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	<title>Basabidemuerte &#8211; Basabide</title>
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	<description>Por Fernando J. Pérez e Iñigo Muñoyerro</description>
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		<title>Alex Txikon: &#8220;El Karakorum en invierno tiene la belleza de la muerte&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Mar 2013 20:20:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando J. Pérez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Alpinismo]]></category>
		<category><![CDATA[Ochomiles]]></category>
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		<description><![CDATA[Apenas hace un mes que llegó del Laila Peak y ya está de nuevo camino del Himalaya. Alex Txikon cambia la soledad del Laila Peak y el inhóspito invierno del Karakorum por el multitudinario campo base del Everest/Lhotse y dos montañas próximas pero de características bien diferenciadas, el Nuptse (7.861 m.), un ‘casi ochomil’ sin [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Apenas hace un mes que llegó del Laila Peak y ya está de nuevo camino del Himalaya. Alex Txikon cambia la soledad del Laila Peak y el inhóspito invierno del Karakorum por el multitudinario campo base del Everest/Lhotse y dos montañas próximas pero de características bien diferenciadas, el Nuptse (7.861 m.), un ‘casi ochomil’ sin apenas ascensiones pero considerada una de las montañas más bellas del planeta en la que intentarán abrir una nueva ruta; y el Lhotse (8.516 m.), un ochomil a la sombra del Everest que en los últimos años ha comenzado a absorber el exceso de alpinistas en el Techo del Mundo con una creciente masificación. Dos expediciones radicalmente distintas, casi contrapuestas, que afronta con la misma ilusión que hace diez años, cuando era un inexperto e impetuoso veinteañero, le llevó hasta el Broad Peak, su primer ochomil.</p>
<p><strong>-Cual es el verdadero objetivo de esta expedición, el Lhotse o el Nuptse?</strong><br />
-Para mí el Nuptse. A mí es que me hace la hostia de ilusión escalar el Nuptse, una de las montañas más estéticas y bonitas del Himalaya. ¡Es preciosa! Aunque también es verdad que llevo ya tres años sin escalar un ochomil y me apetece sentir las sensaciones de la altura extrema en una montaña como el Lhotse, que no hay que olvidar que es la cuarta más alta. Tengo ganas de probarme otra vez en altura. La última vez que estuve a ochomil metros fue en el último intento al K2, que pasé dos noche en el campo 4 a 7.900 ¡y han pasado ya dos años!</p>
<p><strong>-No es habitual que una expedición que incluya un ochomil no sea el objetivo principal.</strong><br />
-En 2010 estuve con Edurne acabando sus catorce ochomiles y fueron los dos últimos que subí. Al año siguiente pude volver con ella al Everest, pero decidí seguir mi camino. Entonces decidí que los ochomiles, el mero hecho de ascenderlos, no iba a ser una prioridad para mí. Que prefería buscar otra forma de hacer montaña. y mi idea sigue siendo esa. Y como en esta expedición se da la circunstancia de que las dos montañas están una al lado de la otra, pues vamos a intentar las dos. Se que puede parecer pretencioso decir que en una expedición donde vas a subir un ochomil y otra montaña el objetivo es la otra montaña. ¡Es difícil de explicar hasta a los patrocinadores! Pero es que en este caso es así. La que más me apetece escalar y mi objetivo principal es el Nuptse y además en alpino e intentado una nueva ruta. ¿Se puede pedir más?</p>
<p><strong>-Repite equipo con José Carlos Tamayo y Juan Ramón Madariaga.</strong></p>
<div id="attachment_857" style="width: 692px" class="wp-caption alignright"><a href="/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10602.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-857" class="size-large wp-image-857" title="IMG_1060" src="/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10602.jpg" alt="" width="682" height="1024" srcset="https://blogs.elcorreo.com/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10602.jpg 1037w, https://blogs.elcorreo.com/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10602-200x300.jpg 200w, https://blogs.elcorreo.com/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10602-768x1152.jpg 768w, https://blogs.elcorreo.com/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10602-683x1024.jpg 683w" sizes="(max-width: 682px) 100vw, 682px" /></a><p id="caption-attachment-857" class="wp-caption-text">Alex Txikon</p></div>
<p><strong><br />
