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Los términos propietario e inquilino son de fácil interpretación: el primero pone sus condiciones y el segundo es libre de aceptarlas o no. Eso es y ha sido así desde antes de que se inventaran los contratos, la pluma, la tinta y el papel. Es una simple cuestión de sentido común.
La política, en cambio, siempre viene con envoltorio de regalo. Contiene alianzas, pactos, acuerdos y demás términos que suenan de maravilla, pero que siempre esconden una “letra pequeña” diseñada para complicarnos la existencia. La única forma de evitar riesgos es llamar a las cosas por su nombre, por mucho que incomode.
Un aliado es como tener un vecino con el que has llegado a un acuerdo, nos cuidamos el uno al otro, nos damos la mano si hace falta, pero cada quien manda en su casa, el vasallaje es algo muy distinto. Vasallaje es cuando el vecino se te mete puertas adentro sin llamar, te revisa la nevera, te pide que le muestres la libreta de ahorros y, tomándose una cerveza bien fría en tu propio sofá, decide cuánto te deja a ti para el mercado y cuánto se lleva él por “gastos de gestión”. Una maravilla de negocio, pero para él.
Hoy, lamentablemente, Venezuela no parece un país aliado, sino un país vasallo de los gringos capitaneados por Donald Trump. Me duele profundamente decirlo, pero al menos yo lo veo así. Nos vendieron el bonito cuento de que la democracia vendría empaquetada de afuera. Pero miremos los hechos, que no mienten, el petróleo, el oro y los minerales raros pasan por manos ajenas antes de que el país vea un solo dólar.
Nos dan una asignación mensual, como si fuéramos niñatos que no saben administrar lo suyo porque “se roban los cuartos”. Mientras tanto, ellos cobran su buena “comisión” por manejarnos el negocio. Eso no es ayuda de aliado, eso es un vasallaje administrativo descarado, donde unos ponemos los recursos y otros, desde una oficina en Washington, dicen cómo se reparten.
No nos engañemos, hoy por hoy, a los supuestos “socios” del norte no les quita el sueño que en Venezuela haya o no una democracia. Sus actuaciones lo dicen bastante claro. Lo único verdaderamente importante es el beneficio económico. Es la vieja “Doctrina Monroe” de 1823 del Presidente Grover Cleveland, pero corregida y aumentada. La eterna idea de “América para los americanos”, pero con el pequeño detalle de que los americanos “son solo ellos”, mientras que los demás debemos ser marcianos, o quién sabe si algo peor.
Por eso les incomodan tanto las figuras con peso propio y voz valiente como María Corina Machado. No quieren a alguien que piense en Venezuela primero y que defienda lo suyo. Prefieren al típico personaje que baje la cabeza, diga “sí, señor presidente” y se conforme con las migajas que caen de la mesa. Por eso han preferido entenderse con el Chavismo-Madurismo bajo cuerda para “mantener la estabilidad” del suministro, dejando la libertad y la democracia de los venezolanos para un “después” que nunca llega.
Pero lo más triste y lo que da más vergüenza ajena es ver a algunos de los nuestros celebrar este trato vejatorio. Pasamos 27 años bajo la tutela de cubanos, rusos, chinos e iraníes, y ahora parece que algunos están felices de la vida simplemente porque creen que van a cambiar de amo. Como si el éxito consistiera en elegir quién te pone la cadena.
Se nos está olvidando qué se siente ser dueños de nuestra propia casa. Perdimos la memoria de la soberanía. ¿Qué somos hoy? ¿Somos los propietarios que ponen el precio del alquiler o los que se quedan calladitos en una esquina mientras el inquilino decide cuánto quiere pagar?
Si nos conformamos con que simplemente “nos den de comer” a cambio de entregar las llaves del país, estamos condenando a Venezuela a ser una nación de segunda, sin voz, sin orgullo y sin dignidad.
Es hora de despertar y entender que Venezuela merece ser algo más que una simple fuente de recursos para otros. Es hora de que vuelva a ser una nación soberana y democrática de verdad, sin tutores ni administradores extranjeros que sigan desangrando lo que es propiedad exclusiva de la Nación. Así de sencillo y así de claro.
Continuará…
Cantaclaro
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