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	<title>Bank Notesbancos &#8211; Bank Notes</title>
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	<description>Por Manu Alvarez</description>
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		<title>La dudosa ventaja de cancelar la hipoteca a cambio del piso</title>
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		<pubDate>Tue, 17 May 2011 12:32:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manu Alvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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		<description><![CDATA[No acabo de entender la aparente euforia que genera en una amplia mayoría de la sociedad la posibilidad de cancelar una hipoteca con la devolución del activo inmobiliario cuya adquisición fue objeto del préstamo. Tengo para mí que, en este caso, el remedio puede ser bastante peor que la enfermedad. A veces y este es [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG id="img_0" class="imgcen" src="/banknotes/wp-content/uploads/sites/5"></p>
<div align="justify">No acabo de entender la aparente euforia que genera en una amplia mayoría de la sociedad la posibilidad de cancelar una hipoteca con la devolución del activo inmobiliario cuya adquisición fue objeto del préstamo. Tengo para mí que, en este caso, el remedio puede ser bastante peor que la enfermedad. A veces y este es para mí un caso claro, una solución aparentemente populista es un auténtico abrazo de oso que puede asfixiarte.</p>
<p>Dudo que un cambio legislativo pueda modificar los compromisos que existen entre las entidades financieras y quienes han recibido en el pasado un crédito hipotecario. Me temo que en este caso esa modificación a posteriori es más seria que la que el Gobierno español ha aplicado, por ejemplo, a la producción de energía eléctrica en campos solares, que ha dejado prácticamente colgados de la brocha a muchos inversores y a no pocas entidades financieras. Las consecuencias de un cambio semejante pueden ser brutales, para unas entidades financieras que no están precisamente en su mejor momento. Y, a la vista está, cuando el sector financiero tiene gripe, el resto de la sociedad anda con pulmonía.</p>
<p>Pero, supongamos que la modificación normativa se aplica de cara al futuro y que a partir de determinada fecha todos los préstamos hipotecarios tienen, como única garantía, el bien objeto del préstamo. ¿Qué sucedería?</p>
<p>Como nadie puede obligar a un banco a dar créditos en condiciones que considere inapropiadas, es lógico pensar que las entidades financieras exigirían a sus clientes garantías adicionales. Esto es, un aval personal. Estaríamos, por tanto, en una posición idéntica a la del punto de partida y de nada serviría la modificación legal.</p>
<p>Vayamos más lejos y supongamos que una ley –ignoro si es posible hacer una cosa semejante- prohíbe literalmente a las entidades financieras establecer garantías adicionales en un crédito hipotecario. ¿Qué sucedería entonces? Pues lo lógico es pensar que se modificaría el esquema del cálculo de riesgos y con ello las condiciones de concesión de los créditos. Bancos y cajas extremarían las cautelas. Así, si en el pasado financiaban hasta el 100% del valor de un piso e incluso más –en una auténtica borrachera crediticia, cuyas consecuencias apenas hemos comenzado a pagar- y ahora no pasan del 80% salvo para clientes ‘premium’, no dudarían en rebajar hasta el 70% o incluso más el porcentaje a financiar. Con ello reducirían el riesgo que asumen ante una bajada de los precios inmobiliarios, como el que se vive en estos momentos, y la previsible demora que pueden sufrir hasta que conviertan en dinero líquido los ladrillos. </p>
<p>¿Quién puede ahorrar el 30% del valor de un piso? Los más jóvenes, seguro que no.</p>
</div>
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		<title>Rumasa: Capitalismo en estado puro</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Feb 2011 09:10:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manu Alvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[Ha saltado estos días una de las espoletas nacionales más telegrafiadas de la historia. Las dificultades del grupo empresarial Nueva Rumasa no han hecho sino comenzar. Su constante apelación a los ciudadanos con la colocación de ‘papelines’ de alta remuneración no era sino un grito casi desesperado que algunos, unos 5.000 ciudadanos, debieron interpretar de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><P style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><IMG id=img_0 class=imgcen src="/banknotes/wp-content/uploads/sites/5/242764_ruizma.JPG"></p>
<p>Ha saltado estos días una de las espoletas nacionales más telegrafiadas de la historia. Las dificultades del grupo empresarial Nueva Rumasa no han hecho sino comenzar. Su constante apelación a los ciudadanos con la colocación de ‘papelines’ de alta remuneración no era sino un grito casi desesperado que algunos, unos 5.000 ciudadanos, debieron interpretar de forma equivocada.</p>