</strong>-Sí. Creo que formamos un buen grupo. Somos tres tíos de casa. Juanra todavía es un alpinista de la vieja guardia, metódico, serio, de los que piensa las cosas dos veces. De José Carlos qué voy a decir. Es un histórico, un perro viejo, con un currículum de nivel mundial y da equilibrio y madurez al grupo. Y luego yo&#8230; bueno&#8230; dejémoslo en que soy el contrapunto a ellos dos&#8230; En definitiva, nos complementamos y compenetramos muy bien. Es un equipo bonito. Y si algo aprendí los años que estuve en el proyecto de los Catorce de Edurne Pasaban es lo importante que es tener unos buenos compañeros, un buen equipo. En 2011 formé equipo con Louis Rousseau y Gerfried Göschl y éramos un grupo fuerte, como demostramos, pero no homogéneo. En la segunda invernal al G1, Louis ya no vino, repetimos Gerfried y yo, pero la verdad es que ya éramos dos equipos dentro de una expedición, que encima acabó como acabó [con la <a href="http://desnivel.com/expediciones/se-da-definitivamente-por-desaparecidos-a-goschl-hahlen-y-hussain-en-el-g1" target="_blank" rel="external nofollow">desaparición de Gerfried Göschl, Cédric Hählen y Nisar Hussein</a> en el ataque a cumbre]. Y ahora en el Laila, con Ramón Portilla y Juanjo San Sebastián, he vuelto a comprobar la importante que es estar a gusto con la gente con la que vas. Que al final es gente en cuyas manos pones tu vida y viceversa.</p>
<p><strong>-Y estando tan cerca, ¿el Everest no le tienta?</strong><br />
-No creas que no lo he pensado. Pero como no sé lo que nos vamos a encontrar allí&#8230; Con todo lo que te cuentan del CB del Everest. Y después de diez años haciendo ochomiles sí que tengo un poco de curiosidad de conocerlo por fin. Pero con el Nuptse y el Lhotse ya estoy suficientemente motivado.</p>
<p><strong>-Desde luego lo que seguro van a encontrar allí es gente. ¿Teme a la masificación? ¿Puede ser un problema?</strong><br />
-Salvo en la Cascada de Hielo, que es un paso común para todos, en el Nuptse desde luego no porque allí vamos a estar solos. El Lhotse será otra cosa. Aunque nosotros iremos lo más autónomos posible respecto a las comerciales, iremos por la normal y por lo tanto compartiremos ruta con ellos. Es inevitable. Con todo lo que ello conlleva. Pero bueno&#8230; Asumimos que mientras en otras montaña los condicionantes son el tiempo, el estado de la ruta o las dificultades técnicas, en estas masificadas lo que te condiciona son las expediciones comerciales, sus reglas y sus clientes.</p>
<p><strong>-Es curioso que después de diez años en el Himalaya esta sea la primera vez que va al CB del Everest. ¿Es una casualidad o lo ha preferido así.</strong><br />
-Pues es verdad. Pero no sabría darte una razón. No se si es por mi carácter, por mi forma de ser, pero es que no soy ambicioso. Yo estoy feliz cuando estoy allí, en el Himalaya o el Karakorum, me da igual que sea el Everest o el Laila y estoy a gusto. Tuve la oportunidad en 2011 y no quise. Preferí otras cosas. No es una montaña que la tenga como una referencia. Me atrae no tanto por el hecho de ser la montaña más alta sino por saber las sensaciones que se experimenta allí arriba. Por esos 250 metros de diferencia que hay con la siguiente más alta. Eso sí me atrae. Pero lo que tengo claro es que si no he ido hasta ahora es porque he encontrado otros montes y otros proyectos más interesantes.</p>
<p><strong>-Si holla el Lhotse solo le quedarán cuatro ochomiles para acabar los Catorce. ¿Se convertirá en un objetivo acabarlos?</strong><br />
-No. En estos momentos, no. Pero lo que tengo claro es que si al final sale el proyecto de terminarlos, los cuatro que me quedan los tengo que hacer bien. Por rutas que no son normales o incluso abriendo alguna nueva. Si no, no los completo, no tiene sentido hacerlo. Porque si no, es simplemente una vez más. Sería uno más en la lista. Y aquí, en Euskadi, ya hay tres personas que lo han hecho, Juanito, Alberto y Edurne, que cada uno ha aportado lo suyo en el momento en el que los ha hecho. Y otros dos, Felix e Iñaki, que por desgracia se quedaron a las puertas. Así que acabarlos sin más, que ahora llegue yo y repita lo que ya está hecho, y peor, sin aportar nada, es algo que no me motiva en absoluto.<br />
&#8211; ¿Y el hecho de que, salvo el Nanga Parbat (8.125), le queden los tres más altos -Everest, K2 y Kangchenjunga- es casualidad o no?<br />
&#8211; Es una casualidad. En el caso del Everest nunca he tenido la obsesión de ir al más alto así que no me ha llamado especialmente la atención. El K2 sin embargo, sí que lo he intentado dos veces [2004 y 2011] pero sin éxito. Y el Kangchen&#8230; lo subí con Edurne pero como en ese momento mi objetivo era más ayudarle a ella que hacer cima, por circunstancias de la ascensión me quede a cincuenta metros de la cima y aunque pude haber subido en ese momento no me lo planteé.</p>
