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	<title>Aletheiaeconomía &#8211; Aletheia</title>
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		<title>&#039;Imprudentes&#039;, dijo Obama</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 10:17:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace poco menos de un mes se conoció la noticia de que Larry Summers, principal asesor económico de Obama, dejaba su cargo. El presidente norteamericano, ocupado ahora en la campaña de elecciones al Congreso en el ecuador de su mandato, se ha forjado una imagen de látigo acusador de los excesos financieros de Wall Street. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">Hace poco menos de un mes se conoció la noticia de que Larry Summers, principal asesor económico de Obama, dejaba su cargo. El presidente norteamericano, ocupado ahora en la campaña de elecciones al Congreso en el ecuador de su mandato, se ha forjado una imagen de látigo acusador de los excesos financieros de Wall Street. “Imprudentes”, les dijo a los banqueros al tiempo que hacía referencia al hombre alto que estaba a su espalda. Ese hombre alto era Paul Volcker, ex presidende la Reserva Federal y muy poco amigo de las innovaciones financieras desarrolladas por el sector en los últimos años. “La única innovación bancaria realmente útil han sido los cajeros automáticos”, ha llegado a afirmar el hombre que intimidaba con su sola presencia (mide dos metros) a Alan Greenspan. De hecho, una de sus propuestas, conocida como ‘Plan Volcker’, es impedir a los bancos el tipo de inversiones especulativas que, en su opinión, han sido claves para la crisis actual. Volcker se ha mostrado partidario además de volver, aunque sea parcialmente, a la Ley Glass-Steagall, creada en 1933 por Roosevelt y que separaba la banca de inversión de la banca comercial con la intención de reducir los riesgos que podían tomar los banqueros tradicionales con los fondos de sus clientes.</p>
<p>¿Y qué tiene que ver con todo esto Larry Summers? Pues que este hombre, un superdotado que entró con 16 años en el MIT y sobrino de dos Premios Nobel de Economía (Paul Samuelson y Kenneth Arrow), apoyó en 1999 la abolición de la citada ley de bancos cuando era secretario del Tesoro en la Administración Clinton. Esto es lo que ha permitido que los bancos ‘normales’ puedan entrar en el negocio de las inversiones especulativas que tan dañinas han demostrado ser. Visto desde la distancia, Obama tenía en su equipo de asesores a dos hombres que pensaban justo lo contrario respecto a la innovaciones financieras y el papel de Wall Street. ¿Cómo calificar a los banqueros de imprudentes cuando uno de tus principales asesores ha sido uno de sus principales consejeros? </p>
<p>Cuando en noviembre de 2008 Obama anunció la composición de su equipo económico, los medios no parecieron interesados en esta contradicción. <A href="http://www.cincodias.com/articulo/economia/Summers-tercera-baja-equipo-economico-Obama/20100922cdscdseco_1/cdseco/" title="http://www.cincodias.com/articulo/economia/Summers-tercera-baja-equipo-economico-Obama/20100922cdscdseco_1/cdseco/" id="link_0">Cinco Días</a> señaló que el nombramiento de Summers mandaba “el mensaje de que la Casa Blanca tendrá un política centrista pero agresiva”, pero no entró en mayores detalles. En <A href="http://www.elpais.com/articulo/internacional/Obama/promete/fuerte/inversion/publica/crisis/elpepiint/20081125elpepiint_5/Tes)" title="http://www.elpais.com/articulo/internacional/Obama/promete/fuerte/inversion/publica/crisis/elpepiint/20081125elpepiint_5/Tes)" id="link_1">El País</a> se señaló que Obama sumaba “su autoridad (la de Summers) como una de las mejores cabezas económicas del país” y en un pequeño despiece sobre este economista, se hacía mención a su pasado en el MIT, Harvard y en la administración Clinton, pero no su apoyo a la abolición de la Ley Glass-Steagall (En su favor hay que decir que cuando Summers salió del Gobierno, sí apuntó que el ala izquierda que apoyaba a Obama <A href="http://www.elpais.com/articulo/internacional/Summers/principal/asesor/economico/Obama/anuncia/retirada/elpepuint/20100922elpepuint_2/Tes" title="http://www.elpais.com/articulo/internacional/Summers/principal/asesor/economico/Obama/anuncia/retirada/elpepuint/20100922elpepuint_2/Tes" id="link_5">no había visto con buenos ojos a este economista</a>). <A href="http://www.elcorreo.com/vizcaya/20081123/mundo/obama-elige-geithner-secretario-200811230503.html" title="http://www.elcorreo.com/vizcaya/20081123/mundo/obama-elige-geithner-secretario-200811230503.html" id="link_2">El Correo</a> no dijo nada al respecto. Un poco más acertado estuvo <A href="http://www.expansion.com/2010/01/22/opinion/llave-online/1264191599.html" title="http://www.expansion.com/2010/01/22/opinion/llave-online/1264191599.html" id="link_3">Expansión</a>, que si bien en un primer momento  no hizo alusión al guna al pasado de Summers, si mencionó las posibles tiranteces entre Volcker y el dúo Geithner-Summers cuando se presentó el plan para volver a regular el sector bancario. Inclsuo se recordó que fue la Administración Clinton la que derogó la Ley Glass-Steagall, si bien no llega a relacionar a Summers con este hecho.</p>
<p>Evidentemente, no es imposible que Summers cambiara de opinión en los diez años que permaneció al margen del gobierno. El <A href="http://www.nytimes.com/2007/06/10/magazine/10wwln-summers-t.html?pagewanted=3&#038;ref=lawrence_h_summers" title="http://www.nytimes.com/2007/06/10/magazine/10wwln-summers-t.html?pagewanted=3&#038;ref=lawrence_h_summers" id="link_4">New York Times</a>  publicó en 2007 un artículo que hacía alusión a la evolución de Summers desde unas posiciones no intervencionistas a otras más favorables a la regulación. Pero los medios, incluso los especializados, no parecieron prestar atención a un detalle que es, creo, más que un detalle. Al fin y al cabo, la Administración Obama, llamada a acabar con los desmanes de la banca, tenía entre sus principales cerebros a quien había dado vía libre a dichos desmanes.</p>
