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Quieren cobrar 5 euros por subir al Teide

La noticia saltaba el mes pasado: El CIT (Centro de Iniciativas Turísticas) de Tenerife ha propuesto al Patronato del Parque Nacional del Teide y al Gobierno de Canarias cobrar una tasa de 5 euros a cada uno de los visitantes que asciendan al Teide, el punto más alto de España con sus 3.718 metros. En concreto, las personas que pagarían el ‘peaje’ serían los usuarios del sendero que va desde Rambleta, cerca del rehabilitado refugio de Altavista, hasta la cima.

Como no podía ser de otra forma, la propuesta ha creado una gran polémica, especialmente entre los montañeros isleños, que en su inmensa mayoría la han rechazado radicalmente. En medio de la controversia creo que merece citar especialmente el artículo que ha publicado en su blog Pedro Millán, geógrafo, Máster en Desarrollo local y conocido alpinista canario.

En él, además que confirmar que la ley impide de raíz cualquier iniciativa de ese tipo y lanzar una dura crítica a los políticos de la isla “tan dados a la ocurrencia fácil e inconsistente cuando recorren un camino que ignoran y les resulta extraño” (creo que esta palabras se pueden extender a representante públicos de otras latitudes…), Pedro rebate punto por punto los argumento utilizados para justificar el cobro y aboga por una gestión mucho más racional y sostenible de los recursos del Parque Natural lo que sería suficiente para asegurar su mantenimiento. Por ello, pide a esos políticos que se fijen más en el modelo de gestión que se lleva a cabo en los Alpes, frente al de los espacios naturales del Tercer Mundo, donde sí que es habitual el cobro de tasas de acceso.

Aquí teneís el artículo:

Cobrar por subir a la cima del Teide: el descubrimiento de la pólvora

He pasado estos últimos días “refugiado” en las montañas del Pirineo, alejado del mundanal ruido y disfrutando de los grandiosos paisajes naturales y humanos que ofrece esta impresionante cordillera. Nada más llegar a casa, he encontrado en mi correo numerosos mensajes de alarma ante una noticia que surgía, semanas atrás, sobre la propuesta del Centro de Iniciativas Turísticas de Tenerife (CIT), de la instauración de un “peaje” de 5 euros para ascender el tramo final de sendero hasta la cima del Teide, conocido como Sendero “Telesforo Bravo”, para compensar de alguna manera, el mantenimiento de este tramo.

Bueno, alarma ninguna -he tranquilizado a mis interlocutores- por varias razones: la primera, que he sido miembro del Patronato del Teide y soy consciente de que la mayoría de sus integrantes son personas responsables y que -en ningún caso- accederían a promover semejante disparate; La segunda, en el hipotético e improbable caso de que el Patronato perdiera la cordura, las leyes vigentes no le permitirían cobrar por el transito del espacio protegido, en concreto, la Ley 5/2007 de la Red de Parques Nacionales, que define con trazos nítidos la conservación y el disfrute de los ciudadanos en estas joyas de la naturaleza, patrimonio de todos los españoles. Hay que recordar por enésima vez, que ni en Timanfaya ni en Doñana (donde se generan las confusiones más frecuentes) se cobra entrada al Parque sino que se paga por servicios, en este caso, el transporte. En los dos, como en el resto, es posible transitarlo por sus senderos habilitados, de forma absolutamente gratuita. Tampoco resulta superfluo recordar que sólo se ha transferido la gestión de estos espacios naturales a la Comunidad Autónoma, no su titularidad, que continua siendo estatal, es decir, las líneas están marcadas con claridad y no son traspasables alegremente.

La segunda parte del texto de la propuesta me ha sorprendido bastante más. Cuando se justifica la adopción de esta medida impositiva porque “es normal en todos los Parques y Espacios Naturales europeos” o que “en Europa estos asuntos se han resuelto mientras que en España han quedado estancados”. Aquí si que tengo que reconocer que me han dejado perplejo semejantes afirmaciones porque lo desconocía… Ignorante de mi, que llevo más de 20 años recorriendo espacios naturales de montaña de cuatro continentes, pero con especial obcecación en el Viejo Continente. Y debo tener una suerte bárbara, porque a mi nunca me cobraron “tasas de entrada” ni “tasas de mantenimiento de senderos”. Por si acaso, he preguntado a otros amigos, con los que comparto obsesión por este tipo de “turismo”, a ver si a ellos les habían cobrado alguna vez por subir a alguna montaña europea y -vaya por dios- también ellos se escaparon. Nada de nada.

