{"id":498,"date":"2011-03-28T11:03:00","date_gmt":"2011-03-28T11:03:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/basabide\/?p=498"},"modified":"2011-03-28T11:03:00","modified_gmt":"2011-03-28T11:03:00","slug":"los-otros-ochomiles-edurne-pasaban","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/basabide\/2011\/03\/28\/los-otros-ochomiles-edurne-pasaban\/","title":{"rendered":"Los otros &#039;ochomiles&#039; de Edurne Pasaban"},"content":{"rendered":"<div class=\"p\" id=\"story-texto\">\n<div class=\"p\">Edurne Pasaban es la primera mujer que ha subido todos  los &#8216;ochomiles&#8217;, las catorce monta\u00f1as m\u00e1s altas del planeta. En sus  paredes, aristas y glaciares, la alpinista tolosarra ha mostrado una  fortaleza y una determinaci\u00f3n dignas de la gesta conseguida. Sin  embargo, mientras Edurne escalaba con decisi\u00f3n esas grandiosas monta\u00f1as  f\u00edsicas, en lo m\u00e1s profundo de su ser y de su mente, otras cumbres m\u00e1s  \u00edntimas y personales se le mostraban casi infranqueables: las monta\u00f1as  de la vida. Desamores, descensos al l\u00edmite, depresiones, intentos de  suicidio o la muerte de amigos muy cercanos han sido los &#8216;ochomiles&#8217; m\u00e1s  dif\u00edciles para Edurne Pasaban, como revela en su biograf\u00eda  recientemente publicada, &#8216;Catorce veces ochomil&#8217; (Planeta), de la que se  han recogido las citas textuales reproducidas a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\"> <strong class=\"strong\">Al Himalaya por amor<\/strong> <\/div>\n<div class=\"p\">1998. El Dhaulagiri supone su primera toma de contacto  con los techos m\u00e1s altos del planeta. Va con unos amigos de Tolosa, pero  all\u00ed conoce al alpinista italiano Silvio Mondinelli. Se enamoran e  inician un idilio del que solo disfrutan en las expediciones, ya que \u00e9l  est\u00e1 casado.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">\u00abHab\u00edamos vivido unos d\u00edas de pasi\u00f3n intensa, y desde  luego ninguno de los dos quer\u00eda que aquello terminara all\u00ed. (&#8230;) Yo no  fui al Dhaulagiri pensando que aquello ser\u00eda el principio de una carrera  &#8216;himalayista&#8217; (&#8230;). Pero sucedi\u00f3 lo impensable: conoc\u00ed a aquella  persona con la que me encontraba tan bien, que viv\u00eda para esto, para la  escalada y la monta\u00f1a, una ficci\u00f3n, mejor dicho, una pasi\u00f3n que yo  tambi\u00e9n compart\u00eda, aunque todav\u00eda no fuera muy consciente de ello. (&#8230;)<\/div>\n<div class=\"p\">Era la persona adecuada en el momento adecuado. (&#8230;)  Aquello fue, pues, una oportunidad \u00fanica en mi vida, fue la puerta que  me llev\u00f3 a plantearme seguir escalando. (&#8230;) Lo \u00fanico que puedo decir,  lo \u00fanico que responde a la verdad, es que mi relaci\u00f3n con Silvio  signific\u00f3 no dejar el alpinismo y no dejar de frecuentar el Himalaya.  