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		<title>¿De qué hablan los reyes? De física seguro que no</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Sep 2010 09:20:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace ya tiempo que uno tiene la sólida impresión de que los encuentros y recepciones de la Realeza no valen para nada, que son un puro ejercicio de imagen. ¿De qué hablarán, por ejemplo, Zapatero y el Rey en sus famosos encuentros de Marivent al doblar el verano? Los medios suelen decir que sobre la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace ya tiempo que uno tiene la sólida impresión de que los encuentros y recepciones de la Realeza no valen para nada, que son un puro ejercicio de imagen. ¿De qué hablarán, por ejemplo, Zapatero y el Rey en sus famosos encuentros de Marivent al doblar el verano? Los medios suelen decir que sobre la situación económica o cualquier otro tema de alta política. Sin embargo, como dijo el presidente el otro día en su encuentro con el rey de Marruecos,<A href="http://www.20minutos.es/noticia/819791/8/reunion/zapatero/mohamed-vi/" title="http://www.20minutos.es/noticia/819791/8/reunion/zapatero/mohamed-vi/" id="link_0"> “lo que importa es la foto”</a>. Esta impresión, por fin, tiene algunas ‘pruebas’ en las que sustentarse.</p>
<p>Antes de nada, es importante partir de una afirmación más amplia: en general, las reuniones del poder no sirven para gran cosa. El economista de cabecera de Kennedy, John Kenneth Galbraith, señaló hace ya años que &#8220;hay un tipo de reuniones celebradas no porque haya alguna cosa que hacer, sino porque es necesario dar la impresión de que se está haciendo algo&#8221;. &#8220;Y es que -continuó- en una democracia auténtica y eficiente es indispensable algún que otro artilugio para simular que se hace algo cuando la acción es imposible&#8221;. Galbraith se refería a los encuentros que el presidente Hoover mantuvo con diferentes personalidades para tratar de salir de la crisis provocada por el crash de 1929. Su juicio, me temo, es perfectamente válido para las circunstancias actuales: reuniones del G-20, encuentros de presidentes con banqueros&#8230;</p>
<p>Los encuentros con la Realeza, bien en forma de encuentros políticos como el de Marivent o de recepciones a otras personalidades como científicos o deportistas, son una subclase de esta política de comunicación. Ocurre en España y en muchos otros lugares; de hecho, las dos ‘pruebas’ a las que me refiero tienen que ver con Bélgica y Suecia-Dinamarca. El problema es que rara vez trasciende lo que realmente se dice en esos encuentros. Ahora bien, resulta que hay algunas personas más indiscretas que otras y, por suerte, revelan las conversaciones que tienen con sus altezas reales. ¿Qué dejan en claro estas revelaciones? Que mejor no se hubieran sabido.</p>
<div>
</div>
<div><strong>Las pruebas: Bélgica y Suecia</strong></p>
<p>Una de esas personas felizmente indiscretas fue el físico <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/5/3/el-nobel-fisica-deficiente-mental-comia-bares-de" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/5/3/el-nobel-fisica-deficiente-mental-comia-bares-de" id="link_0">Richard Feynman</a>, que nos proporciona una valiosísimo testimonio del nivel de las conversaciones que se tienen en los tan cacareados encuentros reales. En una carta a su segunda mujer, el científico norteamericano cuenta la recepción con que unos colegas y él mismo fueron agasajados en Bruselas allá por 1961. Tras una serie de discursos sobre la evolución de la Física en los últimos años (principio de incertidumbre y lo que ello suponía de revolución para la física clásica), tema sobre el que, evidentemente, ni Balduíno ni Fabiola sabían gran cosa, Feynman se puso a hablar con la Reína. Fueron unos quince minutos de una conversación que se desarrolló, según el científico, más o menos así:</p>
<p>-Reina: “Tiene que ser realmente duro pensar sobre problemas tan difíciles&#8230;”</p>
<p> -Feynman: “No, lo hacemos por diversión, por puro placer”</p>
<p> -Reina: “Tiene que ser duro aprender a cambiar todas tus ideas” (en relación <span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"></span>a los discursos que habían oído con anterioridad sobre el principio de <span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"></span>incertudumbre&#8230;)</p>
<p>-Feynman: “No, todos esos tipos que han pronunciado los discursos son  <span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"></span>unos ‘carcas’ (old fogeys). Todo ese cambio ocurrió en 1926, cuando yo sólo <span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"></span>tenía ocho años. Así que cuando estudié física sólo tuve que aprender las <span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"></span>nuevas ideas. El gran problema ahora es si tenemos que volver a cambiarlas”.</p>
<p>-Reina: “Tienes que sentirte bien trabajando para la paz de esta manera”</p>
<p>-Feynman: “No, no pienso en si trabajo para la paz o para otra cosa. Eso no lo <span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"></span>sabemos” (la Reina, evidentemente, no sabía que Feynman había trabajado años antes en el Proyecto Manhattan. Otro punto para ella).</p>
<p> -Reina: “Las cosas cambian realmente rápido. Muchas cosas han cambiado en los últimos cien años”</p>
<p> -Feynman: “No en este palacio” (Esto lo pensé, pero me controlé -un apunte: la recepción tenía lugar en uno de esos palacios con tapices y cuadros de los siglos XVII y XVIII. De ahí la ironía de Feynman). “Sí”, y le dio una charla sobre lo que había cambiado la física desde 1861.</p>
<p> Cuando terminó, la Reina, desesperada, se giró y comenzó a hablar con una mujer que tenía al lado.</p>
<p>El otro ejemplo al que me refiero sucedió en 1965, en la entrega del premio Nobel al propio Feynman y a otros dos colegas. Tras la cena de gala, los invitados se dirigieron a otra sala, en la que se habló de muy diversos temas. Viendo una silla vacía, Feynman se sentó y resultó que a su lado estaba una “Princesa Algo de Dinamarca”. Así fue la breve conversación:</p>
<p> -Princesa: “¡Oh, usted es uno de los ganadores del Premio Nobel!. ¿Qué especialidad es la suya?”</p>
<p>  -Feynman: “Física&#8221;</p>
<p> -Princesa: “¡Oh!, bueno, ninguno de nosotros sabe nada de eso. Me imagino que no podremos hablar del tema”</p>
<p> -Feynman: “Al contrario, es justamente poque alguien sabe algo sobre ella <span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"></span>por lo que no podemos hablar de física. Las cosas que podemos discutir son aquellas de las que nadie sabe nada. Podemos hablar del tiempo; podemos hablar de los problemas sociales; podemos hablar de finanzas internacionales -de transferencias de oro no, porque ésas están perfectamente comprendidas-, así que son justamente los temas de los que nadie sabe nada de los que todos </p>
