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El mirador del indiano

El Saqueo doctorado en Oxford

Y siguiendo con la novela por entregas sobre las “personalidades” que perduran en el desmadre de los “Hermanos”, hoy le toca turno a otro sobreviviente del peladero de chivos en que se ha transformado la Venezuela “robolucionaria”: Samuel Moncada Acosta.

De este intelectual de juzgado de guardia va el capítulo de hoy.

Hay que tener un doctorado en cinismo y una concha de morrocoy para vivir en el corazón de Manhattan mientras se defiende al régimen que desertizó Venezuela. Moncada es el ejemplo perfecto de esa especie parasitaria que desprecia al “imperio” de los dientes para afuera, pero no suelta los privilegios de Nueva York ni que le echen agua hirviendo.

Moncada es ese tipo de espécimen que se llena la boca hablando de soberanía y lucha antiimperialista, pero que se siente bastante más cómodo en un cóctel con champán y caviar en Manhattan que escalando el cerro de Petare.

Formado en Oxford, epicentro de la cultura occidental, Moncada ha puesto su palabrería al servicio de una banda de saqueadores. Se las da de diplomático, pero no lo es, es otro maquillador de dictaduras. Su trabajo consiste en ponerle coloretes y perfume al cadáver democrático venezolano para que en la ONU no apeste tanto su descomposición.

Es digno de una parodia negra escuchar a este personaje quejarse de su “prisión”. Según él, es una víctima porque el Departamento de Estado le prohíbe alejarse más de 25 millas de Columbus Circle. Mientras tanto, millones de venezolanos han tenido que cruzar el Darién a pie, comiendo raíces y esquivando la muerte, huyendo de la “bonanza” que él defiende.

Para Moncada, la tragedia es no poder ir a alguna fiesta como “invitado especial”. Solo que para el venezolano corrientito, la verdadera tragedia es su mera existencia en el cargo de chupa medias Chavista.

Bajo esa fachada de profesor universitario, Samuel Moncada esconde una gestión que es un monumento a la corrupción:

Se le ha señalado por mover fondos estatales como si fueran su cuenta de ahorros personal, manejando transferencias millonarias en la misión de la ONU mientras en Venezuela no hay presupuesto ni para gasas en los hospitales.

Bajo su supervisión, los activos de Venezuela en EEUU se convirtieron en algo irrecuperable. Dejó que las sedes diplomáticas se pudrieran, calco exacto de lo que el Chavismo-Madurismo le hizo al país: saquear el contenido y dejar que la estructura se caiga y desaparezca.

Otra de sus facultades es también su memoria selectiva. Este historiador bajo nómina del sistema, decidió borrar de sus libros los crímenes de lesa humanidad, las torturas en el Helicoide y el saqueo sistemático de PDVSA. Cada vez que sube al estrado de la ONU a culpar a las “sanciones” de la miseria nacional, comete otro robo, esa vez a la verdad.

Es otro “jala bolas” de lujo, un funcionario que cambió la ética por un sueldazo en dólares y alguna “cosita” más, como la impunidad de la valija diplomática. Samuel Moncada no representa a Venezuela, representa a la élite que se enriqueció mientras el país se hundía.

Es, en definitiva, un hombre que usa la palabra para negar el robo, las cárceles y los muertos. Un enterrador que, con modales de Oxford, intenta ocultar el olor de la fosa común en la que han convertido a Venezuela.

Continuará…

Cantaclaro

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Sobre Venezuela en estos infaustos tiempos de supuesta revolución...

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