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	<title>El mirador del indianoEl otro pequeño Nicolás &#8211; El mirador del indiano</title>
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	<description>Sobre Venezuela en estos infaustos tiempos de supuesta revolución...</description>
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	<title>El otro pequeño Nicolás &#8211; El mirador del indiano</title>
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		<title>El otro pequeño Nicolás</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jul 2026 12:16:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El mirador del indiano</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p style="text-align: center;" align="justify"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter wp-image-7695" src="https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/07/NICOLAS.jpg" alt="" width="381" height="458" srcset="https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/07/NICOLAS.jpg 665w, https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/07/NICOLAS-191x230.jpg 191w, https://blogs.elcorreo.com/cantaclaro/wp-content/uploads/sites/150/2026/07/NICOLAS-295x355.jpg 295w" sizes="(max-width: 381px) 100vw, 381px" /></p>
<p style="text-align: center;" align="justify"><strong>…</strong></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Hubo un tiempo en que la picaresca española se estudiaba en las cafeterías. Aquello era artesanía pura con grandes dosis de romanticismo. Hoy, sin embargo, la golfería ha hecho un máster en escuelas de negocios, viste trajes a medida y se pasea con chófer oficial por los pueblos que le pagan sus cuentas.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Hace ya más de una década que un chavalito pichón apodado “el pequeño Nicolás” nos demostró que para controlar los hilos de la marioneta patria solo hacían falta tres cosas: gomina a mansalva, una jeta de hormigón armado y la capacidad de colarse en los sitios donde hay “cosas interesantes”.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Hoy, observando el panorama, uno llega a la conclusión de que aquel muchacho no era un delincuente juvenil, sino un visionario. Un adelantado a su tiempo, es decir, un modernista precoz adaptado al marco democrático de aquel presente.</span></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">El gran mérito de nuestro joven pionero fue comprender que en la sociedad moderna la verdad importa un pimiento, lo único valorable es la percepción que se tenga de lo verdadero. Si aparentas ser importante, lo eres, si llevas en la muñeca un Rolex (así sea chino) eres alguien relevante, si dices que vienes de parte de ACME, la gente se lo creerá porque nadie tiene el valor de preguntar quién carajo es ACME.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">El asunto no es exclusivo o puntual de nación alguna en concreto. Son muchos los países (incluyendo la Unión Europea) donde este principio se ha elevado a la categoría de verdad indiscutible del firmamento político y social.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Un ejemplo sería el devenir parlamentario: contemplamos a diario “señorías” cuyo mayor logro conocido ha sido gestionar su propia cuenta en las redes sociales y ocupar su atril con aires de suficiencia de premio Nobel. Estos personajes, que jamás han pagado una nómina, ni han rellenado una solicitud laboral, ni han costeado la renta de un piso, te diseñan planes estratégicos para el año 2050 utilizando definiciones que ni ellos mismos entienden. Sus propuestas han sido escritas de antemano por “especialistas” en la materia. El ponente de turno simplemente debe repetir como un loro lo que otros le han redactado.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Así como el pequeño Nicolás se inventaba conferencias y llamadas de la Casa Real, a estos nuevos prestidigitadores de la labor parlamentaria les inventan “comités de expertos independientes” que resultan estar formados por el cuñado del subsecretario y un señor muy culto que pasaba por allí.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Si algo caracterizaba a nuestro entrañable pícaro era su versatilidad. Lo mismo aparecía en una antesala real que en una reunión de empresarios del Ibex 35, sonriendo siempre con esa cara de no haber roto un plato en su vida. Esa curiosa flexibilidad, que no es exclusiva de ninguna facción política, se aprecia hoy en demasiados escenarios. </span></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Es frecuente ver espectáculos protagonizados por el típico “camaleón”, o sea, un representante de la soberanía popular capaz de defender algo a las diez de la mañana y lo opuesto a las diez y cuarto si lo requiere el momento.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Estos equilibristas (cuando son parlamentarios) no tienen principios evidentes, solo tienen encuestas de opinión. Si hay que abrazar a los que ayer llamaban corruptos, se les abraza con fervor místico, si hay que aplaudir al empresario al que antes acusaban de explotador, se le aplaude como lo hacen las focas amaestradas. Al final, el objetivo de unos y otros es exactamente el mismo que el del chaval de la gomina: salir en la foto y que los gastos los pague el contribuyente.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Esta es, sin duda, la sección del manual que con más entusiasmo han subrayado algunos de nuestros representantes actuales. Vivimos en la era del “mártir político”. Da igual que los pillen con las manos en la masa, que las cifras de desempleo se maquillen o que los trenes funcionen peor que una escopeta de feria. La culpa jamás es del gestor. Si la economía va mal, es por la coyuntura geopolítica internacional o por el cambio climático, si la oposición protesta, es porque son unos “fachas peligrosos” que atentan contra la democracia, si los jueces investigan, es un ataque intolerable a la libertad.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Estos diputados modernos nunca dimiten, si los echan del partido se pasan al grupo mixto y siguen tan campantes. Como mucho, se toman cinco días de reflexión espiritual para que el pueblo llore su posible pérdida y luego regresan con el rostro compungido a pedir que te suban el sueldo un 2%.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Para cerrar la comparativa, no podemos olvidar la maravillosa gestión de las alianzas. El pequeño Nicolás convencía a unos diciéndoles lo que querían oír de los otros. Era el intermediario perfecto en un panorama que solo él entendía. Estos representantes que refiero hacen lo mismo, lo que demuestra que son copias adultas del mismísimo niño.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Trasladen esos valores a la aritmética parlamentaria actual y obtendrán al “socio de piedra necesario”. Es el político que lidera un partido que cabe en un ascensor, pero que tiene la llave para que el inquilino de turno se mantenga en el palacio. El trueque es de una belleza poética: tú me das la gestión de los autobuses y la limpieza del pueblo, y yo a cambio te firmo lo que quieras, aunque sea la entrega de la soberanía nacional a una comuna de monjes budistas. Es la picaresca del chantaje institucionalizado, donde el interés general vale lo que cueste el próximo voto de investidura.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">En definitiva, haríamos bien en pedir perdón públicamente a Francisco Nicolás Gómez Iglesias. Lo juzgamos con la severidad del que ve a un criminal peligroso, sin darnos cuenta de que solo estábamos ante el alumno aventajado que se saltó tres cursos de golpe.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Los que hoy ocupan despachos sin capacidad ni mérito alguno, los que pregonan discursos prefabricados y sus asesores de imagen (pagados a precio de oro por su narrativa populista de usar y tirar) no son más que burdas imitaciones de aquel chaval que un buen día decidió que el mundo pertenecía a los audaces.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">La única diferencia real es que a él lo detuvo la policía, mientras que a sus alumnos aventajados los renovamos en las urnas cada cuatro años. Al fin y al cabo, el verdadero talento de la picaresca moderna no es saber colarse en la fiesta, sino conseguir que los invitados te paguen el máster. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">¡Salud y que el lío, si llega, nos coja confesados! </span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Continuará…</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Cantaclaro</span></span></p>
<p> </p>
</body></html>
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