<p>Después de esto, es imaginable la cara que se le quedó a aquella representante de la realeza europea. Según el físico, “aún no sé cómo lo consiguen. Tiene que haber un procedimiento que permita la formación de hielo en la superficie del rostro. Bueno, ella lo puso en práctica. Se volvió a hablar con otra persona”. Así terminó el encuentro.</p>
<p>A partir de ahora, cuando veáis una de estas recepciones, con esos saludos, sonrisas y poses, podéis preguntaros: ¿de qué habrán hablado realmente? De física seguro que no. ¿De economía? ¿De alta política internacional? ¿De &#8230;?</p>
</div>
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		<title>¿Eres un &#8220;prosumidor&#8221;? Si vas a los McDonald´s o tienes un blog, te interesa</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 09:17:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Os habéis parado a pensar alguna vez lo increíblemente simple que es comer en un McDonald´s? Uno pide la comida, en poco más de un minuto la tiene preparada, se la lleva a su mesa, come sin necesidad de cubiertos (hasta la irrupción de las ensaladas, claro) y en un cuarto de hora uno se [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Os habéis parado a pensar alguna vez lo increíblemente simple que es comer en un <strong>McDonald´s</strong>? Uno pide la comida, en poco más de un minuto la tiene preparada, se la lleva a su mesa, come sin necesidad de cubiertos (hasta la irrupción de las ensaladas, claro) y en un cuarto de hora uno se levanta, recoge la bandeja, tira los escasos restos a la basura y se marcha.  Rápido, barato y fácil. Perfecto para quien tenga prisa. Perfecto para quien no disponga más que de unos minutos para comer. Ahora bien, ¿nos damos cuenta de la cantidad de trabajo que hacemos para McDonald´s sin darnos cuenta y de forma totalmente gratuita? Bien pensado, en cualquier restaurante uno paga, entre otras cosas, para que le lleven la comida, le presten atención y le ofrezcan viandas mínimamente elaboradas. También puede uno alargar la sobremesa lo que le apetezca y a nadie se le ocurre que tenga que recoger los restos tras terminar de comer. Pues bueno, en McDonald´s han conseguido lo imposible: que el cliente les haga el trabajo. Y gratis.</p>
<p>Este fenómeno llamó hace unos años la atención de <strong>George Ritzer</strong>, un sociólogo norteamericano que en 1993 publicó ‘La McDonalización de la sociedad. Un análisis de la racionalización en la vida cotidiana’. En este ensayo, Ritzer ponía el modelo de McDonald´s como el colmo de la racionalización moderna (un apunte para los interesados por la sociología: el propio autor reconoce su deuda con Max Weber, que allá a comienzos del siglo XX había detectado esta tendencia en el aparato burocrático del Estado). La idea es simplificar y estandarizar hasta tal punto todas las actividades que cualquiera pudiera realizarlas. La eficacia como conducta en todos los aspectos de la vida. </p>
<p><strong>&#8216;Hágalo usted mismo&#8217;</strong><br />
El punto a tratar aquí es que el grado de eficacia logrado ha sido tal, que son los propios clientes quienes hacen el trabajo que en principio correspondería a los productores. ‘Hágalo usted mismo’, dicen. Los consumidores se convierten así en ‘prosumidores’ (el término lo acuñó el escritor estadounidense Alvin Toffer y es una mezcla de productor y consumidor). Los restaurantes de comida rápida son sólo uno de los muchos ejemplos que podrían ponerse. En las gasolineras, es el propio conductor quien tiene que llenar el depósito y acercarse a la tienda de la estación de servicio para pagar; en los supermercados, es uno mismo quien tiene que elegir, pesar y etiquetar su propia fruta; en los servicios de atención al cliente, las centralitas informatizadas le obligan a uno a marcar un sinfín de números hasta dar con una persona de carne y hueso, y en los cajeros automáticos, el banco se ahorra todo el trabajo gracias a la tecnología. No sólo eso; además cobra una comisión por no hacer el trabajo que normalmente hacen en sus oficinas.</p>
<p>Evidentemente este proceso tiene sus ventajas, como es la posibilidad que uno tiene de autoservicio sin depender de ningún empleado más o menos competente; pero el hecho es que esas empresas han ahorrado costes a base de poner a los clientes a trabajar.</p>
<p>¿Y qué tiene todo esto que ver con los blogs? Pues que en estos es también el cliente el que hace las veces de productor. Y casi siempre de forma gratuita. La <strong>Web 2.0</strong> tiene como una de sus rasgos esenciales la participación del usuario, ya sea escribiendo en un blog, subiendo fotos a flickr o vídeos a Youtube, colaborando con la Wikipedia o creando un perfil en Facebook (y si se tienen conocimientos de informática, participando en proyectos de código abierto como Linux, Firefox, Gimp, Open Office o los servidores Apache). Y los beneficios económicos se los llevan el Jim Wales o Mark Zuckerberg de turno.</p>
<p> Evidentemente, no es lo mismo el ‘prosumidor de McDonald´s’, que, a lo sumo, gana comodidad para sí mismo, que el ‘prosumidor de la Web 2.0’, que crea contenidos que pueden llegar a ser muy útiles y generar riqueza. El ‘hágalo usted mismo’ implícito en los McDonald´s y gasolineras ha evolucionado hasta convertirse en comunidades de conocimiento del que se aprovechan las industrias más importantes. IBM, harta de derrochar millones de dólares, abandonó el desarrollo de sus propios servidores ante la evidencia de que los apache, de código abierto, eran mejores que los suyos. Firefox se ha convertido en el rival más importante para Microsoft en el mercado de los navegadores. Interesantes también son las ‘ideágoras’, una especie de mercados públicos de ideas donde empresas tan importantes como ‘Procter &#038; Gamble’, ‘Boeing’, ‘Du Pont’ o ‘Novartis’ encuentran la inspiración a la que no llegan sus enormes equipos de Investigación y Desarrollo. El mundo, piensan, está lleno de personas inteligentes, de ‘prosumidores’ con ideas brillantes. ¿Por qué no acudir a ellas? ¿Será cierto que los &#8216;prosumidores&#8217; son los nuevos protagonistas de la economía? </p>
