de justicia histórica y de pura humanidad.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">El tiempo juega en contra de la verdad. Los testigos directos, los hijos que vieron cómo se llevaban a sus padres, están desapareciendo por pura ley de vida. Si no se actúa con urgencia, el silencio ganará la partida definitivamente. No podemos permitirnos el lujo de mirar hacia otro lado y fingir que el problema no existe solo porque el suelo está cubierto de asfalto o de hierba bonita.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Terminar con esta anomalía no es una tarea para unos pocos colectivos o asociaciones de víctimas. Es una responsabilidad de toda la sociedad. Reconocer el mapa de nuestras fosas es el primer paso para dejar de pisar el pasado con indiferencia. Saber que a menos de cincuenta kilómetros hay una historia esperando ser rescatada nos obliga a ser consecuentes con nuestra dignidad personal.  </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Al final, recuperar esos nombres no altera el pasado, pero define nuestro presente. Romper el silencio de la tierra es el único camino para que el suelo que compartimos deje de ser una fosa común y se convierta, al fin, en un lugar de memoria y respeto.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Continuará… </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Cantaclaro                                                    <strong>  …</strong></span></span></span></p>
<p align="justify">
</p></body></html>
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