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El mirador del indiano

Fiscalía, poesía y terror

Si algo abunda en la Venezuela del Socialismo del Siglo XXI son los personajes que parecen sacados de una parodia con estilo literario de Realismo Mágico.

Pero pocos (por no decir ninguno) son los que le ganan a Tarek William Saab, el hombre que pasó de ser un “defensor” de derechos humanos a convertirse en el fiscal “todoterreno” favorito de Miraflores. Con un estilo que oscila entre “jala bolas y verdugo ejecutor”, este individuo ha convertido al Ministerio Público en una oficina de cobranzas y persecuciones.

Le encanta que lo llamen poeta. Se la pasa lanzando versos que nadie lee, mientras ignora los gritos de quienes hoy habitan las mazmorras del régimen. Es un místico de los gimnasios, es el chico de los recados que sirve a la tiranía del Siglo XXI como herramienta exterminadora de cualquiera que asome la cabeza en su contra.

En la calle ya nadie se traga el cuento de su “sensibilidad legalista”, lo que ven es a un tipo más preocupado por sus tatuajes, sus pestañas postizas y su teñido de pelambrera, que por la justicia de un país que se cayó a pedazos.

Lo de Tarek no es solo política, es cosmética pura. Es el único fiscal del mundo que parece que se prepara para una audiencia judicial en un salón de belleza. Con más maquillaje que una estrella de TV Tarek nos vende una imagen de “místico impecable” mientras el sistema judicial que dirige está podrido hasta la médula.

Su accionar no es precisamente derecho, jurisprudencia, legalidad etc. todo lo que este “defensor del pueblo” ha hecho es “dorarle la píldora” al ocupa de Miraflores y ser uno de los autores intelectuales de las tramas más perversas.

Cada vez que el régimen necesita una mano a que agarrarse, Tarek sale en cadena nacional, inventando magnicidios y golpes de Estado que siempre involucran a la oposición. Bajo su mando, la Fiscalía se ha vuelto una guillotina para el equipo de María Corina Machado o cualquier ciudadano que se atreva a protestar. Para él, pedir libertad es “incitación al odio”, y las torturas en “La Tumba” son invenciones sin fundamento.

Verlo en cadena nacional es un reto al aguante. El tipo se presenta con una actitud de “perdonavidas”, como si fuera un semidiós, usa palabras rebuscadas para sonar culto, te habla con esa cadencia insoportable de falsa intelectualidad que lo expone aún más. Es la suma de sus complejos y teatralidad que evidencian su déficit hasta del sentido del ridículo.

Al final, Tarek William Saab será recordado por ser el ejemplo perfecto de cómo el Socialismo del Siglo XXI convirtió las instituciones en una tragicomedia donde el fiscal fue el verdugo y la justicia solo una palabra.

Será el recordatorio de que en la Venezuela de la falsa revolución, la justicia era un show de telebasura: la fiscalía ponía en maquillaje, Chávez y Maduro el guion y el pueblo venezolano ponía los presos y los muertos.

Continuará…

Cantaclaro

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Sobre Venezuela en estos infaustos tiempos de supuesta revolución...

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