<p><strong>&#8211; Hace apenas un mes que has vuelto del Laila Peak, donde habéis conseguido la <a href="http://alextxikon.com/blog/?p=2668" target="_blank" rel="external nofollow">primera invernal</a> en una expedición de la que hablas con un cariño especial. ¿Eso demuestra que en el Himalaya ochomil es solo un número, que es hora de dejar de valorar las montañas solo por su altitud?</strong><br />
-Desde luego. Pero yo creo que los alpinistas ya lo hacemos, aunque de cara al público en general lo que más atrae son los ochomiles. Y el caso del Laila es el mejor ejemplo, por si quedaba alguna duda. La montaña, estéticamente, la ruta&#8230; las vistas desde el collado&#8230; miras el horizonte, ves lo ochomiles del Karakorum y dices “pero por qué siempre vamos allí como borricos”. Es uno de los sitios más acojonantes en los que he estado. Y allí hemos estado solos, currándonos la montaña desde el primer metro, mientras que si fuese un ochomil tendría cuerdas fijas desde el campo base. Eso es impagable.</p>
<p><strong>-Has vivido de cerca la <a href="http://pop.desnivel.es/expediciones/sin-noticias-de-maciej-berbeka-y-tomasz-kowalski-en-el-broad-peak" target="_blank" rel="external nofollow">invernal al Broad Peak y la tragedia posterior</a>, en la que dos de los cuatro alpinistas que hicieron cumbre desaparecieron tras tener que vivaquear una noche a 7.900 metros.</strong><br />
-Es una nueva demostración de que el invierno del Karakorum no deja margen para el error. La primera invernal a un ochomil del Karakorun fue hace dos años. En este tiempo, nueve personas han hecho cima a ochomiles en invierno, pero han muerto otras siete intentándolo. Es una estadística brutal. Pero es que las reglas del invierno son esas. Cuando yo hice el Broad Peak en verano de 2003 con Iñaki Ochoa de Olza, tuvimos que vivaquear una noche, que la pasamos sentados sobre una mochila en el avance de una tienda de campaña que estaba llena de coreanos. Eso en invierno es impensable. De una de esas no sales.</p>
<p><strong>-Que reflexión te merece&#8230;</strong><br />
-Pues que el invierno de atrapa. Mira, cuando bajábamos del Laila después de hacer cumbre a las cuatro y media de la tarde, en el séptimo u octavo largo de destrepe se nos hizo de noche. Habíamos bajado ya la parte más difícil, pero aún nos quedaban otros siete para llegar al collado donde teníamos la tienda. En un descanso miré al horizonte y vi el Masherbrum rojo como el fuego, iluminado por las últimas luces del día y con la luna ya en el cielo, mientras la noche venía por el Karakorum hacia nosotros, a atraparnos&#8230; Lo cuento y aún se me ponen los pelos de punta&#8230; la temperatura se desploma de repente&#8230; es un momento duro, cabrón, cuando te atrapa la noche. El vacío que sientes&#8230; La dureza. Qué cruel es la noche. Y vuelvo a mirar al poco y es desolador lo que ves. Es tan desolador, pero a la vez tan precioso&#8230; Y ya todo oscuro. Qué desolador y que cruel. Esa oscuridad&#8230; Tan acojonante y tan duro&#8230; El Karakorum en invierno tiene la belleza de la muerte.</p>
<div id="attachment_860" style="width: 1043px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10922.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-860" loading="lazy" class="size-full wp-image-860" title="IMG_1092" src="/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10922.jpg" alt="" width="1033" height="1277" srcset="https://blogs.elcorreo.com/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10922.jpg 1033w, https://blogs.elcorreo.com/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10922-243x300.jpg 243w, https://blogs.elcorreo.com/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10922-768x949.jpg 768w, https://blogs.elcorreo.com/basabide/wp-content/uploads/sites/31/2013/03/IMG_10922-828x1024.jpg 828w" sizes="(max-width: 1033px) 100vw, 1033px" /></a><p id="caption-attachment-860" class="wp-caption-text">Alex juega con su sobrino Manez</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
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		<title>Los otros &#039;ochomiles&#039; de Edurne Pasaban</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Mar 2011 11:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando J. Pérez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ochomiles]]></category>
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		<description><![CDATA[Edurne Pasaban es la primera mujer que ha subido todos los &#8216;ochomiles&#8217;, las catorce montañas más altas del planeta. En sus paredes, aristas y glaciares, la alpinista tolosarra ha mostrado una fortaleza y una determinación dignas de la gesta conseguida. Sin embargo, mientras Edurne escalaba con decisión esas grandiosas montañas físicas, en lo más profundo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="p" id="story-texto">