<p>La mini-suspensión de pagos que han anunciado les permite gozar de la protección judicial durante un breve periodo de tiempo, no superior a cuatro meses. No es difícil adivinar, sin embargo, que el lio en el que se ha metido el grupo empresarial del inefable Ruiz Mateos alcanzará proporciones aún mayores, como consecuencia de la desconfianza adicional que va a generar este suceso. Si a perro flaco todo son pulgas, a empresas con problemas de pago todo son acreedores.</p>
<p>¿Engaño? En principio y salvo que se demuestre lo contrario, más bien hay que hablar de “seducción”. Un empresario busca inversores; la banca se niega a ampliarle el crédito y busca refugio en la colocación de deuda privada y también en una ampliación de capital. Encuentra gente dispuesta a arriesgarse con él. La crisis del momento y los problemas estructurales de muchas de las empresas hacen el resto. Nadie obligó a los inversores a colocar su dinero en manos de estos empresarios y, si lo hicieron, fue porque voluntariamente decidieron apostar por ese caballo. Unos días se gana y otros se pierde. Capitalismo en estado puro, nada más. El resto son milongas pamperas. </p>
<p>El pequeño matiz de esta historia está en un estudio sociológico que nadie ha hecho todavía y que echo en falta. ¿Qué motivó a esos 5.000 inversores a poner su dinero en manos de este empresario? ¿Sólo la búsqueda de una alta remuneración para sus ahorros? En este caso no lo creo. Tengo para mí, que en muchos de esos inversores había también una motivación romántica. La de ayudar al pobre Don José María a reconstruir el panal que, pensarán, le robó el PSOE en aquella primera legislatura de Felipe González.</p>
<p>Creo firmemente en la libertad de Ruiz Mateos y los suyos para hacer negocios y arruinarse, de la misma forma que esos inversores han optado, libremente, por colocar parte de su patrimonio en el proyecto. No hay que rasgarse las vestiduras por ello. Son cosas de la vida. Ahora bien, lo que el Código Penal debería recoger es un castigo severo e inflexible para cualquier empresario que levanta los dedos haciendo la señal de victoria, el mismo día en que anuncia que deja de pagar sus deudas y que va a proponer a sus acreedores apuntar una parte de las mismas en la barra de hielo. Lo de arriesgar y perder es capitalismo, lo de los dedos es tomadura de pelo.</p>
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		<title>Equipos de fútbol y cajas de ahorros</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Feb 2011 09:10:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manu Alvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG id=img_0 class=imgcen src="/banknotes/wp-content/uploads/sites/5/rato.JPG"><br />
 <DIV align=justify>Hay una curiosa similitud en la evolución que han seguido en los últimos años los equipos de fútbol españoles y la trayectoria que acaban de iniciar las cajas de ahorros. Los primeros tuvieron que optar entre mantener el tradicional esquema de clubs como asociaciones deportivas o acceder a una estructura de sociedades mercantiles. Con características un tanto especiales, pero con muchas de las oportunidades y obligaciones que caracterizan a las de las sociedades anónimas. Esto es, accionistas que se juegan su dinero y socios que mandan en función, precisamente, del riesgo que asumen en el capital. No todos han seguido el mismo camino. Así, el Málaga lo puede comprar un jeque árabe de la familia Al Thani -el mismo que le propuso recientemente al lehendakari Patxi López montar un gran complejo turístico si le regalaba unos cuantos montes de Euskadi-, mientras Real Madrid, Barcelona y Athletic de Bilbao, por ejemplo, mantienen la estructura clásica de asociación. </p>
<p>Las cajas de ahorros tienen que optar ahora por preservar su clásica configuración de entidades parapúblicas, con una propiedad difuminada, con órganos de representación que representan a sus entidades fundadoras, a los clientes -al menos formalmente-, a los ayuntamientos en los que operan y también a sus empleados o transformarse en bancos. En esta segunda opción, los partidos políticos que son los que actúan como auténticos “accionistas delegados” en las cajas, están obligados a buscarse socios que arriesguen su dinero. Esto es, podrá aterrizar otro jeque, de la familia Al Thani o de otra similar, con la máquina de chorrear dólares montada en un Rolls y comprarse la Caja de San Quirico del profesor Abadía. Y sin que se le mueva el turbante.</p>
<p>Así las cosas, podrán mantener el viejo esquema quienes hayan hecho una gestión prudente de lo que tenían entre manos y hayan mantenido un equilibrio para conjugar el triángulo que forman ingresos, gastos y riesgo. Como en los clubs de fútbol, me temo, será difícil alcanzar un acuerdo sobre cuál de los dos modelos es mejor para conseguir los objetivos que se persiguen.</p>
