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El mirador del indiano

Lo que el Orinoco se lleva

La administración Trump cree que como se ventiló a Maduro en un plis plas, lo que le queda ahora por hacer en Venezuela es pan comido. Si bien es cierto que sus hombres de confianza se pasean por las calles de Caracas, hay un detalle que no se debe ignorar: mientras el Secretario del Interior, Doug Burgum, firma papeles en la comodidad de los despachos, las selvas de los estados Bolívar y Apure siguen siendo feudos de Diosdado Cabello, Padrino López, y Héctor Rutherford con sus paramilitares narcoguerrillas.

El plan de EEUU es muy ambicioso, pretende desplazar a Rusia y China para que las empresas norteamericanas exploten el coltán, el oro y el petróleo. Pero hay algo que el interinato de Delcy Rodríguez prefiere tapar bajo la alfombra de Miraflores: el Arco Minero no se gobierna desde la capital. Allí, la única ley es la de Héctor Rutherford Guerrero, también conocido con el alias de “El Niño” Guerrero.

Jefe máximo del Tren de Aragua, este elemento no es un prófugo que vive en la clandestinidad, es el director gerente de una corporación criminal que cuenta con la bendición de las estructuras mafiosas de Vladimir Padrino y Diosdado Cabello. La pregunta que la “vice dictadora” ahora convertida en interina no se atreve a responder es: ¿Cómo piensan entregarle las minas a los gringos sin antes quitarle el fusil a los tipos que cobran vacuna hasta por el aire que se respira en los estados Apure y Bolívar?

Si la CIA y el Secretario de Energía, Chris Wright, creen que un contrato firmado por un interinato como el actual, vale también en la espesura selvática de Guayana, están cometiendo una ingenuidad muy peligrosa, no han entendido nada. Como bien advierten voces en el Washington Post, la fortaleza y control de los hermanos Rodríguez allí, es un cáncer con metástasis terminal, y uno aquí (que ya se conoce al zamuro por lo que deja) sabe que ellos están más interesados en heredar el negocio de Maduro que en desmantelar el sistema que los hizo millonarios.

Si Trump no ordena una limpieza profunda y los Hermanos que supuestamente controla, siguen jugando a la “política de salón” mientras el Niño Guerrero custodia la minería, el dinero estadounidense no financiará el renacimiento de Venezuela, solo servirá para engordar las cuentas de los mismos que juraron erradicarlas.

No importa quién se siente en la silla de Miraflores si el fusil que vigila la riqueza sigue en las mismas manos. En el Arco Minero, los contratos se escriben en papel, pero se validan con plomo, y hoy por hoy, el interinato no tiene ni el plomo, ni la voluntad para imponerse. La diplomacia de los contratos está a punto de estrellarse contra la realidad de las selvas apureña y guayanesa.

Sin embargo, no todo está perdido. Si Trump y su equipo dejan de mirar tanto al petróleo y empiezan a fijarse en cómo el venezolano no se rinde, entenderán que la verdadera limpieza no viene solo de una firma. Venezuela tiene una reserva de dignidad que ningún Tren de Aragua, Diosdado, los Hermanos, Padrino y demás gentuza pueda asaltar.

Si logramos que la ley del plomo sea sustituida por la ley de la decencia, el trabajo y el respeto a los demás, y que las riquezas sirvan para reconstruir escuelas en vez de comprar conciencias, entonces sí estaremos hablando de un renacimiento. Amanecerá y veremos, claro que sí, pero ojalá que ese sol de Guayana esta vez ilumine a todos por igual y no solo a los que tienen el fusil al hombro.

Al final, ya lo dijo Julio Verne en su novela: …”el Orinoco siempre sigue corriendo, y tarde o temprano, se lleva lo que no sirve”…

Continuará…

Cantaclaro

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Sobre Venezuela en estos infaustos tiempos de supuesta revolución...

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