Esto es un hecho. \u00bfPuedo decir, pues, que toda esta historia, mi  &#8216;haza\u00f1a&#8217; de los ochomiles, naci\u00f3 con una historia de amor? Sin duda, por  mucho que entonces no fuera consciente de ello\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">Pero todo cuento de hadas tiene un final y \u00e9ste lleg\u00f3 en  2002: (&#8230;) \u00abLa cuesti\u00f3n es que, cuando al cabo de unos d\u00edas nos  despedimos en Katmand\u00fa, como todos los a\u00f1os, como en cada expedici\u00f3n,  nos dimos un hart\u00f3n de llorar. No pronunciamos siquiera una palabra que  aludiera a la ruptura, al fin de la relaci\u00f3n. No, aparentemente todo  estaba como siempre, pero en realidad aquellas l\u00e1grimas ten\u00edan el sabor  de algo que termina, del desconsuelo, un regusto amargo que era  imposible dejar de notar. Y esta sensaci\u00f3n persisti\u00f3 en las llamadas  telef\u00f3nicas que nos prodigamos en las semanas siguientes, hasta que en  una de ellas, casi en verano, me dijo que su mujer estaba embarazada,  que deb\u00eda tomar una decisi\u00f3n y que, en realidad, ya lo hab\u00eda hecho\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\"> <strong class=\"strong\">Contacto con la muerte<\/strong> <\/div>\n<div class=\"p\">1999. Su primer intento en el Everest. Silvio y Edurne  llegan al campo 3 de la vertiente norte camino de la cumbre. Buscan un  lugar para la tienda de campa\u00f1a. <\/div>\n<div class=\"p\">\u00ab(&#8230;) Cuando yo llegu\u00e9 Silvio a\u00fan estaba buscando el  sitio adecuado para plantar la tienda. Yo misma empec\u00e9 tambi\u00e9n a mirar a  un lado y otro.<\/div>\n<div class=\"p\">-F\u00edjate, aqu\u00ed estar\u00e1 bien, \u00bfno?- le dije.<\/div>\n<div class=\"p\">Y ya se iba andando, como si no me hubiera o\u00eddo. Fue uno de los &#8216;sherpas&#8217; quien me dio la informaci\u00f3n necesaria:<\/div>\n<div class=\"p\">-No, Edurne, aqu\u00ed no, vamos con Silvio. Aqu\u00ed hay un cuerpo, \u00bfno lo ves?<\/div>\n<div class=\"p\">En efecto, all\u00ed hab\u00eda un cad\u00e1ver. Era la primera vez que  ve\u00eda a un persona muerta. A 8.300 metros de altura. (&#8230;) Cuando ves un  cuerpo, de hecho no quieres mirar, por respeto, por miedo, porque te  est\u00e1s enfrentado a algo que no ser\u00eda tan extra\u00f1o que pudiera sucederte a  ti. Pero hay una fuerza que atrae la mirada, algo que no sabr\u00eda c\u00f3mo  calificar, y que no encaja con el significado de la palabra morbo\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">Entra mal tiempo y deciden esperar un d\u00eda all\u00ed arriba a  ver si mejora. Entonces, otra expedici\u00f3n les avisa de que uno de sus  miembros, que ha hecho cumbre, baja con problemas. Cogen una botella de  ox\u00edgeno de una tienda cercana y salen a buscarle. \u00abEstuvimos caminando  casi tres horas, y ve\u00edamos que nos \u00edbamos acercando lentamente, a unos  doscientos metros empezamos a gritar y a levantar los brazos. No s\u00e9 si  nos vio, ya que iba arrastr\u00e1ndose a ratos y de vez en cuando se  levantaba.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">-\u00a1Ya lo tenemos, est\u00e1 a tiro de piedra!- avisamos por &#8216;walkie&#8217;.<\/div>\n<div class=\"p\">(&#8230;) Cuando est\u00e1bamos quiz\u00e1 a s\u00f3lo cien metros se volvi\u00f3  a levantar, tropez\u00f3 y se precipit\u00f3 monta\u00f1a abajo, sin remisi\u00f3n, delante  de nosotros. Me qued\u00e9 sin habla, not\u00e9 que me faltaba la respiraci\u00f3n,  comenc\u00e9 a sollozar con violencia y al fin me puse a llorar con todas mis  fuerzas. Silvio, que hab\u00eda quedado en principio inm\u00f3vil, tan pasmado  como yo, comenz\u00f3 a sacudirme, pero yo no estaba todav\u00eda por la labor de  reaccionar, no me daba cuenta de nada, era como si un