<div class="p">Edurne Pasaban es la primera mujer que ha subido todos  los &#8216;ochomiles&#8217;, las catorce montañas más altas del planeta. En sus  paredes, aristas y glaciares, la alpinista tolosarra ha mostrado una  fortaleza y una determinación dignas de la gesta conseguida. Sin  embargo, mientras Edurne escalaba con decisión esas grandiosas montañas  físicas, en lo más profundo de su ser y de su mente, otras cumbres más  íntimas y personales se le mostraban casi infranqueables: las montañas  de la vida. Desamores, descensos al límite, depresiones, intentos de  suicidio o la muerte de amigos muy cercanos han sido los &#8216;ochomiles&#8217; más  difíciles para Edurne Pasaban, como revela en su biografía  recientemente publicada, &#8216;Catorce veces ochomil&#8217; (Planeta), de la que se  han recogido las citas textuales reproducidas a continuación.</p>
</div>
<div class="p"> <strong class="strong">Al Himalaya por amor</strong> </div>
<div class="p">1998. El Dhaulagiri supone su primera toma de contacto  con los techos más altos del planeta. Va con unos amigos de Tolosa, pero  allí conoce al alpinista italiano Silvio Mondinelli. Se enamoran e  inician un idilio del que solo disfrutan en las expediciones, ya que él  está casado.</p>
</div>
<div class="p">«Habíamos vivido unos días de pasión intensa, y desde  luego ninguno de los dos quería que aquello terminara allí. (&#8230;) Yo no  fui al Dhaulagiri pensando que aquello sería el principio de una carrera  &#8216;himalayista&#8217; (&#8230;). Pero sucedió lo impensable: conocí a aquella  persona con la que me encontraba tan bien, que vivía para esto, para la  escalada y la montaña, una ficción, mejor dicho, una pasión que yo  también compartía, aunque todavía no fuera muy consciente de ello. (&#8230;)</div>
<div class="p">Era la persona adecuada en el momento adecuado. (&#8230;)  Aquello fue, pues, una oportunidad única en mi vida, fue la puerta que  me llevó a plantearme seguir escalando. (&#8230;) Lo único que puedo decir,  lo único que responde a la verdad, es que mi relación con Silvio  significó no dejar el alpinismo y no dejar de frecuentar el Himalaya.  Esto es un hecho. ¿Puedo decir, pues, que toda esta historia, mi  &#8216;hazaña&#8217; de los ochomiles, nació con una historia de amor? Sin duda, por  mucho que entonces no fuera consciente de ello».</p>
</div>
<div class="p">Pero todo cuento de hadas tiene un final y éste llegó en  2002: (&#8230;) «La cuestión es que, cuando al cabo de unos días nos  despedimos en Katmandú, como todos los años, como en cada expedición,  nos dimos un hartón de llorar. No pronunciamos siquiera una palabra que  aludiera a la ruptura, al fin de la relación. No, aparentemente todo  estaba como siempre, pero en realidad aquellas lágrimas tenían el sabor  de algo que termina, del desconsuelo, un regusto amargo que era  imposible dejar de notar. Y esta sensación persistió en las llamadas  telefónicas que nos prodigamos en las semanas siguientes, hasta que en  una de ellas, casi en verano, me dijo que su mujer estaba embarazada,  que debía tomar una decisión y que, en realidad, ya lo había hecho».</p>
</div>
<div class="p"> <strong class="strong">Contacto con la muerte</strong> </div>
<div class="p">1999. Su primer intento en el Everest. Silvio y Edurne  llegan al campo 3 de la vertiente norte camino de la cumbre. Buscan un  lugar para la tienda de campaña. </div>
<div class="p">«(&#8230;) Cuando yo llegué Silvio aún estaba buscando el  sitio adecuado para plantar la tienda. Yo misma empecé también a mirar a  un lado y otro.</div>
<div class="p">-Fíjate, aquí estará bien, ¿no?- le dije.</div>
<div class="p">Y ya se iba andando, como si no me hubiera oído. Fue uno de los &#8216;sherpas&#8217; quien me dio la información necesaria:</div>
<div class="p">-No, Edurne, aquí no, vamos con Silvio. Aquí hay un cuerpo, ¿no lo ves?</div>
<div class="p">En efecto, allí había un cadáver. Era la primera vez que  veía a un persona muerta. A 8.300 metros de altura. (&#8230;) Cuando ves un  cuerpo, de hecho no quieres mirar, por respeto, por miedo, porque te  estás enfrentado a algo que no sería tan extraño que pudiera sucederte a  ti. Pero hay una fuerza que atrae la mirada, algo que no sabría cómo  calificar, y que no encaja con el significado de la palabra morbo».</p>
</div>
