{"id":95,"date":"2010-02-15T12:45:00","date_gmt":"2010-02-15T12:45:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/animaladas\/?p=95"},"modified":"2010-02-15T12:45:00","modified_gmt":"2010-02-15T12:45:00","slug":"homo-diluvii-testis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/animaladas\/2010\/02\/15\/homo-diluvii-testis\/","title":{"rendered":"Homo diluvii testis"},"content":{"rendered":"<p><meta http-equiv=\"Content-Type\" content=\"text\/html; charset=utf-8\"><meta name=\"ProgId\" content=\"Word.Document\"><meta name=\"Generator\" content=\"Microsoft Word 12\"><meta name=\"Originator\" content=\"Microsoft Word 12\"><link rel=\"File-List\" href=\"file:\/\/\/D:%5CDOCUME%7E1%5CJUANIG%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_filelist.xml\"><link rel=\"themeData\" href=\"file:\/\/\/D:%5CDOCUME%7E1%5CJUANIG%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_themedata.thmx\"><link rel=\"colorSchemeMapping\" href=\"file:\/\/\/D:%5CDOCUME%7E1%5CJUANIG%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_colorschememapping.xml\">\n<p class=\"MsoNormal\">He tomado el texto que sigue del libro \u201cArarat\u201d del periodista holand\u00e9s Frank Westerman (2007) (pgs.: 147 y siguientes de edici\u00f3n en espa\u00f1ol de 2009 en Ediciones Siruela\/Debolsillo):<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">\u201cTen\u00eda la intenci\u00f3n de ver un f\u00f3sil muy concreto que ya se conservaba desde hac\u00eda dos siglos en el museo. La pieza, conocida mundialmente con el nombre de <i style=\"\">homo diluvi testis<\/em> [el hombre que fue testigo del diluvio], hab\u00eda sido descubierta en 1725 por el suizo Johan Jakob Scheuchzer.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">-Un f\u00f3sil es la huella de una planta o un animal en una piedra \u2013me escuch\u00e9 decir-. Es parecido a la que deja tu pie en la arena.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Aunque esa definici\u00f3n abr\u00eda la puerta a nuevas preguntas, por el momento Vera guardaba silencio. Estrictamente hablando, \u201cel hombre del diluvio\u201d no era una huella, sino un esqueleto petrificado. Su descubridor, Johan Jakob Scheuchzer, trabajaba de m\u00e9dico en Z\u00farich. A la pregunta \u201c\u00bfqu\u00e9 son f\u00f3siles?\u201d, habr\u00eda contestado: \u201csignos de la omnipotencia de Dios\u201d. O en t\u00e9rminos m\u00e1s factuales: vestigios del diluvio grabados en la roca. \u00bfC\u00f3mo se explica si no la presencia de conchas, ammonites y artemias salinas en las laderas del Jungfrau o del Matterhorn?<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Scheuchzer, hijo de dentista, se cri\u00f3 en las postrimer\u00edas del siglo XVII en un entorno protestante en el que el teatro y la danza eran tachados de culto a Satan\u00e1s. Curs\u00f3 sus estudios universitarios en la ciudad no tan ortodoxa de N\u00faremberg, donde entr\u00f3 en contacto con las pol\u00e9micas ideas de Spinoza. El fil\u00f3sofo neerland\u00e9s aseveraba que Dios no era un juez de paz que obrase a conciencia, sino una entidad que coincid\u00eda con Su Creaci\u00f3n. A su juicio, Dios se revelaba \u00fanicamente en la naturaleza, \u00c9l era la naturaleza, ni m\u00e1s ni menos. Scheuchzer, reacio a tanta modernidad, cre\u00eda que todo conocimiento de la naturaleza contribu\u00eda al conocimiento y a la aceptaci\u00f3n del Dios de la Biblia y que esa aceptaci\u00f3n hab\u00eda de ser la meta final de la ciencia. Con ese convencimiento parti\u00f3 a Utrecht en 1694 para ense\u00f1ar medicina, pero pronto regresar\u00eda a los Alpes, atormentado por la a\u00f1oranza.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Fiel a la vocaci\u00f3n de naturalista al servicio de Dios, Scheuchzer consagr\u00f3 su vida a tratar de dilucidar sistem\u00e1ticamente todos y cada uno de los fen\u00f3menos f\u00edsicos mencionados en la Biblia, siendo el m\u00e1s importante la subida de las aguas en \u00e9poca de No\u00e9. En tiempos de Scheuchzer parec\u00eda faltar tan s\u00f3lo un eslab\u00f3n a la prueba de que el diluvio se hab\u00eda desarrollado seg\u00fan la letra del G\u00e9nesis: un esqueleto humano petrificado. En ninguna gruta o pared rocosa se hab\u00eda hallado el f\u00f3sil de una persona muerta por ahogo. La explicaci\u00f3n teol\u00f3gica de ese vac\u00edo era que Dios ni siquiera hab\u00eda admitido que los pecadores sobrevivieran fosilizados, pero Scheuchzer no se conform\u00f3 con esa teor\u00eda. En su opini\u00f3n deb\u00edan existir estratos repletos de seres humanos ahogados y solidificados en el lodo. Emprendi\u00f3 una expedici\u00f3n tras otra hasta que, finalmente, encontr\u00f3 su <i style=\"\">homo diluvii testis<\/em> en una cantera de pizarra cercana al lago Constanza. Se trataba de una osamenta fr\u00e1gil que Scheuchzer present\u00f3 con autoridad (y \u00e9xito) como la prueba definitiva del diluvio.