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Hace tiempo que quería hacer pública mi opinión sobre lo que a mi saber y entender ha sucedido en Venezuela desde que pusieron entre rejas al criminal Maduro y su compañera de “fatigas saqueadoras”. He tratado de ser “prudente” o comedido con los hechos, pero el callar no es precisamente mi fuerte, así que hoy les pongo el primer capítulo de lo que pudiera ser una novela por entregas.
A ver si nos aclaramos, porque el chiste se cuenta solo:
Mientras desde los despachos de Washington nos venden la moto de que tienen el “control total” de la situación, la realidad te pega en la cara. Si el Tío Sam de verdad tiene las riendas, por qué no lo demuestra con hechos concretos como el desmantelamiento de esos “colectivos” que hoy son la “autoridad que uno ve”. ¿Es control o es que están mirando para otro lado mientras se fuman un puro?
No se puede hablar de control cuando al mando de los poderes públicos los hermanos Rodríguez, mantienen un dominio sustancial sobre todo el aparato estatal ante la mirada impasible de los supuestos rescatistas de las libertades.
Lo de este “gobierno de transición” es, por decir lo menos, una tragicomedia de mal gusto. Tenemos a los hermanitos Rodríguez repartiéndose los poderes públicos como si fuera la herencia de la abuela, con una presidenta en funciones que resulta ser la hermana del jefe de la Asamblea Nacional. ¡Todo queda en familia! Y para ponerle la guinda al pastel del descaro, nos clavan a la hija de Diosdado Cabello como Ministra de Turismo. ¿Turismo de qué? ¿De safari por las ruinas de un país saqueado?
Lo que se siente no es libertad, es un plan estratégico de poner el petróleo venezolano en manos de Trump para que él lo administre y reparta los beneficios con los que quedaron vivitos y coleando después de la “razia”. ¡Qué maravilla de democratización! Se nota que la prioridad no es que el venezolano pueda decir y hacer lo que considere mejor para su país, sino que los tanqueros se llenen. Me refiero a las Políticas de Estado actuales, hay una gran diferencia entre lo que hoy piensa y hace el presidente Trump, y lo que el gran país norteamericano estableció desde hace más de siglo y medio de su historia. Quiero dejar bien claro este punto.
Y para rematar la faena, sale el Secretario de Energía de USA (que debe saber de democracia lo mismo que yo de física nuclear) a decir con toda la parsimonia del mundo, que “quizás en 24 meses haya elecciones”. ¡Dos años!, un plazo cortito para que los que están en el marchito criollo terminen de raspar la olla y los de afuera aseguren sus concesiones petroleras.
Ese cuento de que “no hay que apurar las cosas para no desestabilizar” no se lo cree ni el que lo inventó. Decir que hay que dejar a esta pandilla criminal en el poder para mantener la “paz” es una bofetada a la inteligencia y dignidad nacional, y si me apuran diré que es una gilipollez de marca mayor.
No es estabilidad, es cohabitación con delincuentes a un precio ético que Venezuela no debe ni quiere pagar. Entre las maniobras de un Chavismo-Madurismo experto en marear la perdiz y unos EEUU que parecen más interesados en el arco minero que en la libertad, está el ciudadano de a pie que queda como el invitado de piedra que tendrá un gestor revolucionario en Washington haciendo de “encargado de negocios” de la renovada pandilla.
Señores, menos cuentos de camino y más realidades. El argumento de que acelerar la transición provocaría una “desestabilización social” suena cada vez más falso. Mantener a criminales en el poder bajo la excusa de la tranquilidad nacional es una sobrevaloración de esos grupos motorizados con armamento de guerra, apoyando a sus amos.
Es un insulto a la dignidad del pueblo venezolano. El país no quiere “gestores de permanencia” ni repartos de beneficios petroleros bajo la mesa. El país dispone de gran número de venezolanos preparados, con experiencia y valores democráticos a toda prueba y quiere libertad hoy, no dentro de dos años de conveniencia económica y geopolítica para otros.
El clamor es uno solo, el regreso inmediato a la democracia, o sea, el rechazo a cualquier acuerdo que prolongue la agonía a cambio de petróleo o de estabilidad aparente.
Es en esencia, la libertad.
Continuara…
Cantaclaro
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