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Según la estrategia de defensa de 2026, EEUU ya no quiere ser el “policía del mundo”. Dicen que se acabaron las guerras y el gastar dinero en democracias ajenas. “America First” era la gran promesa de Trump, pero la realidad de la política de Estado es otra: American “Interests“ First. Si le ponemos la palabra “Interests“ en medio, el eslogan por fin cuadra con lo que están haciendo.
Los intereses de cada quien son tan diversos como la vida misma, es un factor muy humano. Pero una cosa es la libertad de decidir sobre lo que es de uno, y otra muy distinta el acomodar, manipular y engañar para beneficio propio.
En Venezuela, el juego ha sido sucio. Tras la salida de Maduro, Trump no buscó la libertad del país, buscó el negocio. Ha preferido entenderse con la “cofradía” que quedó en pie: Delcy y Jorge Rodríguez, los verdaderos dueños del tablero.
Con ellos pacta petróleo y estabilidad, mientras los cómplices de siempre se reciclan para seguir mandando bajo el ala de Washington. Para Trump, los Rodríguez son interlocutores “útiles”, la libertad del venezolano le da igual si el crudo llena los tanqueros. A eso lo llamo yo “inmoralidad”.
En este reparto de botín, María Corina Machado ha sido la gran traicionada. Ella, que se pateó el país, le propinó una monumental paliza electoral al narco criminal Maduro, y entregó simbólicamente su Nobel de la Paz al mandatario gringo buscando un aliado real, hoy solo recibe alguna que otra llamada como medio de consolación. La Casa Blanca en la práctica la ha borrado del mapa.
Para Trump, Machado es una “idealista” que estorba en su mesa de negociación. La democracia venezolana no es un valor, es un cromo de intercambio como los que usábamos de chavales, lo cambiábamos si lo teníamos repetido o si encontrábamos otro más interesante para completar nuestra colección.
Lo más triste es el silencio de los suyos. Individuos como J.D. Vance o Marco Rubio, que venían a “salvar” el hemisferio, hoy son simples recadistas. Saben que los pactos con los Rodríguez son una barbaridad, pero callan para no perder el despacho. Han vendido su integridad hoy con la esperanza de mandar mañana, pero para ello han tenido que entregar buena parte de su dignidad.
Al final, la “grandeza” de Trump no es diplomacia, es amenaza y pragmatismo puro y duro. Está convirtiendo la política exterior en un negocio mafioso de protección: o pagas o te hundo.
El problema es que al darle la espalda a los líderes honrados y legítimos, y abrazar a los “herederos” del Chavismo, Estados Unidos se está quedando solo. Es el triunfo del pragmatismo cínico que prefiere un “negocio sucio” conocido a una libertad que no garantiza dividendos inmediatos.
En fin, tranquilidad ante todo, que el mundo ya sabe que las ideas de Trump duran lo que tarda en aparecer alguna oferta mejor…para sus intereses.
Continuará…
Cantaclaro
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