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	<title>El mirador del indianoLa dieta Brooklyn (Formato coña marinera) &#8211; El mirador del indiano</title>
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	<description>Sobre Venezuela en estos infaustos tiempos de supuesta revolución...</description>
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	<title>La dieta Brooklyn (Formato coña marinera) &#8211; El mirador del indiano</title>
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		<title>La dieta Brooklyn (Formato coña marinera)</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jul 2026 21:54:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El mirador del indiano</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p style="text-align: center;" align="justify"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter wp-image-7768" src="https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/07/MADURO.jpeg" alt="" width="510" height="340"></p>
<p style="text-align: center;" align="justify"><strong>…</strong></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">El mundo de la alta cocina carcelaria ha alcanzado su clímax definitivo en la planta 23 del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York. El verdadero lujo gastronómico se lució en una sesión exprés de menos de veinte minutos bajo la atenta mirada del juez Alvin Hellerstein.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Los finos paladares de la jornada, Nicolás Maduro Moros y su inseparable esposa, Cilia Flores, pareja estelar del “Socialismo del Siglo XXI” y herederos de Hugo Chávez que partió al otro barrio sin dejar propina, reaparecieron tras pasar más de 200 días a la sombra en el Centro de Detención Metropolitana de Brooklyn. Su cambio de look tan drástico obligó a los caricaturistas del tribunal a afilar los lápices para no dibujar figuras fantasmales.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">La estampa rompió internet en segundos y resucitó de inmediato el motivo de una de las ironías más crueles y amargas de la historia caribeña, la denominada “dieta Maduro”. Para quienes tengan memoria de pez, este era el eufemismo trágico con el que los venezolanos bautizaron la pérdida masiva de peso que sufrieron durante los años más salvajes de la escasez y la crisis humanitaria. La ironía poética ha sido tan brutal que las redes sociales se inundaron de notas celebrando que, por fin, el inventor de la receta está probando las delicias de su propio menú. No obstante, en las altas esferas de Washington la gracia no ha sentado tan bien.</span></span></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">El exsubsecretario de Estado de EEUU, Marshall S. Billingslea, saltó a la palestra para pedir que se guarde el chiste en el cajón de las bromas pesadas. Según el diplomático, usar el término “dieta” para comentar el bajón de peso de los detenidos minimiza una realidad atroz. Aclara que el hambre en Venezuela no fue un accidente nutricional, sino un mecanismo deliberado de control social ejecutado desde los despachos de Miraflores. Billingslea recordó que, mientras los ciudadanos de a pie estiraban una bolsa de comida para que durara un milenio, la cúpula disfrutaba de banquetes televisados.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Así que verlos hoy perdiendo peso con tres comidas garantizadas por el sistema penitenciario federal estadounidense no es un acto de justicia poética, es simplemente, el resultado de cambiar las arepas con mantequilla por el puré de patatas y los huevos deshidratados de Brooklyn.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Dentro de la sala, el choque de realidades no fue solo estético, sino gramatical. Se vivió un auténtico duelo de etiquetas que dejó al descubierto la estrategia de la defensa para intentar salvar los muebles antes de que el barco termine de hundirse en el Atlántico Norte.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Por un lado, el juez federal Alvin Hellerstein, un veterano de 92 años que maneja el tribunal con la paciencia de quien lo ha visto todo y la fatiga de quien ya no está para aguantar habladera de paja ideológica, se dirigió a la pareja con un seco “señor y señora”, ni “presidente”, ni “mandatario”, ni “primera combatiente”. Para la justicia norteamericana, los dos acusados son simplemente dos ciudadanos con uniforme color caqui y zapatillas deportivas que están sentados en el banquillo por cargos criminales de gran calado.