<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Aletheiageneral &#8211; Aletheia</title>
	<atom:link href="https://blogs.elcorreo.com/aletheia/tag/general/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.elcorreo.com/aletheia</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Fri, 06 Sep 2019 14:41:05 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>La historia de las 2.000 prostitutas negras que trabajaron para General Motors</title>
		<link>https://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/07/19/la-historia-las-2-000-prostitutas-negras-trabajaron-para/</link>
		<comments>https://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/07/19/la-historia-las-2-000-prostitutas-negras-trabajaron-para/#respond</comments>
		<pubDate>Mon, 19 Jul 2010 09:25:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
		<post_tag><![CDATA[dreydstadt]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[drucker]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[general]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[guerra]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[motors]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[mundial]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[prostitutas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[sloan]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[trabajo]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elcorreo.com/aletheia/?p=161</guid>
		<description><![CDATA[Quien piense que este post va de sexo, tranquilamente puede dejar de leerlo. Siento la decepción, pero no tiene nada que ver con asuntos carnales. Eso sí, de hacerlo, se perderá una increíble historia: la de dos mil prostitutas negras que fueron contratadas por General Motors ¡para construir miras electrónicas destinadas a los bombarderos de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quien piense que este post va de sexo, tranquilamente puede dejar de leerlo. Siento la decepción, pero no tiene nada que ver con asuntos carnales. Eso sí, de hacerlo, se perderá una increíble historia: la de dos mil prostitutas negras que fueron contratadas por General Motors ¡para construir miras electrónicas destinadas a los bombarderos de la II Guerra Mundial!</p>
<p>Para entender cómo pudo suceder un hecho tan sorprendente, hay que dar unos pasos atrás. General Motors era ya por entonces el principal fabricante de automóviles del mundo. De la mano de su legendario presidente, <strong>Alfred P. Sloan</strong>, había logrado lo que parecía imposible: derrocar a la todopoderosa Ford, que llegó a monopolizar el mercado de los coches gracias al Ford T. El caso es que cuando estalló la II Guerra Mundial, el gobierno estadounidense pidió a GM que colaborara en el esfuerzo de guerra. Y lo hizo. Vaya que si lo hizo. Según cuenta Sloan en ‘Mis años en la General Motors’, el valor de los producido por su empresa en estos años ascendió ¡a 12 billones de dólares! También permitió que su presidente, William S. Knudsen, abandonase la empresa para planificar la producción de guerra del gobierno. El esfuerzo fue tal, que entre febrero de 1942 y septiembre de 1945 la empresa no fabricó ningún automóvil. Y para lo que aquí interesa, 113.000 de sus empleados -llegó a tener más de 600.000- fueron llamados a filas durante este tiempo.</p>
<p>Es en estas circunstancias cuando <strong>Nick Dreystadt</strong>, el director de Cadillac (la división de lujo de General Motors) decidió aceptar el reto que les planteó el gobierno estadounidense. Deberían fabricar las primeras miras electrónicas que utilizarían los bombarderos en la guerra en curso. La dirección de GM se oponía a ello. En ese momento no había en Detroit, sede de esta división, mano de obra disponible y menos todavía con ese nivel de cualificación. Sin embargo, Dreystadt insistió: “Hay que hacerlo, y si no podemos hacerlo en Cadillac, ¿quién podrá?”.</p>
<p>La decisión de Dreystadt causó sensación. Las lenguas viperinas dijeron que había instalado en Cadillac “<strong>un barrio de luces rojas”</strong>. A él, que años atrás se había ganado la admiración de Sloan al salvar Cadillac con la ayuda de los clientes negros (Peter Drucker cuenta en sus memorias que en una reunión en la que se discutía la desaparición de esta división por sus malos resultados, un joven y desconocido Dreystadt pidió diez minutos para explicar su plan de viabilidad. Éste pasaba por potenciar la venta de estos lujosos coches entre los negros ricos, que lo habían adoptado como símbolo de estatus. Una vez terminó su alocución, un alto ejecutivo le espetó que de fracasar, sería despedido. Entonces intervino Sloan, que dijo lo siguiente: “Señor Dreystadt, si usted fracasa, no tendrá trabajo en Cadillac. Cadillac no existirá. Pero mientras yo dirija General Motors, siempre habrá trabajo para un hombre que asuma responsabilidades, que tiene iniciativa, que posee coraje e imaginación. <strong>Señor Dreystadt, usted ocúpese del futuro de Cadillac. Yo me ocuparé de su futuro en General Motors</strong>.” Sloan había hablado y no había más que decir. Volvamos a la narración principal) no le hacía ninguna gracia: “Estas mujeres son nuestras compañeras de trabajo. Trabajan bien, y nosotros respetamos su labor. Sea cual fuere su pasado, tienen derecho al mismo respeto que dispensamos a todos nuestros colaboradores”.</p>
<p>Dreystadt, acusado por los sindicatos de “amar a los negros y defender a las prostitutas”, se salió con las suya. Las mujeres, sin saber leer, lograron fabricar las miras encargadas por el ejército. ¿Cómo fue posible? No había tiempo material para que aprendieran a leer y enseñarles el manual de instrucciones, de manera que el mismo Dreystadt aprendió a fabricarlas, se grabó a sí mismo en el proceso y elaboró un sencillo sistema para que las trabajadoras supieran si estaban haciéndolo correctamente. Así fue como 2.000 prostitutas negras trabajaron en la General Motors fabricando miras para el ejército.</p>
