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El sábado 16 de mayo de 2026 quedará marcado en el calendario político de Venezuela como el día en que la retórica chavista se terminó de ahogar en su propio cinismo. A través de un comunicado del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME), el interinato anunció la deportación a los EEUU de Alex Naim Saab Morán.
Ya no es el “diplomático secuestrado por el imperio”. Ya no es el “héroe de la patria” cuya silueta adornaba las paredes de Caracas. Hoy, para los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, es simplemente un “ciudadano de nacionalidad colombiana” que, a requerimiento de Estados Unidos, fue expulsado por la vía rápida.
La pirueta política es de tal magnitud que deja al descubierto la fractura total dentro del oficialismo tras la reciente captura de Nicolás Maduro. En la nueva Venezuela que la pareja intenta imponer, la lealtad tiene fecha de caducidad y los secretos, por muy ocultos que estén, se han convertido en moneda de cambio.
Para lograr entender el tamaño de esta cínica resolución, hay que hacer un poco de memoria. Jorge Rodríguez lideró delegaciones enteras en México y Barbados exigiendo la liberación de Alex Saab como condición innegociable para cualquier acuerdo político.
Gastaron una millonada de fondos públicos en una campaña internacional que incluyó abogados costosísimos, conciertos, documentales y todo tipo de publicidad. Incluso, en octubre de 2024, tras regresar al país gracias al canje de prisioneros de la era Biden, Saab fue “premiado” como Ministro de Industria y Producción Nacional.
Sin embargo, el guion cambió de forma radical. En febrero de 2026, Saab fue detenido sigilosamente por el SEBIN y recluido en El Helicoide. La justificación para entregarlo fue que sus delitos de lavado de dinero son un hecho público y notorio, o sea, lo que antes denunciaban como una “persecución imperialista” y un “secuestro judicial”, hoy lo validan como una deportación “justificada”. No han dudado en sacrificar al hombre que sabía demasiado, vendiendo su entrega como una “limpieza institucional”.
Alex Saab no es un robagallinas cualquiera, fue el constructor y testaferro preferido de “Maduro C.A”. Durante más de una década, Saab controló el multimillonario negocio de las cajas CLAP, el entramado de importaciones de alimentos, la venta ilegal de oro y el desvío mil millonario de fondos a Turquía, Hong Kong, Emiratos Árabes y diversos paraísos fiscales. Su computadora y su memoria guardan las pruebas de cómo se movió el dinero que sostuvo a la cúpula del poder y, muy especialmente, los movimientos de la pareja presidencial depuesta y su entorno familiar más íntimo.
La fiscalía estadounidense sabe perfectamente que el valor de Saab no radica en encerrarlo, sino en lo que puede confesar para negociar. Al reactivar su caso, la justicia norteamericana va directo al corazón de la estructura de lavado de activos más grande de la historia reciente del continente.
Pero la gran pregunta que corre por las calles es si este “pájaro” va a cantar. Y la respuesta corta es que tiene todos los incentivos del mundo para hacerlo. El temor no es infundado. ¿Cómo se explica esta aparente paradoja? Hay al menos tres razones que justificarían su silencio:
Primera: Su esposa, Camilla Fabri, y sus hijos se mudaron a Caracas bajo protección gubernamental mientras él estuvo detenido. La seguridad física y la libertad de su círculo familiar dependen directamente de su “lealtad silenciosa” sobre lo que sabe de los hermanos Rodríguez y demás asociados. De Maduro puede y dirá las mil perrerías, esa es agua pasada y no supone ningún peligro para el nuevo régimen.
Segunda: La fortuna de Saab es un entramado conectado al propio sistema financiero del gobierno. Si Saab delatara las redes del CLAP, las rutas fraudulentas del oro, petróleo y demás “cosillas” destruiría la misma estructura que protege su dinero en el extranjero.
Tercera: El factor de la supervivencia personal. La lealtad ciega se sostiene sobre la base de la protección mutua. Pero cuando tu protector principal ha caído y el nuevo mandamás te encierra en El Helicoide para luego subirte a un avión rumbo a Miami, la lealtad se convierte en un lujo suicida.
El destino es cruel, pero la geopolítica del Socialismo del Siglo XXI lo es aún más. El “mártir de la patria”, el “diplomático secuestrado” por el que se organizaban conciertos y se gastaban millones en vallas publicitarias, terminó despachado como un simple extranjero indeseable por la vía rápida del SAIME.
Quienes ayer se rasgaban las vestiduras por su libertad, hoy le proporcionan un pasaje a Miami sin pestañear. Al final, el antiimperialismo chavista demostró tener un precio muy bajo.
Pero que no crean que el precio de ellos será mayor, será tan barato como el del remate de sus propias conciencias, y eso vale menos que nada.
Continuará…
Cantaclaro