La revista de montaña Desnivel, en su página digital, informa del fallecimiento a finales de diciembre del gran alpinista y escalador italiano, Luciano Ghigo, a los 82 años, que pasará a la gran historia del montañismo por ser el compañero de cordada de Walter Bonatti durante la apertura, en 1951, de la cara oeste del Grand Capucin, una de las grandes clásicas de los Alpes. Fue una ascensión que marcó el inicio del artificial de dificultad y del inicio de la la época más brillante e innovadora del bergamasco Bonatti.
Luciano Ghigo nació en Turín en 1926. Durante 25 años aprendió el ‘oficio’ en los más difíciles itinerarios: el Espolón de la Brenva, en el Mont Blanc o el couloir NE al Mont Blanc du Tacul, como miembro del grupo de alta montaña CAI-UGGET.
Como antes habían sido el Espolón Walker a las Grandes Jorasses para la generación de Riccardo Cassin (Friuli, 1909) y la Aguja del Dru para la de Gaston Rébuffat, el pilar de la Oeste del Grand Capucin era el gran problema alpino sin resolver para los alpinistas de 1951. La cima había sido conquistada por E. Augusto, Adolphe y Henri Rey y L. Lanier el 24 de julio de 1924, pero le faltaba un itinerario de extrama dificultad.
Walter Bonatti, el escalador más potente y audaz del momento, tenía el sueño de alcanzar su cima por una vía completamente nueva. Primero lo intentó con Camillo Barzaghi pero ‘”una serie de temporales y precipitaciones de nieve que duran día y medio” les forzaron a la retirada. Bonatti no se arredró. Regresó tres semanas después con el poderoso Luciano Ghigo. Lo intentaron durante 80 horas, pero las tormentas y alguna caída les volvieron a rechazar. Prometieron volver.
El 20 de julio de 1951 Bonatti y Ghigo se encaraman a la gran placa. Necesitaron cuerdas de cáñamo trenzado, 160 clavijas fabricadas por ellos mismos y muchas cuñas de madera para superar 350 metros de MD sup y V+/A1 , en cuatro jornadas sin tregua. Una vez en la cumbre, cuenta Bonnati que “Ghigo y yo querríamos decirnos muchas cosas, pero nos limitamos a un apretón de manos en silencio”.
Después del Grand Capucin, la escalada que le hizo un hueco de honor en la historia alpina, continuó su carrera como guía de alta montaña, oficio que combinó con expediciones a Sudamérica. Posteriormente fue conservador del Museo de Montaña de Turín.
En la foto de ‘La Montagna’, Walter Bonatti en una ascensión en los Alpes.