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El mirador del indiano

El tango de una deuda

Fascinante, ni la mejor telenovela de las tres de la tarde. Resulta ahora que en Venezuela, el régimen ilegítimo de los hermanos Rodríguez y su alegre pandilla de saqueadores ha decidido que es el momento perfecto para ponerse el traje de “buenos pagadores”.

Sí, así como lo leen y así como lo decíamos en nota anterior referida al tema. Los mismos que convirtieron la economía nacional en un pozo séptico, los mismos que se declararon en insolvencia allá por 2017 dejando a todo el mundo colgado de la brocha, ahora pretenden iniciar un proceso de reestructuración de la deuda pública externa de Venezuela y de las obligaciones de la ya casi fantasmal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Y como para bailar este tango se necesitan dos, resulta que andan en compadrazgo cómplice con el gobierno de EEUU. Para que la cosa tenga un barniz de seriedad internacional han anunciado la intención de contratar, si es que no firmaron ya, a una firma de mucho postín llamada Centerview Partners para que actúe como su asesor financiero internacional. ¡Casi nada! Traen a un árbitro de las altas finanzas de Nueva York para que le lave la cara a una deuda que huele a guiso rancio desde hace décadas.

Para poner las cosas claras y que no nos vengan con cuentos chinos (nunca mejor dicho), pongamos los números. El pastel que debe la República no es una pendejada: se estima en más de 180.000 millones de dólares. Una cifra astronómica que, salvo los barquitos de petróleo que se le mandan de vez en cuando a Pekín para que no pongan el país (también ellos) en la lista de “maulas”, sigue congelada e intacta desde que la Nación se declaró oficialmente quebrada hace más de 10 años.

Pero que quede bien claro, antes de que Centerview Partners empiece a cobrar sus millonarios honorarios, hay que explicarle al mundo de dónde salió ese muerto que quieren endosar ahora a los venezolanos. Desglosaré este pastel mil millonario en tres pedazos, para que vea cómo se bate el merengue en la cocina de esa revolución:

En 2012, cuando el hombre de Barinas ya estaba gravemente enfermo Rafael Ramírez, su entonces ministro estrella, pidió prestados a China unos US$ 70.000 millones. ¿Y en qué se invirtió ese dineral? ¿En autopistas? ¿En hospitales? ¿En el sistema eléctrico que hoy deja a oscuras el país tres veces al día? ¡Qué va! Faltaría más.

El mismísimo Jorge Giordani, exministro de Planificación y monje sagrado del chavismo, lo soltó cuando fue cesado del cargo: …”casi todo ese dinero se dilapidó, se esfumó y se quemó en la demencial campaña que saqueó el país, nos endeudaron por generaciones para pagar una fiesta que creían eterna”…

Así pues, hay unos 70.000 millones de dólares emitidos en forma de bonos de la deuda pública. Aquí es donde el drama se convierte en un chiste de mal gusto. Estos papeles están tan contaminados por la opacidad y la corrupción que brillan en la oscuridad. Resulta que en este maravilloso sistema financiero bolivariano, los tenedores de esos bonos son, en muchos casos, los mismísimos miembros de la pandilla.

Es decir, los mismos funcionarios que desde sus oficinas ministeriales autorizaban a la nación a endeudarse, salían por la puerta de atrás con un maletín a comprar esos mismos bonos a precio de gallina flaca. Así, pasaron mágicamente de ser funcionarios públicos a ser “acreedores de la patria”.

Al día de hoy, el régimen se niega a identificar con nombres y apellidos a todos los tenedores de bonos. ¿Por qué será? El que no la debe, no la teme, pero el que tiene el bono guardado en un paraíso fiscal prefiere operar en secreto.

Y por si fuera poco, existe otro submundo de deuda claramente ilegal, esa que se inventó para los “amigos de la casa”. El “modus operandi” era toda una belleza: empresarios encompinchados prestaban a la nación unos cuantos bolívares devaluados y, a los pocos días, gracias a contratos ilícitos firmados bajo cuerda, recibían el pago en dólares preferenciales. Ganancias obscenas de la noche a la mañana sin mover un solo dedo. Pruebas de todo esto hay y son muchas.

Ante esta pretensión de Delcy Rodríguez, Centerview y sus socios de ocasión de limpiarle las cuentas al régimen, hay que plantarse firmes y dejar clara una cosa. Una verdad monumental que ningún bufete de Nueva York ni ningún burócrata de Washington puede ignorar.

El régimen que hoy ocupa Miraflores es total y absolutamente ilegítimo. Carece del reconocimiento de los ciudadanos y de la legalidad constitucional para comprometer Venezuela ante terceros en materia financiera. Cualquier papel, contrato, pagaré o acuerdo de reestructuración que firme esta pandilla de usurpadores carece de validez jurídica a futuro.

Esto no lo digo yo, lo afirman honorables personalidades de nivel internacional, conocedores de esta realidad. Este es un mensaje directo para los inversionistas, fondos de cobertura y banqueros que andan frotándose las manos: el que negocie y contrate con estos piratas corre el riesgo cierto de perder su tiempo y su dinero. Cuando este ecosistema colapse, la nueva Venezuela no va a reconocer los contratos firmados con una banda de delincuentes.

Una verdadera, seria y transparente reestructuración de la deuda nacional solo podrá comenzar cuando llegue al poder un gobierno que represente la auténtica voluntad popular. Cuando los piratas desaparezcan, el nuevo gobierno legítimo deberá iniciar un proceso público y meritocrático para seleccionar a sus asesores financieros (que los hay y muchos), y no contratar a dedo a firmas internacionales, y cobrar comisión.

Además, la República no puede ir al matadero internacional con los ojos vendados, se necesitará conformar un equipo de asesores venezolanos de primer nivel, expertos en finanzas y contratación internacional, que actúen como los ojos y oídos del Estado legítimo para auditar cada centavo.

Señores de Centerview Partners, señores de los fondos de inversión, señores de la comunidad internacional, no se equivoquen. Lo que se está cocinando en Caracas no es una operación financiera de rescate, es un intento de legitimación de un saqueo histórico.

Pretenden que los venezolanos de a pie, los que hacen milagros para comprar medio cartón de huevos, paguen la cuenta de los yates, los guisos de PDVSA, los bonos corruptos de los jerarcas y salgan de rositas con la millonada robada. Así de claro.

Continuará…

Cantaclaro

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Sobre Venezuela en estos infaustos tiempos de supuesta revolución...

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