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Por la parte legal se encontraba Barry Pollack el carísimo abogado defensor. Pollack, perro viejo en estas lides y famoso por haber defendido en su día a Julian Assange, sabe perfectamente que la única forma de sacar a su cliente de Nueva York es jugando la carta de la magia diplomática. Por eso, al presentar a su defendido, insistió en llamarlo “Presidente de Venezuela”. No es un capricho de cortesía, es la primera piedra de una catedral jurídica que busca la desestimación total de la acusación alegando la inmunidad de un jefe de Estado.</span></span></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">La jugada es audaz, pretende convencer al tribunal de que un mandatario en ejercicio no puede ser secuestrado ni juzgado por un tribunal extranjero. El problema de la defensa es que la Casa Blanca lleva desde 2019 repitiendo que el Gobierno de Maduro tiene la misma legitimidad que un billete de tres dólares.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">El duelo legal está servido para el próximo 17 de noviembre, fecha en la que el juez escuchará los llantos de la defensa sobre la inmunidad diplomática. Si el juez Hellerstein dice que “no” a la inmunidad, el equipo de Pollack tendrá que pasar a la segunda ronda, pelear contra la montaña de pruebas de narcoterrorismo y demás  crímenes que la fiscalía tiene a buen recaudo.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">El inicio del juicio formal ha quedado fijado para el 1 de junio de 2027, casi un año más de papeleo, revisión de material clasificado y tazas de café en las oficinas del Departamento de Justicia. Para entonces, “la otra pareja más poderosa de Caracas” tendrá tiempo de sobra para aprender algo de inglés, y terminar de meditar sobre lo que les puede y debería suceder.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Quienes asistieron a la breve audiencia de 13 minutos coincidieron en un detalle que destroza cualquier narrativa de romance revolucionario, la absoluta frialdad y desconexión entre Nicolás y Cilia. Ni una mirada, ni un roce de manos, ni un gesto de complicidad de esos que solían ensayar en las tarimas de la avenida Bolívar. Sentados con los auriculares de traducción puestos, parecían dos desconocidos compartiendo la sala de espera de un aeropuerto hacia un destino que ninguno quiere visitar. </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">El contraste con sus primeras apariciones en enero, donde Maduro entró saludando al público eufórico y soltando frases en inglés como si estuviera inaugurando un monumento a Bolívar en Nueva York, fue demoledor. Esta vez se vio a dos personas grises, asimilando el peso de una realidad que ya no controlan con cadenas nacionales de radio, televisión y publicidad a toda mecha.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Mientras tanto, afuera del tribunal de Manhattan, la calle era un reflejo del caos geopolítico actual. De un lado, un puñado de activistas anti-guerra con megáfonos gritando consignas contra el “secuestro imperialista” y pidiendo la liberación del “presidente”, del otro, venezolanos con la bandera tricolor al hombro recordando los años de miseria y celebrando la captura con el fervor de quien ve el final de una pesadilla de un cuarto de siglo.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Lo único seguro en este drama judicial es que las tallas M del traje caqui les van a seguir quedando gramdes. Nicolás Maduro, que pasó de manejar autobuses a pilotar un país entero hacia el abismo, se enfrenta ahora a un calendario que podría terminar con una condena de cadena perpetua en una prisión de máxima seguridad. Para entonces, la famosa “dieta” ya no será un chiste de Internet, sino el régimen institucional permanente del resto de sus días.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Llegados a este punto, querido lector, solo nos queda tomarnos un cafecito, en mi caso es té, ajustar el cinturón que a mi al menos me aprieta por motivos distintos a los de Maduro, y esperar a ver cómo se resuelve esta tragedia neoyorquina.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Al fin y al cabo, la historia tiene un sentido del humor muy retorcido, pero hay que reconocer que, cuando se pone a repartir ironías, no escatima en gastos. Sírvete ese café, respira aliviado por no llevar un pijama caqui y disfruta del espectáculo, que esto va para largo.</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Continuará… </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: arial;"><span style="font-size: large;">Cantaclaro                                                 </span></span></span><strong style="font-size: large; font-family: arial; color: #000080; text-align: center;">…</strong></p>
</body></html>
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