<p>Hay, sin embargo, una sutil diferencia en este paralelismo. En el sector financiero no existe una televisión que soporte con sus contratos la cuenta de resultados de las cajas de ahorros. Me temo que si sus presidentes venden los derechos de retransmisión de los análisis de riesgo, las concesiones de crédito, las imposiciones a plazo, etc., el &#8216;reality&#8217; resultante no tendría demasiado éxito y el &#8216;share&#8217; de pantalla sería marginal. </p>
<p></DIV></p>
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		<title>¿Libre competencia? ¿Naranja o limón?</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Feb 2009 07:37:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manu Alvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[Atacar a los bancos y cajas de ahorros es un deporte habitual. Al fin y al cabo son poderosos, vivimos en casas que son más suyas que nuestras, su interés por nosotros tiene precio y son como esos malos amigos que cuando más los necesitas, cuando más débil te encuentras, más se alejan. Pero no [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><FONT face=Calibri size=3>Atacar a los bancos y cajas de ahorros es un deporte habitual. Al fin y al cabo son poderosos, vivimos en casas que son más suyas que nuestras, su interés por nosotros tiene precio y son como esos malos amigos que cuando más los necesitas, cuando más débil te encuentras, más se alejan. Pero no está mal, al menos un par de veces al año, disponerse a mirar las cosas desde su lado de la trinchera. Voy a pagar la ‘factura bondadosa’ del primer semestre.</FONT></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><FONT face=Calibri size=3>Hace ya tiempo que tengo la sensación de que el sistema financiero español juega en inferioridad de condiciones. Es algo así como el mejor alumno de la clase (bien es verdad que de un curso bastante bajo en calificaciones), sobrepasado en los exámenes por una panda de hábiles copiones. Parece un contrasentido, frente a la idea generalizada de que el sistema bancario español es uno de los más fuertes, si no el que más, del viejo continente. </FONT></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><FONT face=Calibri size=3>¿Es lógico que bancos y cajas se vean obligados a competir con entidades extranjeras que han recibido ayudas directas de sus respectivos Gobiernos? El pasado mes de octubre, el grupo holandés ING recibió la inyección ‘en vena’ de 10.000 millones de euros, mediante la suscripción de acciones sin derecho a voto por parte de la Administración de su país. Independientemente de la fórmula, la medida supuso la entrega de un dinero al grupo financiero para mejorar sus fondos propios y su solvencia. El ‘banco naranja’ mantiene en España una agresiva política de captación de fondos, con ofertas de cuentas corrientes que durante los cuatro primeros meses ofrecen rentabilidades del 5,25%. Claro, así cualquiera…. Si uno tiene detrás al ‘primo del tulipán’, que te rellena el bidón de oxígeno cuando está a punto de acabarse, puedes ir a pegarte al mercado con cualquiera.</FONT></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><FONT face=Calibri size=3>Hay que valorar, además, que cerrado o con cuenta-gotas el mercado interbancario; dormido <SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>todavía, salvo un par de casos honrosos, el mercado de capitales y bloqueada también la posibilidad de renovar el endeudamiento exterior, la captación del ahorro de los particulares se ha convertido en una de las escasas posibilidades de crecimiento de las entidades financieras.</FONT></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><FONT face=Calibri size=3>Y eso en lo que respecta a la competencia en el mercado español, pero no es el único caso. El Santander y su filial Abbey National, al fin y al cabo, se las tienen que ver todos los días en el mercado británico con un buen número de entidades que han sido ayudadas sin tapujos por el Banco de Inglaterra.</FONT></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><FONT face=Calibri size=3>Alguien puede considerar que la banca española también ha recibido ayudas del Gobierno. Lo que sucede es que, ni de lejos, son de las mismas características. Han podido vender activos a precio de mercado y ahora pueden acceder a avales para la emisión de deuda. Ninguna de las dos medidas tiene un efecto directo sobre la mejora de sus fondos propios. </FONT></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><FONT face=Calibri size=3>Lo cierto es que, desde que se desató la crisis financiera y más aún desde que la Unión Europea decidió que no cometería la torpeza de dejar caer un gran banco, como había hecho el Gobierno norteamericano con Lheman, el principio comunitario de no intervenir para evitar daños en la libre competencia ha saltado hecho añicos. Ahora sólo queda por saber si este caos, en las ayudas y en la competencia, sirve de algo o, por el contrario, contribuye a un mayor deterioro. </FONT></p>
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