{"id":167,"date":"2010-08-09T09:29:00","date_gmt":"2010-08-09T09:29:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/aletheia\/?p=167"},"modified":"2010-08-09T09:29:00","modified_gmt":"2010-08-09T09:29:00","slug":"el-hombre-bendijo-bombas-atomicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/aletheia\/2010\/08\/09\/el-hombre-bendijo-bombas-atomicas\/","title":{"rendered":"El hombre que bendijo las bombas at\u00f3micas"},"content":{"rendered":"<p>Continuando con el post anterior, hoy es el 65\u00ba aniversario del lanzamiento de la bomba at\u00f3mica sobre Nagasaki. Se ha contado mil y una veces lo que sucedi\u00f3 con \u2018Fat Man\u2019, el hermano mayor de \u2018Little boy\u2019, el \u2018Muchachito\u2019 que hab\u00eda arrasado tres d\u00edas antes Hiroshima. \u2018El Gordo\u2019 ten\u00eda una potencia muy superior y acab\u00f3 con la vida de 70.000 personas. Sin embargo, es menos conocido que el piloto del \u2018Bockscar\u2019, el B-29 que transport\u00f3 el artilugio, era un cat\u00f3lico llamado Charles W. Sweeney. Lo importante de esta historia no est\u00e1 en el propio Sweeney, que, como la mayor\u00eda de sus colegas, no mostr\u00f3 a lo largo de su vida dudas sobre su acci\u00f3n, sino en el sacerdote del Grupo 509, el de la bomba at\u00f3mica.<\/p>\n<p><IMG src=\"\/aletheia\/wp-content\/uploads\/sites\/7\" id=\"img_0\" class=\"imgizqda\">George Zabelka ten\u00eda por entonces treinta a\u00f1os. Como tantos otros, este joven idealista de origen austriaco se hab\u00eda alistado dos a\u00f1os antes ansioso por demostrar que pod\u00eda contribuir a la defensa de los Estados Unidos. Su misi\u00f3n no era combatir, sino cubrir las necesidades espirituales del mencionado Grupo 509, la unidad creada en 1944 con la \u00fanica misi\u00f3n de lanzar las bombas at\u00f3micas sobre Jap\u00f3n.  Como gran parte de los religiosos integrantes de las fuerzas armadas, Zabelka no ve\u00eda ning\u00fan dilema moral en que un sacerdote animara al combate. Sus superiores no ten\u00edan la m\u00e1s m\u00ednima duda al respecto. De hecho, en una multitudinaria misa oficiada hacia el final de la guerra a la que acudi\u00f3 el joven capell\u00e1n, el cardenal arzobispo de Nueva York, Francis Spellman, hab\u00eda insistido en la necesidad de continuar luchando por la libertad y la justicia. Se trataba de una \u2018guerra justa\u2019. \u201cEs cierto, se dedicaban a matar y combatir, pero eso no me impresionaba. Yo cre\u00eda que estaba perfectamente bien\u201d, dec\u00eda por entonces el padre Zabelka.<\/p>\n<p><strong>Peregrinaci\u00f3n a Jap\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Las convicciones del sacerdote comenzaron a tambalearse cuando supo que Nagasaki era una ciudad mayoritariamente cat\u00f3lica. De hecho, ten\u00eda su propia catedral, la catedral de Urakami, que qued\u00f3 reducida a cenizas por la explosi\u00f3n. Sweeney, \u2018su\u2019 piloto cat\u00f3lico, hab\u00edan matado a miles de correligionarios. Despu\u00e9s del ataque, Zabelka pudo hablar con los supervivientes y visitar los hospitales donde agonizaban ni\u00f1os inocentes. \u201cMuchos de ellos permanec\u00edan en silencio, callados por completo, sin moverse, muriendo\u201d, observ\u00f3 consternado. En lugar de regresar a Estados Unidos, el atormentado sacerdote decidi\u00f3 quedarse en el norte de Jap\u00f3n trabajando como capell\u00e1n. Cuando finalmente regres\u00f3 a casa, nadie quer\u00eda hablar de la guerra. Las atrocidades cometidas en Corea y Vietnam y el ejemplo de Martin Luther King, con el que colabor\u00f3 en la lucha por los derechos civiles, le convencieron todav\u00eda m\u00e1s de su error. Su fe cristiana era incompatible con la guerra. Fue entonces cuando el hombre que bendijo las bombas at\u00f3micas se convirti\u00f3 en un ferviente pacifista.<\/p>\n<p>George Zabelka no fue el \u00fanico hombre que se arrepinti\u00f3 por su participaci\u00f3n en los bombardeos nucleares sobre Jap\u00f3n. Ah\u00ed est\u00e1n los casos mencionados en el post anterior del propio Oppenheimer, Joseph Rotblat o Le\u00f3 Szil\u00e1rd, pero ninguno de ellos cargaba con la responsabilidad moral de haber bendecido las bombas.<\/p>\n<p>En 1984, el padre Zabelka viaj\u00f3 a Jap\u00f3n para hacer una peregrinaci\u00f3n desde Tokyo a Hiroshima. El hombre que bendijo las bombas volv\u00eda para pedir perd\u00f3n a los &#8216;hibakushas&#8217;, los japoneses supervivientes de los bombardeos nucleares. Durante la guerra, ni uno solo de sus sermones hab\u00eda condenado la muerte de civiles en los raids a\u00e9reos impulsados por los altos mandos estadounidenses. Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s ped\u00eda perd\u00f3n &#8220;por m\u00ed, por mi pa\u00eds y por mi iglesia&#8221;.<\/p>\n<div>\n<\/div>\n<div>P.D. La versi\u00f3n impresa de este post, con alguna peque\u00f1a diferencia, puede verse <A href=\"http:\/\/www.elcorreo.com\/vizcaya\/v\/20100808\/mundo\/bendicion-bomba-atomica-20100808.html\" title=\"http:\/\/www.elcorreo.com\/vizcaya\/v\/20100808\/mundo\/bendicion-bomba-atomica-20100808.html\" id=\"link_0\">aqu\u00ed<\/a> <\/p>\n<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Continuando con el post anterior, hoy es el 65\u00ba aniversario del lanzamiento de la bomba at\u00f3mica sobre Nagasaki. 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