<div class="p">Entra mal tiempo y deciden esperar un día allí arriba a  ver si mejora. Entonces, otra expedición les avisa de que uno de sus  miembros, que ha hecho cumbre, baja con problemas. Cogen una botella de  oxígeno de una tienda cercana y salen a buscarle. «Estuvimos caminando  casi tres horas, y veíamos que nos íbamos acercando lentamente, a unos  doscientos metros empezamos a gritar y a levantar los brazos. No sé si  nos vio, ya que iba arrastrándose a ratos y de vez en cuando se  levantaba.</p>
</div>
<div class="p">-¡Ya lo tenemos, está a tiro de piedra!- avisamos por &#8216;walkie&#8217;.</div>
<div class="p">(&#8230;) Cuando estábamos quizá a sólo cien metros se volvió  a levantar, tropezó y se precipitó montaña abajo, sin remisión, delante  de nosotros. Me quedé sin habla, noté que me faltaba la respiración,  comencé a sollozar con violencia y al fin me puse a llorar con todas mis  fuerzas. Silvio, que había quedado en principio inmóvil, tan pasmado  como yo, comenzó a sacudirme, pero yo no estaba todavía por la labor de  reaccionar, no me daba cuenta de nada, era como si un nudo hubiera  estallado dentro. Hasta que me dio un par de bofetadas, aunque tuvo que  quitarse los guantes para que yo las sintiera de verdad. Y, en efecto,  entonces me calmé».</p>
</div>
<div class="p"> <strong class="strong">El descenso del K2</strong> </div>
<div class="p">26 de julio de 2004. Edurne y sus compañeros de  expedición, Juanito Oiarzabal, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, además de  otro grupo de italianos entre los que está Silvio Mondinelli, llegan a  la cumbre del K2 a las seis de la tarde, poco antes de anochecer. Está  agotada. Silvio se encorda a ella y le ayuda a bajar hasta las cuerdas  fijas. Allí se adelanta. Ya es noche cerrada y Edurne se queda sola.  «(&#8230;) Seguí bajando y llegué hasta el punto en el que, al subir,  habíamos esperado a que Juan atravesara la placa de nieve. Enganché la  cuerda para comenzar a pasar y, en aquel momento, seguramente por lo  agotada que estaba, sin darme cuenta se me cayó la luz frontal montaña  abajo y me quedé a oscuras. Por si fuera poco, como no podía soltar el  mosquetón, me había sacado un guante que se me perdió también en la  oscuridad. En ese punto me quedé sola, de noche, sin frontal y sin  guante. &#8216;Qué voy a hacer?&#8217;, pensé, e inmediatamente, de forma  instintiva, la cabeza se me fue hacia Juan y Juanito, que venían justo  detrás. No podía hacer otra cosa que esperar.</p>
</div>
<div class="p">Me senté y en aquel instante no sentía ni angustia ni  miedo, porque tenía la tranquilidad de pensar que venían mis compañeros.  El caso es que, sin darme cuenta, me adormecí, ni siquiera recuerdo  cuánto tiempo debí pasarme sentada allí, hasta que Juan me encontró  exhausta, dormida. Llevaba 21 horas a más de 8.000 metros, sin oxígeno,  sin parar de caminar, con apenas medio litro de agua y habiendo comido  tan sólo una barrita energética. Cuando alguien me pregunta si he estado  a punto de perder la vida alguna vez, le digo que sí; en esa ocasión,  por ejemplo, pero no fui consciente de ello. Estoy convencida de que  mucha gente se ha quedado en el Himalaya sin darse cuenta de que se  estaba muriendo.</p>
</div>
<div class="p">(&#8230;) En cuanto Juan me vio, me sacudió y me despertó  todo lo que pudo, pero me parece que mi cuerpo se había relajado ya del  todo al dormirme, y me costaba una barbaridad ir avanzando. A cada paso  tenía la tentación re renunciar, y terminé por decirle a Juan:</div>
<div class="p">-No puedo más.</p>
</div>
<div class="p">Darle la vuelta a esta dinámica es muy difícil sin ningún  medicamento o estímulo adicional. Entonces Juan me agarró, le pasé los  brazos por el cuello y me bajó literalmente a rastras. Hizo un esfuerzo  sobrehumano y, sin lugar a dudas, me salvó la vida».</p>
</div>
<div class="p"> <strong class="strong">«¡Quiero morirme!» </strong> </div>
<div class="p">Meses antes de escalar el K2, Edurne había iniciado una  nueva relación sentimental con un alpinista andorrano, que se prolonga  hasta finales de 2005. La ruptura provoca en la tolosarra un íntimo  debate sobre si continuar con su vida alpinística o convertirse en una  personal &#8216;normal&#8217; y formar un familia. Las dudas le corroen y acaba por  caer en una profunda depresión. El día de Reyes de 2006, algo se rompe  dentro de su cabeza «A las siete de la tarde, después de una larga  sobremesa, pedí a mis padres que me llevaran a casa y me fui a la cama  directamente. Y con mi madre sentada a mi lado estallé al fin, empecé a  llorar con todas mis fuerzas, mientras le decía:</div>
<div class="p">-¡Ama, no puedo más! ¡Yo quiero morirme! ¡Yo quiero morirme!</p>
</div>
<div class="p">Sentía como si me desgarraran por dentro. Simplemente  quería dejar de sufrir, de sentir aquella pena tan intensa. (&#8230;) Y así  fue cómo decidieron ingresarme en el hospital. Aquella misma noche  llamaron y me llevaron a la sección de psiquiatría».</div>
