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	<title>Aletheiaroma &#8211; Aletheia</title>
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		<title>¿Puede una civilización olvidarse de la rueda? Pues sí</title>
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		<pubDate>Mon, 31 May 2010 10:13:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El ordenador, la electricidad, los coches, la televisión, los móviles, Internet&#8230;, son logros tecnológicos que damos por hecho, están ahí y sólo desaparecerán si surge una tecnología superior, pensamos. Tenemos grabada a fuego la idea de que el progreso es lineal, acumulativo, continuo, irreversible; quinientos años de civilización occidental a la cabeza del mundo nos dan esa seguridad. Louis Le Comte, un misionero jesuita que viajó a China en 1687, dejó un testimonio claro de la diferencia radical entre la cultura china y la europea: “Los chinos valoran más el objeto más defectuoso de la antigüedad que el más perfecto de los modernos, siendo en ello muy diferentes a nosotros -los europeos-, que sólo amamos lo que es nuevo”. Pues bien, esta seguridad es falsa. Mucho más de lo que nos podemos imaginar.</p>
<p>Empecemos por la propia China. A ella le debemos el papel, la pólvora, la imprenta, los compartimentos estancos de los barcos y un sinfín más de innovaciones. Hacia el año 1400 tenían los conocimientos más que suficientes para lanzarse al mar y adelantarse a los europeos en la llegada a América. Su civilización era tan rica, que incluso quienes les conquistaban (caso de los mongoles) acababan siendo asimilados. Eran el ‘imperio celeste’, el centro mismo del universo. Pues bien, tanta superioridad hizo que se durmieran en los laureles de la gloria y se olvidaron de algo tan básico para un imperio como los <strong>cañones</strong>. Los conocían desde el siglo XIII, pero dado que sus enemigos no los tenían, dejaron de utilizarlos. Las murallas de las ciudades tenían emplazamientos para ellos, pero estaban vacíos. Así de simple. Cuando los europeos, que sí que los tenían y los utilizaban mejor que bien, llegaron a sus puertas, los chinos vieron la dimensión del problema: en 1621 los portugueses de Macao regalaron al emperador cuatro cañones para granjearse su favor. ¿Sabéis qué sucedió? Que tuvieron que enviar a cuatro artilleros para enseñarles cómo funcionaban. </p>
<p>Los mamelucos egipcios protagonizaron un caso todavía más llamativo: estos <strong>olvidaron el uso de la rueda</strong> (por si os interesa la referencia, la información procede del libro de <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/5/27/-es-tan-malo-consumismo-" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/5/27/-es-tan-malo-consumismo-" id="link_0">David S. Landes</a>  ‘La riqueza y la pobreza de las naciones. Por qué unas son tan ricas y otras tan pobres’, pág. 368.) El colmo de los colmos para una elite de guerreros que no utilizaban el carro de combate en una tierra en donde éste se conocía desde tiempos bíblicos. Si una sociedad es capaz de olvidar el uso de un adelanto tan fundamental como la rueda, es claro que no podemos dar por sentado el progreso lineal.</p>
<p>Pero es en Europa donde se encuentra quizás la prueba más palpable de lo que supone un atraso civilizatorio: aquí se (nos) <strong>olvidó incluso el hablar bien</strong>. Sucedió con la caída del Imperio romano. El latín clásico comenzó a empobrecerse de manera espectacular; simplemente a la mayor parte de la gente le comenzaba a resultar cada vez más difícil entender los textos de Cicerón, César o Polibio. La Edad Media trajo de la mano una caída tal de la vida urbana, del comercio y de la cultura, que simplemente se les olvidó el buen latín. Así, como suena. Las glosas, las primeras palabras escritas en castellano, no son más que las explicaciones que los monjes hacían al margen de los textos latinos, que ya no se entendían. Con la Biblia pasó algo similar. Las autoridades consideraban -seguramente con razón- que era un texto demasiado difícil para leerlo directamente. Por eso proliferaron las colecciones de citas y fragmentos -siempre en latín, claro-. Y también proliferaron <strong>preguntas de los más curiosas</strong>: ¿el sudor del cuero cabelludo huele más que el de otras partes del cuerpo?, ¿es verdad que se tienen los ojos vueltos hacia arriba cuando uno se acuesta son una mujer o cuando se muere, pero se vuelven hacia abajo cuando se duerme?, ¿los imbéciles son todavía más bestias con luna llena? o ¿las orejas caídas son signo de nobleza? </p>