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		<title>¿Qué clase de trabajador eres? ¿A, B o C?</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 10:19:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[En el anterior post hablé del campeón mundial de los despidos, Jack ‘Neutrón’ Welch, que se deshizo de 118.000 trabajadores en sus primeros cinco años como presidente de General Electric. Como el caballo de Atila, que por donde pasaba no crecía la hierba. Una de las fórmulas que utilizó para ello fue la ‘estrategia de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el anterior post hablé del campeón mundial de los despidos, Jack ‘Neutrón’ Welch, que se deshizo de 118.000 trabajadores en sus primeros cinco años como presidente de General Electric. Como el caballo de Atila, que por donde pasaba no crecía la hierba. Una de las fórmulas que utilizó para ello fue la ‘estrategia de la diferenciación’, consistente en clasificar a sus trabajadores en tres categorías: A, B y C. Los primeros, el 20%, eran los mejores y debían ser retenidos a toda costa; los segundos, el 70%, conformaban la espina dorsal de la empresa y debían ser motivados para convertirse en empleados de clase A, y los terceros, el restante 10%, son “aquellos que no consiguen terminar el trabajo. Tienen más tendencia a debilitar que a aportar energía y retrasan las tareas en lugar de propiciar resultados.”. Conocidos los antecedentes de este hombre, no cabe duda de su destino. “No se puede perder el tiempo con ellos”. </p>
<p>Lo más llamativo de esta política es su aplicación: se realizaba todos los años, de manera que el 10% de la plantilla era despedido anualmente. El objetivo es claro: introducir una feroz competitividad, empujar a los empleados a demostrar constantemente que merecen su puesto de trabajo.</p>
<p>Por supuesto, no es fácil determinar todos los años cuáles de tus trabajadores son carne de despido. Puede que al principio los clase C sean evidentes, pero a medida que se va depurando la plantilla, la elección se hace cada vez más difícil. El propio Welch cuenta que muchos directivos incluian en este 10% a trabajadores que ya no estaban en la empresa o que habían muerto. ¿Solución? Sencillo: introducir un nuevo directivo sin vínculos emocionales con la plantilla. Incluso los ‘peces gordos’ estaban sometidos a esta política. Andy Lack, presidente de la NBC -General Electric se hizo con la cadena en los años ochenta- decía lo siguiente: “Jack y yo hemos sido amigos durante ocho años y nuestras esposas se pasan el día juntas. Si empezase a seguir una tendencia descendente en la que tomase cuatro decisiones increíblemente pésimas, sé que me despediría. Me abrazaría, me diría que lo siente y que quizá no quiera volver a cenar con él, pero no dudaría en deshacerse de mí”.</p>
<p>Argumentando sobre esta dura política, Welch afirma que la diferenciación se inicia en la misma escuela, cuando unos aprueban y otros suspenden; cuando unos son elegidos para el equipo de fútbol y otros no; cuando unos son admitidos en una universidad y otros no&#8230; “Todos nos vemos diferenciados a lo largo de los primeros 20 años de nuestras vidas. ¿Por qué debería cerrarse el ciclo en el puesto de trabajo, donde pasamos la mayor parte de nuestras horas?”</p>
<p>Poco después de retirarse de la empresa, cuenta Welch que acudió a unos grandes almacenes en Nueva York a comprarse un jersey. Mientras esperaban a que le trajeran uno de su talla, el encargado del almacén, que sabía de la política del ‘Neutrón’ por una entrevista televisiva emitida la noche anterior, le preguntó si realmente debía deshacerse de dos dos de sus vendedores (tenía 20 a su cargo). La respuesta fue clara: “Seguramente sí, si quiere tener al mejor personal de ventas de la Quinta Avenida”. No es de extrañar que le eligieran como el ‘Jefe más duro de América’.</p>
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		<title>El campeón mundial de los despidos</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jun 2010 09:52:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">Con tanto hablar de la reforma laboral y del abaratamiento del despido parece un buen momento para recordar al que podría considerarse uno de los campeones mundiales de la especialidad: Jack ‘Neutrón’ Welch. ¿Quién es este hombre? Se trata de uno de los mitos vivientes de la industria estadounidense tras haber dirigido General Electric durante veinte años. Quizás no sea muy conocido fuera del ámbito económico, pero este gigantesco conglomerado industrial cuyo origen se remonta a Thomas Edison ha fabricado a lo largo de su historia desde tostadoras hasta reactores nucleares y es una de las empresas más importantes del mundo. Un dato lo demuestra: en 2009 contaba con 304.000 empleados y tuvo unos ingresos de 157.000 millones de dólares frente a los 93.000 trabajadores y 58.000 millones generados de Microsoft. Impresionante.</p>
<p>El caso es que Jack Welch llegó a la presidencia de la compañía en 1981 tras una durísima disputa con algunos de sus compañeros. Por entonces, la compañía funcionaba bien y tenía beneficios, pero Welch quería más; aspiraba a ser el número uno o dos allí donde compitiera. Y había partes de General Electric que no lo eran. Ya antes de ser presidente había dado muestras de que no le temblaba el pulso a la hora de cortar por lo sano: en 1971, con sólo 32 años, se convirtió en director general de la división de química y metalurgia; lo primero que hizo fue despedir a casi todo el equipo. La mayoría le parecieron “incompetentes”. </p>
<p>La situación se complicó cuando alcanzó la presidencia y vio bajo su mando a ¡404.000 trabajadores! La competencia japonesa y la disparada inflación de principios de los ochenta apretaban lo suyo y decidió que tenía que hacer a General Electric más competitiva como fuera. Su objetivo, según cuenta en sus memorias ‘Jack Welch. Hablando claro’, era pedir más a menos personal, es decir, quedarse con lo mejor de lo mejor (o contratar a lo mejor de lo mejor). Y empezó a recortar y a recortar. En cinco años, despidió a ¡118.000 trabajadores, es decir, uno de cada cuatro empleados! Cuando se le preguntaba cuándo terminarían los recortes, respondía siempre lo mismo: “Nunca”. Por eso la revista ‘Newsweek’ decidió bautizarle en 1982 como ‘Neutron’ Jack, porque como las bombas de neutrones, acababa con las personas y dejaba intactos los edificios. ‘Fortune’ le nombró en agosto de 1984 el ‘jefe más duro de América’.</p>