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">En <i style=\"\">Physica sacra<\/em>, su <i style=\"\">opus magnum<\/em>, le dedic\u00f3 la siguiente descripci\u00f3n: \u201cNo cabe la menor duda de que esta pizarra contiene la mitad \u2013o casi la mitad- del esqueleto de un ser humano y que la osamenta y tambi\u00e9n la carne y las partes a\u00fan m\u00e1s blandas se han fundido con esta piedra. En resumen: \u00e9ste es uno de los vestigios excepcionales de aquella raza maldita que qued\u00f3 sepultada bajo las aguas\u201d.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">[\u2026]<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Al fondo de la segunda sala de f\u00f3siles, a mano izquierda, me top\u00e9 con el hombre \u201cque fue testigo del diluvio\u201d de Scheuchzer. La pieza de inventario 8.432 result\u00f3 ser una piedra de color verde mar con huesos amarillentos: un cr\u00e1neo con enormes \u00f3rbitas vac\u00edas sobre una espina dorsal de la que colgaban unos brazos m\u00ednimos e indefensos.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0.0001pt 14.2pt;\"><strong><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 115%; font-family: \"Calibri\",\"sans-serif\";\">Lugar de encuentro: \u00d6hningen.<o:p><\/o:p><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0.0001pt 14.2pt;\"><strong><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 115%; font-family: \"Calibri\",\"sans-serif\";\">Adquisici\u00f3n: Objeto comprado, tras arduas negociaciones, por catorce luises de oro al profesor Van Marum en 1802.<o:p><\/o:p><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-left: 14.2pt;\"><strong><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 115%; font-family: \"Calibri\",\"sans-serif\";\">Leyenda original de Scheuchzer: Triste osamenta de un viejo pecador, ahogado en el diluvio.<\/span><\/strong><em><\/em><\/p>\n<p><strong><\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong><\/strong><strong><\/strong>Vera ya se hab\u00eda dirigido a la sala de los instrumentos, pero volvi\u00f3 sobre sus pasos, queriendo saber qu\u00e9 miraba. <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">-Una salamandra- expliqu\u00e9 y, despu\u00e9s de cogerla en brazos, le coment\u00e9-: Mira, \u00bfves esas dos patitas delanteras? Esas le serv\u00edan para arrastrarse por el suelo.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Durante casi noventa a\u00f1os, para ser precisos hasta 1811, el vestigio del diluvio estuvo clasificado como &#8220;hombre&#8221;.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Tras la muerte de Scheuchzer afloraron las primeras dudas. \u00bfNo se semejaba el esqueleto al de un siluro o un lagarto gigante? Al final fue el anatomista Georges Cuvier quien desenmascar\u00f3 p\u00fablicamente al \u201chombre del diluvio\u201d. Ese genio franc\u00e9s, un protestante no menos devoto que Scheuchzer, ya hab\u00eda demostrado durante una clase magistral en Par\u00eds que los \u201celefantes\u201d peludos hallados en el hielo de la tundra siberiana no eran elefantes arrastrados por el diluvio, sino miembros de otra especie extinguida: el mamut. Durante una visita al museo Teylers de Haarlem emul\u00f3 aquella proeza esculpiendo un poco m\u00e1s el f\u00f3sil del hombre diluviano. Se hab\u00eda tra\u00eddo el dibujo de un esqueleto de salamandra y vaticin\u00f3 a los presentes d\u00f3nde aparecer\u00edan las patas delanteras.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Su previsi\u00f3n se cumpli\u00f3 a rajatabla y, desde entonces, las \u00f3rbitas vac\u00edas del f\u00f3sil reflejaban la obcecaci\u00f3n religiosa de eruditos como Johann Jakob Scheuchzer, un hombre de ciencia cuya f\u00e9 en Dios le llev\u00f3 a confundir un anfibio con un ser humano\u201d.<\/p>\n<p>  <span style=\"font-size: 12pt; line-height: 115%; font-family: \"Calibri\",\"sans-serif\";\">Hasta ah\u00ed la cita, literal, de la obra de Westerman. Cuando le\u00ed estos p\u00e1rrafos, no pude dejar de pensar que la salamandra en cuesti\u00f3n hab\u00eda de ser de considerable tama\u00f1o. Las salamandras de nuestra era son mucho m\u00e1s peque\u00f1as y parece ser que hay una raz\u00f3n para ello. Pero ya es suficiente por hoy; a esa raz\u00f3n me referir\u00e9 en la pr\u00f3xima entrada.<\/span><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>He tomado el texto que sigue del libro \u201cArarat\u201d del periodista holand\u00e9s Frank Westerman (2007) (pgs.: 147 y siguientes de edici\u00f3n en espa\u00f1ol de 2009 en Ediciones Siruela\/Debolsillo): \u201cTen\u00eda la intenci\u00f3n de ver un f\u00f3sil muy concreto que ya se conservaba desde hac\u00eda dos siglos en el museo. 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