En lugares como los Alpes, donde se encuentra -sin discusión- la cuna del montañismo y del turismo de la naturaleza, desde hace más de dos siglos, cuando De Saussure inventó el alpinismo en Chamonix (1760), y que abarcan cuatro países de la Europa más moderna, constituiría el espejo ideal para mirarnos en lo que a explotación de la naturaleza se refiere. Más allá de informaciones falsas y miradas interesadas, la realidad es que no se cobran tasas en ninguna parte. Tampoco lo necesitan, es verdad. En ese sentido, pienso en el Mont Blanc, en el Cervino, en el Jungfrau, en el Grand Paradiso, en La Barra de Los Ecrins, entre otras, montañas con tanto significado y trascendencia -o más- para las poblaciones locales y atractivo para el turista foráneo como nuestro querido Teide, supuestamente, uno de los hitos fundamentales de la “identidad canaria”. En ningún momento de la historia alpina se ha cobrado ningún tipo de peaje por acceder a sus cumbres o a sus laderas, porque se considera un patrimonio que pertenece a todos los ciudadanos por igual, un patrimonio público que no debe ni puede ser comercializado. Ahora bien, tiene razón el CIT cuando dice que en Europa están más adelantados (también en conciencia ambiental de sus dirigentes). Los gobiernos e instituciones locales, regionales y nacionales se han gastado un montón de recursos en tener los mejores entornos posibles, convirtiendo determinadas zonas en auténticos reclamos y paraísos turísticos, con muchos y variados servicios, con una oferta de calidad bien estructurada y diferenciada, formando a sus trabajadores y profesionales, desarrollando adecuadas instalaciones y una diversificada oferta hotelera, con atractivos culturales, gastronómicos, etc. Lo sé muy bien, porque eso si que he tenido que pagarlo y no es barato.

Todo ello surte de excelentes ingresos a las comunidades alpinas, a lo largo de todo el año, y constituye un verdadero motor económico de extensas zonas de los Alpes, afinado con esmero (y con errores, también) a lo largo de muchas generaciones. Por supuesto, allí a ningún empresario turístico se le ocurriría plantear una tasa o un peaje para caminar por sus senderos o ascender a sus cumbres, porque conseguiría justo el efecto contrario al deseado.

Ahora bien, fuera de Europa, son numerosos los países que cobran tasas de entrada a los parques nacionales, todos los del Tercer Mundo, desde Perú hasta Nepal, pasando por Tanzania, Pakistán, La India y un largo etcétera, dado que el estado no tiene recursos suficientes y disponibles para asegurar su conservación. No obstante dudo que queramos equipararnos a ellos en cualquier sentido.

Aclarada la cuestión mayor, es decir, que esta propuesta de cobro, poco original, equivale a reclamar el descubrimiento de la pólvora (en Canarias varios municipios lo han intentando y han fracasado) y que está abocada a morir, antes incluso de nacer, me gustaría entrar en lo que –realmente- me preocupa de esta polémica. Y no es otra cosa que el bajo nivel de educación y sensibilidad ambiental existentes entre muchos de nuestros dirigentes y representantes públicos, tan dados a la ocurrencia fácil e inconsistente cuando recorren un camino que ignoran y les resulta extraño.

No debe extrañarnos, porque es lo habitual en la mayor parte de la sociedad canaria, que sólo percibe la naturaleza como un buen lugar para chuletadas, para transito efímero de romerías o para ver la nieve. En este caso, en concreto, el medio ambiente es una vaca que puede y debe ser ordeñada, aunque suponga pan para hoy y hambre para mañana, aunque empeñemos la dignidad de una sociedad que, hoy por hoy, está muy lejos de poder equipararse con la europea, al menos en su conciencia y comportamiento ambiental. Tenemos aún mucho camino que recorrer.

Por Fernando J. Pérez e Iñigo Muñoyerro

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