<p>Lo más irritante para muchos de los trabajadores es que la compañía seguía teniendo beneficios e incluso llegó a gastarse 75 millones de dólares en un supergimnasio y en la mejora de las instalaciones para las reuniones de sus ejecutivos. ‘Neutron’ Jack quería sólo a los mejores y los mejores sólo se merecen la excelencia, pensaba.</p>
<p>Welch dejó la presidencia de General Electric en el año 2001. En 1999, la citada ‘Fortune’ le nombró el ‘<A href="http://www.timewarner.com/corp/newsroom/pr/0,20812,667526,00.html" title="http://www.timewarner.com/corp/newsroom/pr/0,20812,667526,00.html" id="link_0">Ejecutivo del siglo’</a>  . Había multiplicado los beneficios de GE a un nivel desconocido. Por el camino, se había convertido en uno de los campeones mundiales del despido.</p>
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		<title>¿Sabéis quién se beneficia más del capitalismo? No, no son los ricos</title>
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		<pubDate>Thu, 27 May 2010 09:47:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Una de las críticas más repetidas al capitalismo es el dichoso consumismo, la fiebre por gastar y gastar que se alimenta de la <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2009/8/26/-un-mundo-sin-publicidad-" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2009/8/26/-un-mundo-sin-publicidad-" id="link_0">publicidad</a>  y de la frustración que genera en el consumidor no disponer del último gadget tecnológico o de ropa a la última moda. “El capitalismo genera seres humanos infelices”, dicen con razón muchos críticos de izquierda. (Hay en esta crítica una notable paradoja: ensayistas como Zygmunt Bauman o Vicente Verdú subrayan este defecto del capitalismo actual y lo confrontan con los valores del capitalismo “sólido”, el de la primera modernidad, el que apelaba al trabajo duro, al ahorro,  a un estilo de vida pacato&#8230; Curiosamente fue ese primer capitalismo el que denunció Marx, con lo que el resultado es el siguiente: los escritores de izquierdas acaban echando de menos el mundo denunciado por su maestro).</p>
<p>Ahora bien, ¿qué es lo que ha hecho el capitalismo al convertir el natural consumo en consumismo? A lo largo de la historia, sólo unos pocos, los ricos, han podido disfrutar de bienes de consumo suntuarios, es decir, de productos no necesarios para la supervivencia pero muy estimados por su rareza, belleza o cualquier otro rasgo fuera de lo común. El resto tenían que conformarse con vivir en el nivel de subsistencia, es decir, con la comida y el abrigo. Y esto, cuando lo conseguían. </p>
<p>Sin embargo, desde 1870 algo cambió: el capitalismo norteamericano, con su sistema de producción en serie que permite estandarizar la producción y rebajar el precio, hizo que la gente corriente pudiese acceder a esos productos superfluos que sólo los ricos tenían hasta entonces. El profesor de Harvard, David S. Landes, lo expresa así en ‘La riqueza y la pobreza de las naciones’: “El mundo había aprendido a convivir con la prodigalidad y los caprichos de los ricos y acomodados, pero ahora, por primera vez en la historia, hasta la gente corriente podía aspirar a poseer bienes de consumo duraderos que las sociedades tradicionales consideraban justo patrimonio exclusivo de unos pocos” (pág. 285). Y hablamos de objetos ahora tan comunes como un reloj de pulsera, una bicicleta, un teléfono o un automóvil. Para completar el círculo, sólo faltaba que surgieran las fórmulas económicas para poder pagar estos caprichos consumistas: compra a plazos, créditos al consumo, derecho a devolver la mercancía o cambiarla&#8230;</p>
<p>La pregunta entonces es la siguiente: ¿a quién ha beneficiado más el capitalismo? En las sociedades en las que se ha implantado, a la gran mayoría de la población. Milton Friedman -sí, el gran defensor del capitalismo sin trabas- lo argumenta de forma contundente en ‘Libertad para elegir’: “En la antigua Grecia a un hombre rico le hubiera beneficiado bien poco la fontanería moderna: los criados que corrían reemplazaban al agua corriente; en cuanto a la televisión y la radio, los patricios romanos podían disfrutar de los principales músicos y actores en su casa y podían disponer de los artistas más importantes a modo de criados domésticos. Adelantos como la ropa de confección o los supermercados podían añadir poco a su vida. Esta clase adinerada sí hubiera acogido bien los perfeccionamientos de los transportes y la medicina, pero los grandes logros del capitalismo occidental hubieran beneficiado primordialmente al hombre cotidiano” (p. 234).</p>
<p>El sociólogo Peter L. Berger -otro acérrimo capitalista pero en ningún caso idiota- escribió una vez que la gran ventaja del socialismo sobre el capitalismo es su &#8216;capacidad mitopoyética&#8217;. ¿Qué significa esto? Que el capitalismo no enamora, no se gana el corazón de nadie, porque &#8216;sólo&#8217; da dinero. El socialismo, por el contrario, promete una sociedad perfecta, un paraíso que por lejano que parezca, es alcanzable. Y esto sí enamora. ¿A quién no le atrae el paraíso? En definitiva, ambos sistemas no compiten en el mismo plano, porque mientras el capitalismo ofrece realidades (mirad a vuestro alrededor y decidme lo que veis), el socialismo ofrece promesas, una utopía a la que la realidad no puede derrotar. Ya se sabe que la esperanza es lo último que se pierde.</p>
<p>P.D. Se podría argüir que los países subdesarrollados son las víctimas del bienestar capitalista. Lo nosotros tenemos se debe a que se lo hemos quitado a ellos. En un próximo post hablaré sobre ello, pero el asunto no es tan sencillo. La economía no tiene por qué ser un juego de suma cero -un partido de fútbol es un juego de suma cero: si uno gana es porque el otro pierde y viceversa- y es posible que uno sea más rico sin que otros sean más pobres. La clave es el crecimiento económico, hacer más grande el pastel a repartir </p>