<div class="p">Un mes después recibe el alta y vuelve a las clases de un  máster que está cursando en la prestigiosa escuela de estudios  empresariales de Barcelona (ESADE). «(&#8230;) Pero no estaba bien, no lo  sabíamos pero no estaba curada todavía, y de hecho un día caí en lo más  profundo del pozo. Un día me sentí sola, tan desgraciada, me desgarraba  una desesperación tan intensa que quise terminar con todo. Cogí los  frascos de antidepresivos, volqué en el hueco de mi mano la máxima  cantidad que pude y me los tragué, mientras, de la manera   más torpe  posible, intentaba cortarme las venas de la mano izquierda.</p>
</div>
<div class="p">Y acto seguido, muy rápidamente, antes de que las  pastillas me hicieran efecto (puesto que mi muñeca apenas sangraba) tuve  tanto miedo que llamé de inmediato al teléfono de urgencias. (&#8230;) Y ya  no recuerdo nada más, sólo que me desperté en la cama del hospital».</p>
</div>
<div class="p"> <strong class="strong">Intento de violación</strong> </div>
<div class="p">En el verano de 2006, en pleno proceso de recuperación de  su depresión, Edurne vuelve a las montañas, concretamente al Karakorum,  en un proyecto para el programa &#8216;Al filo de lo imposible&#8217; mitad  alpinístico y mitad humanitario. Camino de la cordillera hacen noche en  Chilás, un pueblo perdido en mitad de Pakistán, en una región controlada  por los talibanes.  Después de cenar sube a la azotea del hotel para  llamar a casa con el teléfono satélite.</p>
</div>
<div class="p">«Estaba llamando a casa y a punto de comunicar con mis  padres cuando, de repente, oigo un ruido y veo que el hombre que me  había atendido hacía unas horas al llegar, y que era el propietario del  hotel, aparecía por la puerta de la azotea y la cerraba tras de sí. No  entendí bien lo que hacía hasta que, inmediatamente, se me acercó y  comenzó a tocarme. (&#8230;) Empecé a pegar manotazos y patadas, pero aquel  canalla no desistía, y entonces comencé a gritar con todas mis fuerzas.  Por suerte mis compañeros de expedición me oyeron en seguida y no  tardaron ni un minuto en subir. Y no le pegaron una paliza porque al fin  y al cabo somos más civilizados (&#8230;)».</p>
</div>
<div class="p"> <strong class="strong">La muerte de tres amigos</strong> </div>
<div class="p">13 de enero de 2007. Edurne, su primo Asier Izagirre y  tres buenos amigos suyos, Luis Mari Pikabea &#8216;Loro&#8217;, Xabier Zubieta y  Xabier Saralegi, escalan la cara norte del Taillón, una de las rutas  invernales más clásicas de los Pirineos. Los dos primos formaban una  cordada y los otros tres alpinistas, otra. «En un momento dado nos  alcanzaron hasta el punto en el que estábamos, y yo, que iba la segunda  tras mi primo, empecé a hablar con &#8216;Loro&#8217;, el primero de su cordada.  (&#8230;) Y no sé qué debió pasar, si fue Xabi o Zubieta quien perdió pie,  nunca llegaré a saberlo, el caso es que, de repente, los tres se fueron  para abajo. Me quedé sin habla, me agarré a la roca, a todo lo que pude,  pasmada, como también quedó Asier, sin saber qué hacer, qué decir,  dónde mirar. Éramos conscientes de que habían muerto, no podía ser de  otro modo, pues la caída era al menos de trescientos metros. Sin decirno  apenas cuatro palabras, comenzamos a bajar poco a poco, asegurándonos  ahora en cada paso (&#8230;). Estuvimos bajando casi dos horas durante las  cuales, periódicamente, nos asaltaba todavía una brizna de esperanza,  aun siendo conscientes de que el desenlace no podía ser otro que el que  se produjo a la postre. En un momento dado le pregunté a Asier si creía  en Dios.</div>
<div class="p">-No lo sé- me constestó, jadeando, sin mirarme, sin detenerse ni un instante».</p>
</div>
<div class="p">Horas más tarde se encuentran con las familias de los  tres amigos. «En aquel momento, Asier y yo nos abrazamos, llorando como nunca lo habíamos hecho, y recuerdo que lo primero que les pedimos fue perdón, mil veces perdón, como si estuvieramos disculpándonos por estar vivos. Pero la verdad es que yo me preguntaba: &#8216;¿Por qué han sido ellos? ¿Por qué no he sido yo?&#8217; Aquel dolor era insoportable, es un momento en el que lo estás pasando tan mal que no quieres vivir. Y luego, con el tiempo, al rememorar aquel episodio, me he ido dando cuenta de que casi es una reacción de egoísmo, y sin duda de cobardía, la de preferir morir antes que sufrir o que asumir la responsabilidad, por dura que sea. Y al mismo tiempo supongo que es una reacción muy humana.»</div>
</div>
<hr />