nudo hubiera  estallado dentro. Hasta que me dio un par de bofetadas, aunque tuvo que  quitarse los guantes para que yo las sintiera de verdad. Y, en efecto,  entonces me calm\u00e9\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\"> <strong class=\"strong\">El descenso del K2<\/strong> <\/div>\n<div class=\"p\">26 de julio de 2004. Edurne y sus compa\u00f1eros de  expedici\u00f3n, Juanito Oiarzabal, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, adem\u00e1s de  otro grupo de italianos entre los que est\u00e1 Silvio Mondinelli, llegan a  la cumbre del K2 a las seis de la tarde, poco antes de anochecer. Est\u00e1  agotada. Silvio se encorda a ella y le ayuda a bajar hasta las cuerdas  fijas. All\u00ed se adelanta. Ya es noche cerrada y Edurne se queda sola.  \u00ab(&#8230;) Segu\u00ed bajando y llegu\u00e9 hasta el punto en el que, al subir,  hab\u00edamos esperado a que Juan atravesara la placa de nieve. Enganch\u00e9 la  cuerda para comenzar a pasar y, en aquel momento, seguramente por lo  agotada que estaba, sin darme cuenta se me cay\u00f3 la luz frontal monta\u00f1a  abajo y me qued\u00e9 a oscuras. Por si fuera poco, como no pod\u00eda soltar el  mosquet\u00f3n, me hab\u00eda sacado un guante que se me perdi\u00f3 tambi\u00e9n en la  oscuridad. En ese punto me qued\u00e9 sola, de noche, sin frontal y sin  guante. &#8216;Qu\u00e9 voy a hacer?&#8217;, pens\u00e9, e inmediatamente, de forma  instintiva, la cabeza se me fue hacia Juan y Juanito, que ven\u00edan justo  detr\u00e1s. No pod\u00eda hacer otra cosa que esperar.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">Me sent\u00e9 y en aquel instante no sent\u00eda ni angustia ni  miedo, porque ten\u00eda la tranquilidad de pensar que ven\u00edan mis compa\u00f1eros.  El caso es que, sin darme cuenta, me adormec\u00ed, ni siquiera recuerdo  cu\u00e1nto tiempo deb\u00ed pasarme sentada all\u00ed, hasta que Juan me encontr\u00f3  exhausta, dormida. Llevaba 21 horas a m\u00e1s de 8.000 metros, sin ox\u00edgeno,  sin parar de caminar, con apenas medio litro de agua y habiendo comido  tan s\u00f3lo una barrita energ\u00e9tica. Cuando alguien me pregunta si he estado  a punto de perder la vida alguna vez, le digo que s\u00ed; en esa ocasi\u00f3n,  por ejemplo, pero no fui consciente de ello. Estoy convencida de que  mucha gente se ha quedado en el Himalaya sin darse cuenta de que se  estaba muriendo.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">(&#8230;) En cuanto Juan me vio, me sacudi\u00f3 y me despert\u00f3  todo lo que pudo, pero me parece que mi cuerpo se hab\u00eda relajado ya del  todo al dormirme, y me costaba una barbaridad ir avanzando. A cada paso  ten\u00eda la tentaci\u00f3n re renunciar, y termin\u00e9 por decirle a Juan:<\/div>\n<div class=\"p\">-No puedo m\u00e1s.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">Darle la vuelta a esta din\u00e1mica es muy dif\u00edcil sin ning\u00fan  medicamento o est\u00edmulo adicional. Entonces Juan me agarr\u00f3, le pas\u00e9 los  brazos por el cuello y me baj\u00f3 literalmente a rastras. Hizo un esfuerzo  sobrehumano y, sin lugar a dudas, me salv\u00f3 la vida\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\"> <strong class=\"strong\">\u00ab\u00a1Quiero morirme!