<p>Otra prueba de regresión se encuentra en el <strong>arte</strong>. Aproximadamente desde el siglo III d.C., la escultura comienza a hacerse tosca, esquemática, ajena por completo a la realidad. Algunos especialistas han pensado que se trataba de una elección estética -abandonar el realismo-, pero si tenemos en cuenta que se habían olvidado ya de su propia lengua, no parece difícil pensar que simplemente ya no sabían hacerlo. Si os cabe alguna duda, comparad el Augusto de Prima Porta y el busto de Constantino, o los frisos del Partenón con los capiteles del Prerrománico o del Románico<br />
<IMG src="/aletheia/files/bueno.jpg" id="img_0" class="imgcen"></p>
<p>Por imposible que parezca, podría suceder que nos olvidásemos de los ordenadores, de la electricidad, de las técnicas médicas, de todo eso que llamamos progreso tecnológico. Es difícil saber por qué, pero también parecía imposible olvidarse de la rueda y sucedió.</p>
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		<title>Récords, espectáculo y credibilidad</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jul 2009 17:05:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>La natación se encuentra en una encrucijadad: permitir el aluvión de récords y mantener así la atención de los medios o apostar por su credibilidad. Estos días se celebran los mundiales de natación y todo hace pensar que se van a batir más de treinta récords mundiales. Los medios de comunicación, siempre ávidos de lo extraordinario, le están prestando gran atención. Es éste un objetivo ansiado por este deporte, que sólo parece interesar al gran público cada cuatro años, coincidiendo con los Juegos Olímpicos. ¿Cuál es el problema de este repentino eco? Muy sencillo: que para ser noticia está perdiendo toda credibilidad.</p>
<div>
Los medios, por definición, buscan la noticia, lo extraordinario, lo que se sale de lo normal, el escándalo. En el caso de los deportes, lo extraordinario se liga con con los triunfos espectaculares o récords (el triplete del Barça o las marcas de Bolt), los accidentes (la Fórmula 1 -es significativo que todavía se esté hablando del accidente de Massa y no de la carrera en sí), las peleas (el hockey sobre hielo sólo lo conocemos por ello) o el dopaje (el ciclismo es el caso más evidente). </div>
<div>
El caso de la natación remite a la primera de las posibilidades, la de los récords. La cascada de plusmarcas comenzó el año pasado y se ha incrementado en éste; tan es así, que raro será que no se batan más de treinta récords en Roma. La causa de los mismos -dicen- son los bañadores de última generación. Era justo lo que necesitaba este deporte tan apasionante: llamar la atención. La sospecha viene cuando marcas que han permanecido intactas durante años parecen hoy ridículas ante el empuje de estas innovaciones. </div>
<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgcen"></p>
<div>Un ejemplo: hasta el año pasado, el récord mundial de los 50 metros libre era 21,64 segundos, una marca realizada por Alexander Popov en el año 2000. Desde que Eamon Sullivan la batiera por primera vez en 2008 dejándola en 21.56, los récords se han sucedido hasta dejarla Frederick busquet en 20,94 en abril de este mismo año. Si tenemos en cuenta que Popov -el mejor velocista de la historia- tardó diez años en batir la marca de Tom Jaeger-, ¿qué cabe pensar de tan inusitada mejora en sólo un año? </div>
<div>
Indudablemente, los récords están sirviendo para que el gran público sepa que existe un deporte tan atractivo como la natación, pero esta popularidad va a socavar gravemente su credibilidad. ¿Qué pasará cuando la FINA prohiba los bañadores actuales, como parece que sucederá en 2010? Las marcas establecidas con ellas harán que sean muy difíciles de batir, por lo que la natación desaparecerá nuevamente de los medios y el círculo vicioso volvería a empezar.</div>
<div>
¿Qué podría hacerse? Desde mi punto de vista, habría que cambiar la idea que tenemos de espectáculo. Éste no debería venir exclusivamente de las marcas o de los escándalos, sino de la admiración por la propia competición. Recuerdo que en los mundiales de atletismo de 2003, celebrados en París, las marcas -especialmente en las pruebas de velocidad- fueron bastante &#8220;pobres&#8221;. La razón esgrimida extraoficialmente fue el miedo de los atletas a las prácticas de dopaje en territorio francés, donde se persiguen muy duramente. Sin embargo, los medios criticaron el &#8220;espectáculo&#8221; ofrecido. ¿Por qué no quedarse con unas marcas más &#8220;humanas&#8221; y renunciar a un &#8220;show&#8221; hipertrofiado artificialmente?</div>
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