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	<title>Visita a la pingüinera de Morro Baily | Una científica vasca en la Antártida - Blog elcorreo.com</title>
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		<title>Visita a la pingüinera de Morro Baily | Una científica vasca en la Antártida - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Feb 2012 11:53:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Janire Prudencio</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Fauna]]></category>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p align="JUSTIFY">La rutina está haciendo que los días pasen rapidísimo aquí en la Antártida, aunque en estas semanas hay algunos días que recuerdo con especial cariño y que no me gustaría que se pasasen por alto.</p>
<p align="JUSTIFY">Los investigadores de proyecto de Javier Benayas que analizan los impactos del turismo en diferentes puntos de Isla Decepción debían de ir a la pingüinera de Morro Baily (la más grande de pingüino Barbijo de toda la Antártida), para hacer mediciones de metales pesados y para intentar coger alguna pluma de los pingüinos para medirles el estrés. No tenían programado el día, porque tenía que ser un día que hiciese buen tiempo y prever aquí un día así, con sol y con poco viento, es misión imposible. Normalmente tenemos entre 5 y -5 ºC, pero la sensación térmica puede bajar notablemente si tenemos fuertes rachas de viento y raro es el día en el que no sopla el viento por aquí.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p align="JUSTIFY">Pero el 26 de enero amaneció soleado, el primer día soleado de lo que llevaban de campaña y apenas había viento, era el día perfecto. El jefe de la base nos preguntó a los diferentes proyectos si queríamos ir de apoyo, y como mi compañero Alfonso que estaba de ocupado en la base y no podía ir, tuve la gran suerte de acompañarles. Fue un día mágico, impresionante, espectacular.</p>
<p align="JUSTIFY"><a href="/antartida/wp-content/uploads/sites/43/2012/02/pinguinera.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-91" title="Camino de Morro Bailey" src="/antartida/wp-content/uploads/sites/43/2012/02/pinguinera.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://blogs.elcorreo.com/antartida/wp-content/uploads/sites/43/2012/02/pinguinera.jpg 600w, https://blogs.elcorreo.com/antartida/wp-content/uploads/sites/43/2012/02/pinguinera-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px"></a></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p align="JUSTIFY">Nos trasladamos en zodiac hasta Balleneros y desde allí, cogiendo una vaguada llegamos a la ventana del chileno y desde allí fuimos atravesando el glaciar del monte Pond hasta llegar a morro Baily. Las vistas eran increíbles, se veía la costa recta de la isla perfectamente, no podían haber elegido un nombre mejor porque es extrañamente rectísima. Vimos la formación geológica a la que llaman aguja de máquina de coser y allí, a lo lejos, empezaban a verse un montón de pequeñas manchas blancas que se movían: ¡¡eran los pingüinos!!</p>
<p align="JUSTIFY">Después de alrededor de 4 horas de caminata llegamos al primer cerro de la pingüinera, la distancia al mar es considerable y parece increíble que los pingüinos hayan llegado hasta allí. En todos los cerros que tenemos a la vista hay pequeños grupos de pingüinos. Los barbijos tienen una característica especial y es que elijen a las parejas según si les gusta o no el nido de piedritas circular que han preparado.</p>
<p align="JUSTIFY"><a href="/antartida/wp-content/uploads/sites/43/2012/02/pingu.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-92" title="Pingüinos de Morro Bailey" src="/antartida/wp-content/uploads/sites/43/2012/02/pingu.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.elcorreo.com/antartida/wp-content/uploads/sites/43/2012/02/pingu.jpg 600w, https://blogs.elcorreo.com/antartida/wp-content/uploads/sites/43/2012/02/pingu-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px"></a></p>
<p align="JUSTIFY">Nos fijamos que los polluelos ya están en fase de guardería, los padres agrupan a los polluelos en un rincón y los cuidan entre todos. Es gracioso ver a los polluelos porque parecen peluches con ese plumaje gris, dan ganas de llevarte uno a casa, pero las normas aquí son estrictas, debemos de estar a más de 5 metros de los pingüinos para no perjudicarles. Según nos vamos acercando al mar vemos que están perfectamente organizados, por un carril van los pingüinos que regresan a los nidos y por el otro, los que van en busca de alimentos al mar, ¡es como una autopista! Es increíble mirar a un lado y al otro y ver pingüinos por todas partes. Algunos están tumbados en la tierra, otros dando saltos entre las rocas para llegar “a casa”, otros alimentando a los polluelos…es un verdadero espectáculo. Aprovechando el buen tiempo, podemos comer en la playa de la costa recta, entre glaciares, rodeados de pingüinos y disfrutando de la tranquilidad de la isla…</p>
<p align="JUSTIFY">Un día maravilloso, como el siguiente… ¡Pero eso lo dejo para otro día!</p>
</body></html>
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