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El mirador del indiano

Lo que dicen los escombros III (En positivo)

…”Si algo puede salir mal, saldrá mal”… La célebre sentencia de Edward Murphy dictamina además que ello ocurre en el peor momento imaginable. Quien observe la historia reciente de Venezuela comprenderá de inmediato que el país no solo confirmó la regla, sino que la llevó a su máxima y más dolorosa expresión.

Creo firmemente que Venezuela necesita ver en estos momentos a María Corina Machado en las calles, allí donde el lodo, los escombros y el dolor humano se confunden con la penosa realidad. Es necesario verla caminando junto al pueblo, abrazando a quienes lo han perdido todo de la noche a la mañana, animando a los que sienten que ya no tienen fuerzas para dar un paso más y sembrando renovadas esperanzas.  .      

Pero este no debe ser el esfuerzo aislado de una figura individual. Su presencia en el terreno debe estar sólidamente acompañada por miembros de la sociedad civil organizada, por los gremios profesionales, por los líderes comunitarios, por las organizaciones no gubernamentales, por la Iglesia y por los aliados hemisféricos. Todos juntos, con los zapatos sucios de barro, ofreciendo una mano tendida, una palabra de consuelo auténtico y una respuesta logística eficaz e inmediata.

Este despliegue humanitario no debe ser confundido, bajo ninguna circunstancia, con un acto de proselitismo político partidista. Quiero ser categórico y tajante en este punto, no hablo de una campaña electoral. En este momento de duelo y de luto colectivo, no es la oferta de votos lo que Venezuela necesita, ni es lo que la decencia ciudadana y el respeto al dolor ajeno permiten. El cálculo político frente a la desgracia de una familia que ha perdido a sus hijos o su hogar es una de las formas más bajas de la miseria humana.

De lo que hablo es de algo mucho más elevado e indispensable: la urgencia de que surja con nitidez la voz y la presencia de quienes han sido reconocidos por la inmensa mayoría como los llamados a conducir el destino y el mañana de la nación. Cuando las estructuras físicas se desmoronan, la primera línea de defensa de los ciudadanos íntegros es su liderazgo moral. Quienes aspiran a gobernar el futuro de una nación, deben demostrar primero, que son capaces de acompañar las adversidades con su presencia, especialmente cuando estas son tragedias como la presente.

La verdadera legitimidad histórica no solo se construye a través de los procesos institucionales ordinarios, se forja en el acompañamiento directo y personal, en mirar a los ojos al compatriota que se ha quedado sin nada y ofrecerle una certeza inamovible: “No estás solo, y de esta también nos vamos a levantar”.

La tragedia actual obliga a ensanchar la mirada y reflexionar sobre la naturaleza misma del liderazgo en tiempos de crisis complejas y superpuestas. Venezuela no padece una sola enfermedad aislada, sufre la acumulación histórica de patologías económicas, sociales, sanitarias y morales. Ante un panorama de tal gravedad, la respuesta de la alternativa democrática no puede limitarse a la retórica de las redes sociales, ni a los comunicados de prensa redactados desde la comodidad de una oficina.

El país requiere, con carácter de urgencia, la acción de difundir el consuelo, combinándolo con una ejecución de trabajo colectivo en el preciso lugar que se requiera. La presencia física de los líderes en las zonas de desastre no constituye un lujo estético ni una estrategia de relaciones públicas, es una necesidad psicológica y de cohesión social indispensable para evitar la desesperanza de la población.

Históricamente, las sociedades encuentran la fuerza moral para reconstruir sus hogares y sus pueblos cuando constatan que quienes manejan el timón de la nación están dispuestos a compartir el peso de la carga, a escuchar el llanto sin prisa y a organizar la ayuda directamente e inmediata en el lugar del suceso. La reconstrucción profunda de Venezuela no comenzará formalmente el día en que se firme un decreto de transición o cambie el organigrama del palacio de Miraflores, esa reconstrucción está comenzando hoy, en la medida exacta en que responda a las emergencias humanitarias también de hoy.

La solidaridad debe ser el músculo ciudadano con el que levantar cada pared que se ha caído y limpiar el barro de cada calle. Al activar de inmediato las redes de apoyo internacional, coordinar la asistencia con la diáspora y canalizar los recursos de la sociedad civil, el liderazgo demuestra su capacidad de gestión real en el mundo de los hechos económicos y logísticos también reales. Es allí donde se traza la línea divisoria entre actuar como un aspirante a un cargo público o comportarse con la madurez, firmeza y visión de un auténtico estadista.

El desafío venezolano de hoy es de proporciones monumentales y requerirá el esfuerzo de varias generaciones. Las pérdidas materiales, por más dolorosas y cuantiosas que sean, se terminarán recuperando con el paso de los años a través de la inversión económica masiva, la ingeniería moderna y el trabajo duro. Sin embargo, la pérdida de la fe en el futuro, el arraigo de la idea de que estamos condenados a la desgracia perpetua, es un daño que, si se llegara a instalar en el corazón de la sociedad, puede tardar décadas en superarlo.

Por esta razón, la presencia física e intelectual de María Corina Machado y de las fuerzas vivas de la sociedad civil en las regiones afectadas debe perseguir un objetivo primordial que trascienda la coyuntura del desastre, infundir en aquellos compatriotas que ya han perdido gran parte de su pasado por la crisis de las últimas décadas, y casi la totalidad de su presente por este terrible golpe de ahora.

Se debe reforzar la certeza de que aún se conserva intacta, la ilusión de futuro. No permitamos que los escombros de esta tragedia sepulten la esperanza que tanto ha costado mantener.

Es la hora de que los líderes asuman su rol de guías espirituales y políticos, que la ciudadanía active sus redes autónomas de fraternidad y que el mundo entero contemple que el dolor de los venezolanos no los fragmenta, sino que los cohesiona y potencia de modo exponencial.

El mañana de Venezuela no es un acontecimiento lejano, se está viviendo hoy en cada centro de acopio, en cada abrazo de consuelo en la calle y en cada paso firme que se dé hacia el rescate de nuestra gente.

Confiemos en un futuro feliz. Ya llegó la hora de construirlo.

https://youtu.be/AkGItXetCzQ

Continuará…

Cantaclaro

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Sobre Venezuela en estos infaustos tiempos de supuesta revolución...

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