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		<title>O cambiamos o nos cambian</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Apr 2010 09:45:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Domingos, fiesta; agosto, de vacaciones, y trabajo, ocho horas presenciales. Tres formas de comportamiento socialmente aceptados que creo (y espero) que cambiarán a no mucho tardar. ¿La razón? Que pertenecen a un mundo que no existe, a un mundo de economía secundaria, de fábricas. Los países más avanzados son desde hace años sociedades terciarias, aquellas que en lugar de producir “cosas” (coches, neveras&#8230;), producen servicios; aquellas en que las cadenas de montaje han sido sustituidas por médicos, abogados, dependientes, peluqueros, terapeutas u oficinistas. Estados Unidos es el ejemplo de todo ello: según Richard Florida (Las ciudades creativas), los empleos en fábricas representaban el 49% de todo el empleo en Estados Unidos en 1950; para 2005, se habían reducido al 24% y seguía cayendo. Dicho de otra forma, y siguiendo a <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/1/20/-tienen-algun-sentido-hipotecas-subprime-" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/1/20/-tienen-algun-sentido-hipotecas-subprime-" id="link_1">Alan Greenspan</a>  (La era de las turbulencias), la economía estadounidense es siete veces mayor que en 1946, pero el peso literal de lo producido sólo es un poco mayor que entonces, es decir, que más que ‘cosas’ -que pesan- produce ideas -que no pesan-.</p>
<p>Desde el punto de vista económico, ya no somos productores, sino consumidores, y los hábitos de unos y otros son muy diferentes. Aunque lo dudo, quizás en el tiempo de las fábricas tuviese sentido el trabajo presencial o los descansos homogeneizados (<A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2008/3/19/vacaciones-y-sociedad-servicios" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2008/3/19/vacaciones-y-sociedad-servicios" id="link_0">vacaciones en agosto</a> , fines de semana libres e incluso las <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2008/1/28/horarios-y-vacaciones" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2008/1/28/horarios-y-vacaciones" id="link_0">dos horas para comer</a> ), pero ahora ya no es así. El consumidor quiere poder satisfacer sus deseos en cualquier momento, no importa si es domingo o si es agosto. Cuando viaja a una ciudad, quiere poder comprar en sus tiendas o comer en sus restaurantes. Cuando se le estropea la pantalla del ordenador, quiere que se la reparen aunque sea agosto -lo digo por experiencia: Sony, la gran multinacional, esgrimió este motivo para su tardanza de un mes en arreglarme la pantalla-. Internet tiene una gran responsabilidad en todo ello: en cualquier momento uno puede acceder a la Red para comprar unos zapatos o un disco duro, consultar un mapa o la cuenta bancaria, seguir las noticias o ver qué están haciendo sus amigos. Aquí y ahora.</p>
<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgcen"> </p>
<p>El problema de los caprichos del consumidor es que requiere que otros satisfagan los mismos. Para cada pizza que uno pide a domicilio, al menos ocupa a dos personas, quien la hace y quien la lleva. Para cada vez que uno acude al supermercado, bastantes más personas son necesarias para mantener el establecimiento abierto. Así funciona la economía de los servicios. El problema viene con la rigidez de los horarios y vacaciones. ¿Por qué justo cuando muchos trabajadores libran, es decir, cuando más oportunidades de consumo tienen, no pueden acudir a los centros comerciales? ¿No es un sinsentido para las ciudades terciarias cerrar justo en aquellos días de mayor afluencia de turistas?  ¿Qué sentido tiene que todo un país se paralice en agosto?</p>
<p>Fijémonos en lo que hacen los bares, uno de los servicios por excelencia. ¿Se imaginan que cerrasen los domingos por la tarde, justo cuando los aficionados se avalanzan para ver los partidos de fútbol? ¿Por qué no siguen su estrategia las tiendas y abren en aquellos momentos en que más clientes pueden recibir y descansan, como las tascas, los lunes o cualquier otro día? ¿Qué piensan cuando van a una ciudad de vacaciones y se encuentran con todo cerrado? Como mínimo, que los comerciantes están perdiendo la ocasión de hacer un buen negocio. </p>
<p> <IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda"></p>
<p>El trabajo “intelectual”, el de la elite económica, es fácilmente flexibilizable. Las nuevas tecnologías permiten crear en cualquier sitio que no sea el despacho profesional o la oficina. Desde casa o desde la playa puede uno crear igual de bien que en cualquier otro lugar. Es probable que para estos, la frontera entre el trabajo y el ocio se haga cada vez más difusa y uno trabaje de vacaciones y descanse durante el trabajo. Lo importante es crear, no importa si es de noche o de día, si es en la oficina o en la bañera. Trabajan en Internet y la Red no entiende de descansos, es un todo continuo de ocio y trabajo, trabajo y ocio. Hoy, que no hay periódicos, ¿saben quién no descansa? La Red. </p>
<p>En cuanto a los “currantes” (la distinción entre intelectuales y currantes es del economista Edward Leamer), los dependientes de supermercados, Telepizza, masajistas, pequeños negocios&#8230;, tendrán que adaptarse a las apetencias de los consumidores y adaptar sus tiempos de trabajo. Servir significa estar a disposición de los demás, con lo que tendrán que abrir sus negocios cuando más clientes pueden acudir a los mismos. Un buen ejemplo de servicio son los propios periódicos, que sólo &#8216;libran&#8217; tres veces al año. Se trata de establecer turnos y adecuarse a necesidades distintas. Es lógico: cuando existe una demanda, surge inmediatamente la posibilidad de negocio. </p>
<p>En definitiva, todo está cambiando a nuestro alrededor y tendremos que adaptarnos a ello. Lo que antes hacíamos nosotros, los coches, los electrodomésticos o los ordenadores, ahora lo hacen otros porque cobran menos y la calidad es similar. Ventaja competitiva, que se llama. Si no creamos y no nos adaptamos a las nuevas circunstancias del tiempo de los servicios, otros lo harán. Es competencia pura y dura. Los domingos serán un día más de la semana y el lunes se trabajará tanto como se descansará. El país no se paralizará en agosto como no lo hace en febrero. Los periódicos (hoy no salen los de papel, pero Internet, como digo, no entiende de descansos). Cuestión de hábitos, como escribir este largo post en sábado.</p>