<p>Pero la historia <strong>no tiene un final feliz</strong>. Al terminar la guerra, los trabajadores movilizados regresaron y Dreystadt no pudo evitar los despidos. “Que Dios me perdone; he fallado a estas pobres mujeres”, se lamentó en su oficina con la cabeza entre las manos y a punto de romper a llorar. Su final tampoco fue feliz. Todos esperaban que terminaría siendo presidente de la empresa, pero un cáncer de garganta acabó con su vida cuando sólo tenía 48 años.</p>
<p>P.D. El grueso de este relato procede del capítulo que Peter Drucker dedica a Alfred Sloan en su libro ‘Mi vida y mi tiempo’. El propio Sloan escribió un libro sobre su experiencia en la empresa, ‘Mis años en la General Motors’, pero en sus más de 500 páginas no menciona esta asombrosa historia.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/07/19/la-historia-las-2-000-prostitutas-negras-trabajaron-para/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>161</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>El campeón mundial de los despidos</title>
		<link>https://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/06/24/el-campeon-mundial-los-despidos/</link>
		<comments>https://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/06/24/el-campeon-mundial-los-despidos/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 24 Jun 2010 09:52:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
		<post_tag><![CDATA[despidos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[economía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[ejecutivos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[electric]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[general]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[negocios]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[neutrón]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[welch]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elcorreo.com/aletheia/?p=154</guid>
		<description><![CDATA[Con tanto hablar de la reforma laboral y del abaratamiento del despido parece un buen momento para recordar al que podría considerarse uno de los campeones mundiales de la especialidad: Jack ‘Neutrón’ Welch. ¿Quién es este hombre? Se trata de uno de los mitos vivientes de la industria estadounidense tras haber dirigido General Electric durante [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">Con tanto hablar de la reforma laboral y del abaratamiento del despido parece un buen momento para recordar al que podría considerarse uno de los campeones mundiales de la especialidad: Jack ‘Neutrón’ Welch. ¿Quién es este hombre? Se trata de uno de los mitos vivientes de la industria estadounidense tras haber dirigido General Electric durante veinte años. Quizás no sea muy conocido fuera del ámbito económico, pero este gigantesco conglomerado industrial cuyo origen se remonta a Thomas Edison ha fabricado a lo largo de su historia desde tostadoras hasta reactores nucleares y es una de las empresas más importantes del mundo. Un dato lo demuestra: en 2009 contaba con 304.000 empleados y tuvo unos ingresos de 157.000 millones de dólares frente a los 93.000 trabajadores y 58.000 millones generados de Microsoft. Impresionante.</p>
<p>El caso es que Jack Welch llegó a la presidencia de la compañía en 1981 tras una durísima disputa con algunos de sus compañeros. Por entonces, la compañía funcionaba bien y tenía beneficios, pero Welch quería más; aspiraba a ser el número uno o dos allí donde compitiera. Y había partes de General Electric que no lo eran. Ya antes de ser presidente había dado muestras de que no le temblaba el pulso a la hora de cortar por lo sano: en 1971, con sólo 32 años, se convirtió en director general de la división de química y metalurgia; lo primero que hizo fue despedir a casi todo el equipo. La mayoría le parecieron “incompetentes”. </p>
<p>La situación se complicó cuando alcanzó la presidencia y vio bajo su mando a ¡404.000 trabajadores! La competencia japonesa y la disparada inflación de principios de los ochenta apretaban lo suyo y decidió que tenía que hacer a General Electric más competitiva como fuera. Su objetivo, según cuenta en sus memorias ‘Jack Welch. Hablando claro’, era pedir más a menos personal, es decir, quedarse con lo mejor de lo mejor (o contratar a lo mejor de lo mejor). Y empezó a recortar y a recortar. En cinco años, despidió a ¡118.000 trabajadores, es decir, uno de cada cuatro empleados! Cuando se le preguntaba cuándo terminarían los recortes, respondía siempre lo mismo: “Nunca”. Por eso la revista ‘Newsweek’ decidió bautizarle en 1982 como ‘Neutron’ Jack, porque como las bombas de neutrones, acababa con las personas y dejaba intactos los edificios. ‘Fortune’ le nombró en agosto de 1984 el ‘jefe más duro de América’.</p>
<p>Lo más irritante para muchos de los trabajadores es que la compañía seguía teniendo beneficios e incluso llegó a gastarse 75 millones de dólares en un supergimnasio y en la mejora de las instalaciones para las reuniones de sus ejecutivos. ‘Neutron’ Jack quería sólo a los mejores y los mejores sólo se merecen la excelencia, pensaba.</p>
<p>Welch dejó la presidencia de General Electric en el año 2001. En 1999, la citada ‘Fortune’ le nombró el ‘<A href="http://www.timewarner.com/corp/newsroom/pr/0,20812,667526,00.html" title="http://www.timewarner.com/corp/newsroom/pr/0,20812,667526,00.html" id="link_0">Ejecutivo del siglo’</a>  . Había multiplicado los beneficios de GE a un nivel desconocido. Por el camino, se había convertido en uno de los campeones mundiales del despido.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/06/24/el-campeon-mundial-los-despidos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>154</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
