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	<title>Aletheiaeeuu &#8211; Aletheia</title>
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		<title>¿Gays en el ejército EEUU? Si supieran lo que le cantaban a César sus soldados&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Sep 2010 09:37:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[‘Don´t tell, don´t ask’. Ésta es la política que impera desde 1993 en el ejército estadounidense a la hora de tratar la espinosa -para los militares- presencia de homosexuales y bisexuales en su ejército. Siempre que no manifiesten sus inclinaciones sexuales son considerados aptos como compañeros de armas. Si no, a la calle. Los republicanos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>‘Don´t tell, don´t ask’. Ésta es la política que impera desde 1993 en el ejército estadounidense a la hora de tratar la espinosa -para los militares- presencia de homosexuales y bisexuales en su ejército. Siempre que no manifiesten sus inclinaciones sexuales son considerados aptos como compañeros de armas. Si no, a la calle. Los <A href="http://www.elcorreo.com/vizcaya/rc/20100922/mundo/republicanos-bloquean-debate-senado-201009220107.html" title="http://www.elcorreo.com/vizcaya/rc/20100922/mundo/republicanos-bloquean-debate-senado-201009220107.html" id="link_0">republicanos bloquearon el pasado 22 de septiembre una votación en el Senado</a>  que tenía como intención derogar esta ley, la misma que unos días antes una jueza federal había declarado <A href="http://www.elcorreo.com/vizcaya/rc/20100910/mundo/juez-federal-declara-inconstitucional-201009100629.html" title="http://www.elcorreo.com/vizcaya/rc/20100910/mundo/juez-federal-declara-inconstitucional-201009100629.html" id="link_1">inconstitucional</a> con el argumento de<span style="letter-spacing: 0.0px color: #232323"> “no tiene nada que ver con el estar preparado o no para servir en el Ejército y, por el contrario, tiene un ‘efecto negativo’ para las Fuerzas Armadas”.</span></p>
<p>El estereotipo de buen soldado no es el de aquel que siente algo más que un sentimiento de camaradería por sus compañeros de armas. Uno más bien piensa en el del tipo duro que “come alambre de espina y mea napalm”, como el sargento Highway en ‘El sargento de hierro’, o como en ‘La chaqueta metálica’, donde el sargento Hartman quería convertir a los reclutas en “armas, en ministros de la muerte” y aseguraba no ser racista porque para él todos eran “igual de insignificantes”. El siglo XX ha sido, sin duda, el más sanguinario de la historia y como consecuencia de ello, los militares se esforzaron por dar con el mejor soldado posible. Hubo estereotipos de todo tipo: los australianos y canadienses tenían fama de ser más brutales en el campo de batalla; de los fiyianos se decía que “tenían la destreza de la jungla”; los escoceses eran apreciados por su agresividad mientras que los negros eran considerados malos combatientes. Lo curioso del caso es que algunos psicoanalistas, contra todas las convenciones existentes, concluyeron que los homosexuales podían ser los mejores soldados (para todo ello, véase el libro de la historiadora Joanna Bourke ‘Sed de sangre. Historia íntima de le combate cuerpo a cuerpo en las guerras del siglo XX’)</p>
<p>En 1915, Ernest Jones, discípulo de Sigmund Freud e introductor del psicoanálisis en Inglaterra, destacó la importancia del  deseo sexual a la hora de “incitar misteriosamente” a los hombres a alistarse; en su opinión, podían verse atraídos por el “contacto cercano con masas de hombres”. Años después, en 1936, R. E. Money-Kyrle, otro psicoanalista, sostuvo que la homosexualidad inconsciente tenía dos efectos: por un lado, los que interiorizaban su agresividad mostraban una gran devoción y admiración por sus camaradas; por otro, los que la exteriorizaban eran asesinos. Su utilidad en tiempos de guerra es evidente. Más todavía: Charles Berg especuló con la posibilidad de que la guerra misma fuera “una dramatización de tales fantasías incoscientes, una sustitución homosexual, un modo emocionalmente todopoderoso (y orgiástico) de relacionarse con hombres en lugar de con mujeres”.</p>
<p>Cuenta Suetonio en la ‘Vida de los doce césares’ que César sedujo a muchas mujeres ilustres, sin importarle si estaban casadas o no. Su fama era bien conocida entre sus soldados, que le cantaron lo siguiente durante la celebración del triunfo en las Galias: “Ciudadano, vigilad a vuestras mujeres: traemos con nosotros al adúltero calvo; en las Galias te puliste, jodiendo, el dinero que aquí pediste prestado”. Pero corría el rumor de que César había tenido años atrás una relación muy, muy estrecha con Nicomedes, rey de Bitinia. Y los soldados cantaron&#8230;: “César ha conquistado las Galias; Nicomedes conquistó a César. Hete aquí que ahora celebra su triunfo César, el conquistador de las Galias, pero no lo hace Nicomedes, el conquistador de César”. Don´t tell, don´t ask?</p>