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		<title>Léelo, es fácil</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Mar 2010 10:34:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[La Universidad de Oxford ha lanzado un nuevo curso de inglés, MyOxfordEnglish. Uno más entre la multitud, podría pensarse. Pues no. Éste tiene de especial que puede seguirse desde la cama o el sofá gracias a un botón que bajo el nombre &#8216;Bed Mode&#8217; gira 90 grados la web, desde la que se estudia el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Universidad de Oxford ha lanzado un nuevo curso de inglés, MyOxfordEnglish. Uno más entre la multitud, podría pensarse. Pues no. Éste tiene de especial que puede seguirse desde la cama o el sofá gracias a un botón que bajo el nombre &#8216;Bed Mode&#8217; gira 90 grados la web, desde la que se estudia el curso, para que resulte más sencillo poder leer tumbado. Además, el usuario puede adquirir un &#8220;cojín altavoz&#8221; para realizar los ejercicios cómodamente acostado, sin necesidad de realizar un esfuerzo adicional. </p>
<p> ¿Y por qué Oxford se ha lanzado a esta iniciativa? Porque según sus estudios, esta novedosa forma de aprender inglés &#8220;se ajusta a la auténtica realidad de la población&#8221;. Y es que el 57,6% de los españoles sólo quiere echarse en el sofá al salir del trabajo</p>
<p> El aprendizaje de idiomas es sólo una más de las vertientes en las que se manifiesta de forma evidente una realidad que creo abrumadora: la cultura de la facilidad. Por todos lados vemos ofertas  que nos dicen “aprenden inglés sin esfuerzo”, “cursos de inglés-aulafácil”, “aprende inglés fácilmente y desde casa”&#8230; Planeta de Agostini, un clásico entre los clásicos, promete aprender esta lengua franca “a su ritmo y fácilmente”. Y el curso de inglés de la BBC añade otra ventaja: “Te resultará una experiencia amena e incluso divertida”, justo en la línea de Magic English, cuyo nombre ya indica lo que promete.</p>
<p><strong>Dietas y compras</strong><br />
 Otro área donde la facilidad lo impregna todo es el de las dietas. Productos de Teletienda que permiten adelgazar en siete días, revistas con fórmulas mágicas para perder tres kilos en una semana, maravillas como adelgazar sin dejar de comer&#8230; Prueben a poner en Google “dietas para adelgazar rápido”. Les saldrán 182.000 resultados en 0,24 segundos. A ello se le unen además esos cinturones mágicos que convierten una prominente barriga masculina en una esculpida y atlética tabla de abdominales sin más esfuerzo que permanecer cómodamente tumbado en el sofá (quizás aprovechando para aprender inglés). Sin olvidar las máquinas vibradoras que tonifican el trasero femenino, el último grito para las mujeres son las zapatillas &#8216;Reebok Easy Tone&#8217;, que ayudan a tonificar piernas y glúteos mientras se camina.</p>
<p> Por supuesto, la economía basada en el consumismo en la que vivimos se ayuda también de los adjetivos “fácil” y “cómodo” para atraer a los compradores. Aunque sea un invento con miles de años de existencia, la moneda no es más que una forma más fácil y cómoda de comerciar que el trueque o que utilizar como medida de valor productos como el tabaco. El siguiente paso fue el dinero de papel, todavía más fácil de transportar, paso previo a la comodísima tarjeta de crédito. Para ponerlo todavía más a mano, proliferan los servicios de venta por Internet en los que basta con poner el número de cuenta bancaria para hacerse con el producto deseado sin mayor esfuerzo que hacer varios clicks. Pero ¿qué sucede si sus tarjetas no tienen fondos? Nada, porque ya pueden solicitarse créditos rápidos que en sólo 24 horas que a disposición del consumidor la notable cantidad de 3.000 euros.</p>
<p><strong>Tecnología</strong><br />
¿Qué decir de los ordenadores? La introducción de la interfaz gráfica por Apple en 1984 fue el primer gran paso para la popularización de los ordenadores de sobremesa, pero sería sobre todo Microsoft con el Windows 95 quien terminara definitivamente con las líneas de código sólo aptas para especialistas. ¿Y qué decir de los aparatos “plug and play”, que sólo necesitan enchufarse para empezar a funcionar? ¿Y de las pantallas táctiles cada vez más presentes en el mercado, que hacen todavía más intuitiva la convivencia con las computadoras?</p>
<p> Otra manifestación de esta cultura de la facilidad son las comidas precocinadas. Observar las estanterías de cualquier supermercado basta para comprobar esta realidad: arroz tres delicias o pasta a la carbonara listos con solo calentar, hamburguesas de atún listas en dos minutos, tortillas de patata ya preparadas para comer, latas con la fabada ya lista, deliciosas tartas en su punto&#8230; Todo para que el consumidor no tenga que perder el tiempo ante el fogón. “Cocinar y listo”.</p>
<p><strong>Ecomomía fácil</strong><br />
Y es que incluso la economía, la filosofía o la ciencia, materias arduas por definición, caen en la influencia de la cultura de la facilidad. Con la crisis proliferan los libros como &#8216;La crisis Ninja&#8217; o &#8221;Contabilidad para todos. Iniciación fácil a la contabilidad&#8217;, &#8216;Un náufrago en la bolsa. Consejos sencillos para entender la bolsa y ganar&#8217; , &#8216;Finanzas para no financieros&#8217; o &#8216;La bolsa en tu bolsillo: guía fácil para entender la bolsa y el mercado de valores&#8217;, que intentan hacer entender al lector medio lo que de otra forma sería un arcano. </p>
<p>En filosofía, ya es posible entender a Wittgenstein, Aristóteles o Confucio en sólo 90 minutos gracias a Paul Strathern, mientras que en ciencia, el célebre Stephen Hawkins recoge en su &#8216;Breve historia del tiempo&#8217; un consejo que le dieron para su libro: por cada fórmula que incluyera se reducirían a la mitad sus lectores. Por ello, sólo introdujo una: e=mc2.</p>
<p>Dicho esto, todo aquel que haya estudiado idiomas, intentado adelgazar, leído libros de economía o filosofía y trabajado para poder comprar lo que le apetezca sabe bien que ninguna de estas tareas es ni puede ser fácil. ¿Por qué sigue siendo tan fácil engañarnos? ¿A qué creéis que se refería Jahvé cuando expulsó a Adán y Eva del paraíso diciéndoles que sólo obtendrían el fruto de la tierra con el sudor de su frente? La tecnología puede verse como el esfuerzo humano por aliviar su trabajo, pero es tecnología, no magia.</p>
