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“Cuanto más conozco a los hombres, más aprecio a Geure”, solía decir mi padre. Geure era una perra callejera que teníamos en casa. Mi padre, a quien perdí siendo apenas un adolescente, fue de esas personas que logran mantenerse intactas tras sobrevivir a la vileza, al miedo, a la cárcel y a las persecuciones políticas.
Me acuerdo mucho de él y de lo que pensaría de los gobiernos “revolucionarios” que han desertizado Venezuela, el país que le recibió con los brazos abiertos en aquellos aciagos días de oscurantismo en la España franquista. Esto es lo que yo pienso, Aita:
Cada día que pasa, el chavismo (primero con Chávez, después con Maduro y hoy con el “interinato” de los siniestros hermanos Rodríguez), actúa con una provocación soterrada pero permanente. Cuanto más vulnerables se sienten, con mayor fuerza hacen girar el ventilador de sus complejos para salpicar a María Corina Machado, su familia, seguidores, y a todo aquel “contrarrevolucionario” que no se doblegue a sus designios.
Tras más de un cuarto de siglo de “proceso”, y después de la intervención norteaméricana la represión sigue persistiendo, ahora son los motorizados que llaman colectivos los que amenazan con armas de guerra, colocando al país en un plano de agonía crónica.
Para engañar y ganar tiempo, el régimen busca herramientas “institucionales” y compra títeres sofisticados que dan la impresión de que piensan. Disfrazan al país con traje democrático mientras adoctrinan muchachos para el combate urbano, ideologizándolos con chatarra revolucionaria en la que ya nadie cree, y enfermando sus neuronas con la tara incurable del resentimiento.
En el exterior tienen todavía algún apoyo disfrazado de desconocimiento o simplemente por complicidad. Pretenden que la complejidad y confusión crezcan, alimentando la inestabilidad y pérdida de fe. ¿Hacia dónde va Venezuela? ¿Hacia una sociedad organizada y democrática? ¿Hacia una revolución liberadora? La respuesta es un rotundo no. Es todo lo contrario.
Han construido un racismo de Estado: quien no es aliado es enemigo, y como tal, debe ser aniquilado. Han perfeccionado el fantasma de la intolerancia.
El llamado de Diosdado Cabello a sus lacayos para matar “oligarcas”, las órdenes de reprimir con “plomo parejo”, la persecución del funcionariado democrático, la aprobación de falsas leyes para obtener más poder son los signos de un régimen dispuesto a todo para impedir el funcionamiento de una sociedad normal.
Sin embargo, a pesar de los años de oscuridad, hoy veo una luz nueva. La gente ha dejado de esperar milagros externos para reconocerse en su propia fuerza. La masiva participación ciudadana de ahora demuestra que el deseo de libertad sigue intacto, esperando su momento para florecer.
Sería para mí más cómodo callar, después de todo, ya no vivo allí. Pero ¿silenciar y formar parte de una camarilla de cómplices? Jamás. Eso nunca me lo perdonaría mi padre.
Además, tratándose de esta granujada, yo también quiero más a mi perro.
Continuará…
Cantaclaro
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