\u00bb <\/strong> <\/div>\n<div class=\"p\">Meses antes de escalar el K2, Edurne hab\u00eda iniciado una  nueva relaci\u00f3n sentimental con un alpinista andorrano, que se prolonga  hasta finales de 2005. La ruptura provoca en la tolosarra un \u00edntimo  debate sobre si continuar con su vida alpin\u00edstica o convertirse en una  personal &#8216;normal&#8217; y formar un familia. Las dudas le corroen y acaba por  caer en una profunda depresi\u00f3n. El d\u00eda de Reyes de 2006, algo se rompe  dentro de su cabeza \u00abA las siete de la tarde, despu\u00e9s de una larga  sobremesa, ped\u00ed a mis padres que me llevaran a casa y me fui a la cama  directamente. Y con mi madre sentada a mi lado estall\u00e9 al fin, empec\u00e9 a  llorar con todas mis fuerzas, mientras le dec\u00eda:<\/div>\n<div class=\"p\">-\u00a1Ama, no puedo m\u00e1s! \u00a1Yo quiero morirme! \u00a1Yo quiero morirme!<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">Sent\u00eda como si me desgarraran por dentro. Simplemente  quer\u00eda dejar de sufrir, de sentir aquella pena tan intensa. (&#8230;) Y as\u00ed  fue c\u00f3mo decidieron ingresarme en el hospital. Aquella misma noche  llamaron y me llevaron a la secci\u00f3n de psiquiatr\u00eda\u00bb.<\/div>\n<div class=\"p\">Un mes despu\u00e9s recibe el alta y vuelve a las clases de un  m\u00e1ster que est\u00e1 cursando en la prestigiosa escuela de estudios  empresariales de Barcelona (ESADE). \u00ab(&#8230;) Pero no estaba bien, no lo  sab\u00edamos pero no estaba curada todav\u00eda, y de hecho un d\u00eda ca\u00ed en lo m\u00e1s  profundo del pozo. Un d\u00eda me sent\u00ed sola, tan desgraciada, me desgarraba  una desesperaci\u00f3n tan intensa que quise terminar con todo. Cog\u00ed los  frascos de antidepresivos, volqu\u00e9 en el hueco de mi mano la m\u00e1xima  cantidad que pude y me los tragu\u00e9, mientras, de la manera   m\u00e1s torpe  posible, intentaba cortarme las venas de la mano izquierda.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">Y acto seguido, muy r\u00e1pidamente, antes de que las  pastillas me hicieran efecto (puesto que mi mu\u00f1eca apenas sangraba) tuve  tanto miedo que llam\u00e9 de inmediato al tel\u00e9fono de urgencias. (&#8230;) Y ya  no recuerdo nada m\u00e1s, s\u00f3lo que me despert\u00e9 en la cama del hospital\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\"> <strong class=\"strong\">Intento de violaci\u00f3n<\/strong> <\/div>\n<div class=\"p\">En el verano de 2006, en pleno proceso de recuperaci\u00f3n de  su depresi\u00f3n, Edurne vuelve a las monta\u00f1as, concretamente al Karakorum,  en un proyecto para el programa &#8216;Al filo de lo imposible&#8217; mitad  alpin\u00edstico y mitad humanitario. Camino de la cordillera hacen noche en  Chil\u00e1s, un pueblo perdido en mitad de Pakist\u00e1n, en una regi\u00f3n controlada  por los talibanes.  Despu\u00e9s de cenar sube a la azotea del hotel para  llamar a casa con el tel\u00e9fono sat\u00e9lite.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">\u00abEstaba llamando a casa y a punto de comunicar con mis  padres cuando, de repente, oigo un ruido y veo que el hombre que me  hab\u00eda atendido hac\u00eda unas horas al llegar, y que era el propietario del  hotel, aparec\u00eda por la puerta de la azotea y la cerraba tras de s\u00ed. No  entend\u00ed bien lo que hac\u00eda hasta que, inmediatamente, se me acerc\u00f3 y  comenz\u00f3 a tocarme. (&#8230;) Empec\u00e9 a pegar manotazos y patadas, pero aquel  canalla no desist\u00eda, y entonces comenc\u00e9 a gritar con todas mis fuerzas.  