<p>P.D. Y no sólo lo hicieron los soldados, porque hasta Cicerón hizo referencia a la bisexualidad de César ello en un sesión del Senado en la que el estadista defendía la causa de la hija de Nicomedes: “Omite estos hechos, por favor, ya que todos sabemos qué es lo que él (Nicomedes) te dio a ti y qué es o que tú le entregaste a él”.</p>
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		<title>El país en el que tirar la mierda costaba la vida</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Sep 2010 09:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[Anna Blume sólo quería encontrar a su hermano William, pero lo que encontró fue la mayor de las desesperanzas: el país de las últimas cosas. Un lugar donde lo único que se espera es la muerte; donde no sólo se olvidan las cosas, sino las propias palabras; donde no está permitido enterrar los cuerpos porque [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Anna Blume sólo quería encontrar a su hermano William, pero lo que encontró fue la mayor de las desesperanzas:  el país de las últimas cosas.  Un lugar donde lo único que se espera es la muerte; donde no sólo se olvidan las cosas, sino las propias palabras; donde no está permitido enterrar los cuerpos porque tienen que ser incinerados para ser utilizados como combustible; donde desaparecen calles, edificios y personas sin que nadie se dé cuenta; donde ya no había colegios porque no nacían niños; donde la última película se había visto hacía cinco años; donde la función principal del gobierno era recoger cadáveres; donde no existía la política porque estaban demasiado hambrientos o trastornados para pensar en ella; donde tirar la mierda suponía el arresto y el hacerlo por segunda vez implicaba la pena de muerte&#8230; “La ciudad parece estar consumiéndose poco a poco, pero sin descanso, a pesar de que sigue ahí. No hay forma de explicarlo; yo sólo puedo contarlo, pero no puedo fingir que lo entiendo. En las calles se escuchan explosiones todos los días, como si a lo lejos se cayera un edificio o se hundiera la acera. Pero nunca lo ves cuando sucede, no importa cuán a menudo escuches estos ruidos, la causa es siempre invisible”.</p>
<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">Por las calles de este país -más bien ciudad- sin nombre circulaban los más variados tipos humanos. Estaban los ‘corredores’, que recorrían las calles gritando y gesticulando hasta que morían por el esfuerzo; los ‘risueños’, que pensaban que el persistente mal tiempo se debía a los malos pensamientos, razón por la que siempre trataban de mostrarse alegres; los ‘rastreros’, que argumentaban que la situación no mejoraría hasta que todos no expiasen los males que habían causado aquella catástrofe (a su vez se dividían entre los ‘perros’, que afirmaban que arrastrarse a cuatro patas era la forma más efectiva de arrepentiemiento, y los ‘serpientes’, que apostaban directamente por arrastrarse), y los suicidas, que continuamente se tiraban desde los edificios en ruinas. También estaban los que se dedicaban a echar a la gente de sus propiedades alegando que no eran suyas; los simples ladrones; los traperos, que se ganaban la vida recogiendo objetos por las calles; los que trabajaban levantando objetos pesados para los traperos&#8230;</p>
<p>¿Qué había ocurrido? ¿Cómo se había alcanzado tal situación? De vez en cuando se habla del “colapso de unos años atrás”, pero nada se especifica. Se habla de diversos gobiernos, de muros que se levantan para evitar la huida, de campos de trabajo forzosos, pero nada se sabe a ciencia cierta en un lugar donde no se debía llamar a ninguna puerta si no se sabía lo que había detrás. Esto es lo más terrible de aquel país: nada se nos dice sobre lo ocurrido. Simplemente el sinsentido se ha apoderado de aquella ciudad y nada ni nadie puede escapar de ella. “Cuando vives en la ciudad, aprendes a no dar nada por sentado. Cierras los ojos por un momento, o te das la vuelta para mirar otra cosa, y aquella que tenías delante desaparece de repente. Nada perdura, ya ves, ni siquiera los pensamientos en tu interior. Y no vale la pena perder el tiempo buscándolos; una vez que una cosa desaparece, ha llegado a su fin”.</p>
<p>Así es ‘El país de las últimas cosas’, una gran novela de Paul Auster.</p>
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