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		<title>Un día duro</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 06:02:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando J. Pérez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ochomiles]]></category>
		<post_tag><![CDATA[annapurna]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[decisiones]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[muerte]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[reflexión]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[Hola a todos. Os escribo desde Katmandú, a donde me ha enviado el periódico para cubrir la información de las distintas expediciones vascas que hay esta primavera en el Himalaya. El objetivo inicial era sumarme al grupo de Edurne Pasaban en el Shisha, pero la actualidad manda y estos últimas días ha estado en el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola a todos. Os escribo desde Katmandú, a donde me ha enviado el periódico para cubrir la información de las distintas expediciones vascas que hay esta primavera en el Himalaya. El objetivo inicial era sumarme al grupo de Edurne Pasaban en el Shisha, pero la actualidad manda y estos últimas días ha estado en el Annapurna. En otro momento os contaré mis planes concretos para los proximos días en tierras del Himalaya.</p>
<p>Ayer fue un día duro. Nada más llegar al hotel, después de un viaje de más de 24 horas, me encontré con la noticia de la muerte de Tolo Calafat. Lo que debería haber sido una jornada de resaca post-cumbre, de felicidad completa tras saber que todos habían llegado al CB, se convirtió en un día trágico, de muertos y reproches. Los primeros, los muertos, son consustanciales a esas montañas tan duras y salvajes, pero los segundos, los reproches, no. Al menos hasta hace unos años. Últimamente, por desgracia, empiezan a ir también de la mano de la muerte cada vez que se produce una tragedia en el Himalaya. Definitivamente, los pecados de la sociedad actual se han trasladado hasta las más altas cumbres del planeta.</p>
<p>Al hilo de todo esto, quería ofreceros mi reflexión a los comentarios que ayer hicisteis a la noticia de la muerte de Tolo Calafat. Como no podía ser de otro modo, empiezo por decir que respeto todas las opiniones (salvo las insultantes). Dicho esto, creo que cuando opinamos de lo que sucede allí arriba, debemos ser conscientes de que no es lo mismo tomar una decisión (o interpretarla) a 7.000 metros de altura, medio congelado y tras 24 horas de esfuerzo sobrehumano que hacerlo sentado tranquilamente en tu casa o en la oficina delante del ordenador. </p>
<p>Ni tan siquiera tenemos que irnos tan lejos. Pensemos en situaciones vividas más cerca, en casa, pequeñas emergencias o apuros momentáneos. Momentos en los que hemos tenido que tomar una decisión urgente, inmediata, sin repercusiones trascendentales, pero que ha habido que tormarla. ¿Hemos acertado? ¿Hemos sido lo suficientemente reflexivos? ¿Hemos sido capaces de mantener la cabeza fría en ese momento? Pensarlo un momento por favor y luego trasladaros al Annapurna, a siete mil y pico metros de altitud, a situaciones en la que una decisión puede ser cuestión de vida o muerte, la tuya o la de otros. Y con ello, insisto, ni quito ni doy razones a nadie, ni a vosotros cuando opináis ni a los montañeros que han vivido esa situación. Sólo os pido que penséis un momento en lo difícil que es tomar una decisión allí arriba. Y que además el tiempo te confirme que fue la correcta. Probablemente, sea la diferencia entre la vida y la muerte. </p>
<hr />
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		<title>La coreana Go Mi-Sun muere cuando descendía del Nanga Parbat</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2009 02:45:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando J. Pérez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ochomiles]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[El Nanga Parbat, ‘La Diosa desnuda’. fue su último ‘ochomil’. Go Mi-Sun, una de las dos coreanas implicadas en la carrera femenina por ascender las 14 cimas de más de 8.000 metros de l planeta, falleció el sábado en esta montaña de 8.125 metros, localizada en el Himalaya paquistaní. Según informó Kim Jae-Soo, jefe de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Nanga Parbat,  ‘La Diosa desnuda’. fue su último ‘ochomil’. Go Mi-Sun, una de las dos coreanas implicadas en la carrera femenina por ascender las 14 cimas de más de 8.000 metros de l planeta, falleció el sábado en esta montaña de 8.125 metros, localizada en el Himalaya paquistaní. Según informó Kim Jae-Soo, jefe de su expedición y manager de Go Mi-Sun, se despeñó a 6.200 metros de altura, por encima del muro Kinshofer, cuando descendía de<IMG src="/basabide/wp-content/uploads/sites/31" id="img_2" class="imgdcha"> la cumbre. Según Kim, la alpinista, que había sumado su undécimo ‘ochomil’, se encontraba «en una zona sin cuerdas fijas, bajo condiciones climáticas adversas y sin tomar suficientes descansos». </p>