Por suerte mis compa\u00f1eros de expedici\u00f3n me oyeron en seguida y no  tardaron ni un minuto en subir. Y no le pegaron una paliza porque al fin  y al cabo somos m\u00e1s civilizados (&#8230;)\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\"> <strong class=\"strong\">La muerte de tres amigos<\/strong> <\/div>\n<div class=\"p\">13 de enero de 2007. Edurne, su primo Asier Izagirre y  tres buenos amigos suyos, Luis Mari Pikabea &#8216;Loro&#8217;, Xabier Zubieta y  Xabier Saralegi, escalan la cara norte del Taill\u00f3n, una de las rutas  invernales m\u00e1s cl\u00e1sicas de los Pirineos. Los dos primos formaban una  cordada y los otros tres alpinistas, otra. \u00abEn un momento dado nos  alcanzaron hasta el punto en el que est\u00e1bamos, y yo, que iba la segunda  tras mi primo, empec\u00e9 a hablar con &#8216;Loro&#8217;, el primero de su cordada.  (&#8230;) Y no s\u00e9 qu\u00e9 debi\u00f3 pasar, si fue Xabi o Zubieta quien perdi\u00f3 pie,  nunca llegar\u00e9 a saberlo, el caso es que, de repente, los tres se fueron  para abajo. Me qued\u00e9 sin habla, me agarr\u00e9 a la roca, a todo lo que pude,  pasmada, como tambi\u00e9n qued\u00f3 Asier, sin saber qu\u00e9 hacer, qu\u00e9 decir,  d\u00f3nde mirar. \u00c9ramos conscientes de que hab\u00edan muerto, no pod\u00eda ser de  otro modo, pues la ca\u00edda era al menos de trescientos metros. Sin decirno  apenas cuatro palabras, comenzamos a bajar poco a poco, asegur\u00e1ndonos  ahora en cada paso (&#8230;). Estuvimos bajando casi dos horas durante las  cuales, peri\u00f3dicamente, nos asaltaba todav\u00eda una brizna de esperanza,  aun siendo conscientes de que el desenlace no pod\u00eda ser otro que el que  se produjo a la postre. En un momento dado le pregunt\u00e9 a Asier si cre\u00eda  en Dios.<\/div>\n<div class=\"p\">-No lo s\u00e9- me constest\u00f3, jadeando, sin mirarme, sin detenerse ni un instante\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"p\">Horas m\u00e1s tarde se encuentran con las familias de los  tres amigos. \u00abEn aquel momento, Asier y yo nos abrazamos, llorando como nunca lo hab\u00edamos hecho, y recuerdo que lo primero que les pedimos fue perd\u00f3n, mil veces perd\u00f3n, como si estuvieramos disculp\u00e1ndonos por estar vivos. Pero la verdad es que yo me preguntaba: &#8216;\u00bfPor qu\u00e9 han sido ellos? \u00bfPor qu\u00e9 no he sido yo?&#8217; Aquel dolor era insoportable, es un momento en el que lo est\u00e1s pasando tan mal que no quieres vivir. Y luego, con el tiempo, al rememorar aquel episodio, me he ido dando cuenta de que casi es una reacci\u00f3n de ego\u00edsmo, y sin duda de cobard\u00eda, la de preferir morir antes que sufrir o que asumir la responsabilidad, por dura que sea. Y al mismo tiempo supongo que es una reacci\u00f3n muy humana.\u00bb<\/div>\n<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edurne Pasaban es la primera mujer que ha subido todos los &#8216;ochomiles&#8217;, las catorce monta\u00f1as m\u00e1s altas del planeta. En sus paredes, aristas y glaciares, la alpinista tolosarra ha mostrado una fortaleza y una determinaci\u00f3n dignas de la gesta conseguida. 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