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El mirador del indiano

Nomenklatura

He titulado la nota de hoy, con el término con que se conocía la selección de los más altos cargos del gobierno de la antigua URSS comandada por el camarada Lósif Stalin.

De su semejanza con el Castro-Chavismo-Madurismo actual va el capítulo de hoy.

De algún modo, heredero de aquel ideario soviético, Hugo Chávez implantó en Venezuela (al menos en teoría) una segunda franquicia caribeña de Nomenklatura, esta vez importada de Cuba.

Muchos pensaron que el “Hombre Nuevo” del que tanto hablaba el Comandante de Barinas, sería un individuo sacrificado, entregado al pueblo y dispuesto a dar su vida por él. Pero resultó ser un tipo que vivia en una mansión del Country Club caraqueño, con una camioneta blindada de 100.000 dólares en el garaje, relojes de costo superior al de una escuela primaria, una “curiara” de lujo Hatteras o Sea Ray de 52 pies (como mínimo) para ir a Los Roques, y algún otro caprichito sin importancia.

Aquel grupo controlaba todas las esferas de la vida pública, gobierno, comercio, industria, agricultura, educación, cultura, medios informativos etc. sus integrantes, disfrutaban además de lujos inaccesibles para el ciudadano común, como viviendas lujosas, viajes, tiendas exclusivas y servicios de salud preferenciales, en fin, todo lo que se puede hacer y tener cuando hay tiempo y plata para disfrutar.

La destrucción de la meritocracia de la petrolera estatal PDVSA y la corrupción sistemática generalizada fue el reflejo exacto de lo que había ocurrido en Rusia y seguía sucediendo en Cuba, donde la “fidelidad al Comandante” era el único requisito para gestionar los recursos del Estado.

A diferencia de la URSS, donde el Partido controlaba al Ejército, en Venezuela se produjo una asociación única. El generalato venezolano, (cuyo comando y control era cubano) no fue solo un organismo armado, sino un componente esencial del estamento económico de la Nación.

Al entregarles el control de la minería, la importación de alimentos, los puertos y aeropuertos, las aduanas, etc. el régimen creó una casta que no podía permitirse la pérdida del poder político sin perder también la mil millonaria fortuna producto de la corrupción, que cosechaban a manos llenas.

Las bolsas de alimentos subsidiados (CLAP) y el Carnet de la Patria funcionaban igual que el racionamiento soviético y cubano de hoy, eran instrumentos de castigo y recompensa, o sea, la Nomenklatura decidía quién comía y quién no, consolidando su poder a través de la dependencia del ciudadano con el gobierno.

De todo lo anterior, se desprende, que cuando la brecha entre lo que dice y hace el gobierno es insostenible, el sistema colapsa o se transforma en una oligarquía mafiosa, que es lo que sucedió en la Rusia de los 90 y lo que acontece hoy en Venezuela.

Pero la historia es implacable, toda Nomenklatura finaliza igual, devorada por sus propias traiciones o convertidas en mafias que terminan por estallar. El Chavismo-Madurismo no inventó nada, solo “criollizó” una sucursal que importó de Cuba.

Hoy, para los “Hermanos” y la camarilla que pretende seguir con el cuento, Venezuela es el botín del saqueo cometido que determina y cuenta. Pero por más empeño que pongan, la terquedad de los hechos ha terminado por imponerse.

A la Nomenklatura venezolana la destruyó un pueblo que a pesar de todo aprendió la lección y la está aplicando.

Continuará…

Cantaclaro

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Sobre Venezuela en estos infaustos tiempos de supuesta revolución...

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