<p>Según el escalador italiano Giuseppe Pompili, que coincidió durante la ascensión con la coreana, «llegó a la cumbre sobre las seis de la tarde. Poco después se vio obligada a refugiarse detrás de una roca durante dos horas debido al fuerte viento». Pese a todo, logró alcanzar el Campo IV, donde «pasó la noche». A la mañana siguiente continuó bajando, hasta que en un tramo muy pendiente, entre el C-III y el C-II, «de hielo puro y sin cuerda fija», se cayó.</p>
<p>«Le vimos tropezar y caer hacia el glaciar», declaró otro miembro del grupo al ‘Korean Times’ de Seúl. El accidente fue visto desde el Campo Base, desde donde observaban la evolución de los alpinistas. Al ver la caída, inmediatamente dieron la voz de alarma y se inició la búsqueda. Por fin, el domingo, uno de los dos helicópteros que participan en las labores de rastreo avistó el cuerpo de la mujer sobre una estrecha repisa, mil metros más abajo del lugar de accidente y a unos cien de la vía Messner. El mal tiempo impidió el rescate del cuerpo y ayer ya no estaba allí. Hoy tenían previsto continuar la búsqueda.</p>
<p>Go Mi-Sun nació en Seúl (1966) y hasta hace apenas tres años era una perfecta desconocida dentro del himalayismo. Pero tras una meteórica carrera que le ha llevado a ascender once ochomiles desde 2006, se encontraba en plena pugna con su compatriota Oh Eun-Sun por convertirse en la primera mujer en hollar los 14 ‘ochomiles’. Se da la circunstancia de que Miss Oh, ayudada co<IMG src="/basabide/wp-content/uploads/sites/31" id="img_3" class="imgdcha">n oxígeno artificial, hizo cumbre en el Nanga Parbat una horas antes que Miss Go, con lo que sumó su duodécimo ‘ochomil’. La pelea  contrarreloj de estas dos coreanas era tan encarnizada que se había convertido en una amenaza para la carrera más ‘amable’ que mantienen desde hace un par de años las europeas Edurne Pasaban (12 ‘ochomiles’), Gerlinde Kaltenbrunner (12) y Nives Meroi (11).</p>
<p>‘Dark horse’ (’Caballo oscuro’), como era conocida en Corea Go Mi-Sun, estrenó su palmarés ‘ochomilista’ en 2006 en el Cho Oyu. Al año siguiente apretó ya el acelerador subiendo al Everest, Broad Peak y Shisha Pangma. Mantuvo el ritmo en 2008 con las ascensiones al Lhotse, K2 (donde fue uno de los supervivientes de la tragedia que costó la vida a cinco miembros de su expedición) y Manaslu; y este año había batido su propio récord al convertirse en el primer alpinista (hombre o mujer) en ascender en 72 días cuatro ochomiles: Makalu, Kangchenjunga, Dhaulagiri y Nanga Parbat. Tras este último éxito, su plan era ascender en los próximos días G-I y G-II y completar en otoño con el Annapurna los 14 ‘ochomiles’.</p>
<p>Otra cosa son los polémicos métodos que utilizaba para sumar esos colosos uno tras otro. En primer lugar estaba la planificación milimétrica de cada objetivo. Ello incluía equipos simultáneos equipando varias montañas a la vez y su traslado de un campo base a otro en helicóptero. El segundo elemento era el uso casi indiscriminado del oxígeno artificial, tanto por ella como por sus equipos de apoyo, hasta el punto de que casi todos los ochomiles ascendidos los habría conseguido con esa ayuda suplementaria.<br />
<IMG src="/basabide/wp-content/uploads/sites/31" id="img_4" class="imgdcha"><br />
La muerte de Go Mi-Sun deja sola en la carrera ‘coreana’ a Miss Oh, que es poco probable que guarde luto a su compatriota y renuncie, con una filosofía de trabajo y de uso de oxígeno artificial muy similar a Miss Go, a su plan inicial de intentar atacar los próximos días el G-I, para viajar en otoño al Annapurna y completar así Los Catorce.</p>
<p>Las que no han alterado sus planes pese al esprint de las orientales son Pasaban, Kalterbrunner y Meroi. Las tres mantienen su ritmo, y mientras la vasca prepara el asalto al Shisha Pangma en septiembre y la austriaca lucha estos días contra la gran cantidad de nieve acumulada en la ruta del Espolón SSE o Vía Vasca del K2, nada se sabe de nuevos proyectos de la italiana tras darse la vuelta en el Kangchenjunga en mayo por los  problemas físicos de su marido Romano Benet. En todo caso, y salvo cambios de última hora, ninguna de las tres tiene previsto completar los 14 ‘ochomiles’ antes de 2010.</p>
<p>Foto 1: Go Mi-Sun.<br />
Foto 2: Oh Eun-Sun.<br />
Foto 3: Go Mi-Sun durante la ascensión al Nanga Parbat, el pasado viernes (foto gentileza de Joao Garcia).</p>
<hr />
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