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		<title>Os invito a cenar (a ver quién paga)</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Feb 2010 09:32:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[En el post anterior traté de exponer que las especiales condiciones de trabajo de los funcionarios no incentivaban a estos a dar lo mejor de sí mismos en sus labores. No deja de ser contradictorio que acceder a tales empleos sea terriblemente competitivo por el sistema de oposiciones y una vez en el cargo, tal [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el post anterior traté de exponer que las especiales condiciones de trabajo de los funcionarios no  incentivaban a estos a dar lo mejor de sí mismos en sus labores. No deja de ser contradictorio que acceder a tales empleos sea terriblemente competitivo por el sistema de oposiciones y una vez en el cargo, tal exigencia desaparezca por completo, precisamente en el momento que más interesaría a la sociedad que rindieran al máximo.</p>
<p>Toca ahora dar un paso más y ver por qué la gestión pública de los recursos tiende a ser ineficiente. Para ello, citaré la explicación -con alguna variante- que ofrece Milton Friedman en el libro &#8216;Libertad de elegir&#8217;, escrito junto a su esposa Rose en 1979. Se puede argüir en contra del ejemplo que procede del mayor enemigo de la intervención estatal en los últimos treinta años e inspirador de las políticas económicas de Pinochet, Reegan o Tatcher, pero ello no implica que su explicación carezca de validez. Imaginemos que tenemos por costumbre salir a cenar todas las noches. Teniendo en cuenta la elección del menú y quién paga la cuenta,  se nos presentan cuatro posibilidades:</p>
<p>1- Cada uno elige lo que quiere comer y paga por ello. En este caso, el incentivo es tratar de sacar el máximo partido a cada euro que invertimos. Puede que alguna noche nos demos un capricho, pero a la larga tenderemos a tratar de sacar el máximo partido a nuestro dinero.</p>
<p>2- Uno paga la cuenta y elige para los demás. En este caso, persiste el incentivo de tratar de economizar al máximo, pero puede que no tanto el de elegir el mejor producto. De ser así, la mejor opción sería dejar elegir a los comensales su propio menú.</p>
<p>3- Uno elige lo que quiere y paga un tercero, por ejemplo, la empresa para la que trabaja. Aquí el incentivo parece claro: yo me puedo olvidar del gasto y optar por aquello que más me apetezca sin importar lo que cueste.</p>
<p>4- Yo elijo el menú del resto de comensales y paga la empresa. Se trata de un caso parecido al anterior, sólo que ahora no tengo el incentivo de elegir los mejores productos, pues yo no participo en la misma.</p>
<p>¿A qué categoría pertenece el gasto público? Parece claro que a las posibilidades 3 y 4. Los ciudadanos poco pueden decir sobre la forma en que  el Estado gasta el dinero de los impuestos; es éste quien hace las veces del comensal que elije el menú de los demás a cargo de un tercero. He aquí la clave para entender una de las razones por las que se tiene tan poco cuidado a la hora de gestionar el gasto público: se gestiona el dinero ajeno para fines que te pueden beneficiar o no. </p>
<p>Toca ahora pensar si la solución a la crisis pasa por aumentar el gasto público. Si a lo recién expuesto le sumamos el interés de los políticos por aumentar el gasto social para ganarse al electorado y los pocos incentivos que tienen los funcionarios para dar lo mejor de sí mismos, deberíamos meditar un poco más sobre ello. Quizás la solución keynesiana pueda servir como vía de emergencia -la II Guerra Mundial es ejemplo de ello-, pero es bastante más problemática si se piensa en ella como forma de administración en etapas de normalidad.</p>
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		<title>Si eres funcionario, mejor no lo leas</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Feb 2010 09:44:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>“Quien trabaja para el Estado no muere reventado”, reza un adagio bastante extendido entre el común de los trabajadores españoles, que aspiran a este estatus con indisimulada avidez. No es de extrañar si se tiene en cuenta que el sueldo medio nacional &#8211;<A href="http://www.elpais.com/articulo/economia/sueldo/medio/Espana/mitad/Reino/Unido/elpepueco/20100119elpepieco_1/Tes-" title="http://www.elpais.com/articulo/economia/sueldo/medio/Espana/mitad/Reino/Unido/elpepueco/20100119elpepieco_1/Tes-" id="link_0">21.500 euros en 2008</a> es la mitad que en el Reino Unido; que diez millones de trabajadores españoles son mileuristas; que estos mismo ganan más o menos lo mismo que el jubilado medio, y que el<A href="http://www.abc.es/20100202/economia-economia/espana-tendra-bajar-sueldos-201002021133.html" title="http://www.abc.es/20100202/economia-economia/espana-tendra-bajar-sueldos-201002021133.html" id="link_1"> FMI pide rebajar los sueldos en España</a>  para mejorar nuestra competitividad. Contrato indefinido y blindado frente a despidos, sueldo estable y buen horario”, resume un <A href="http://www.bbc.co.uk/mundo/internacional/2010/02/100204_0800_espana_trabajo_publico_pea.shtml" title="http://www.bbc.co.uk/mundo/internacional/2010/02/100204_0800_espana_trabajo_publico_pea.shtml" id="link_2">artículo de la BBC sobre el tema</a>. Comentando todo ello con un amigo, me ha dado por husmear en este tema y éstas son algunas “curiosidades” sobre el mundo de los funcionarios.</p>
<p>Según la Encuesta de Población Activa, España superó los tres millones de funcionarios a finales de 2008, lo que significa que hay 1,4 funcionarios por cada diez trabajadores. El monto total de sus nóminas asciende a 108.000 millones de euros, una cifra más preclara si se añade que supone el 10% del PIB  y todavía más si se subraya que de cada diez euros que se generan en España, uno sirve para pagar a empleados públicos. ¿Es dinero bien empleado? Los partidarios de la iniciativa privada seguramente defenderán que no (en un próximo post hablaré sobre este interesante tema) y podrán argumentar además que la <A href="http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20090317/53660964749/la-productividad-de-los-empleados-publicos-en-espana-es-una-de-las-mas-bajas-de-toda-europa.html" title="http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20090317/53660964749/la-productividad-de-los-empleados-publicos-en-espana-es-una-de-las-mas-bajas-de-toda-europa.html" id="link_3">productividad de los funcionarios patrios</a>  es, a lo que parece, una de las más bajas de Europa.</p>
<p>¿Y cuánto gana un funcionario? Dejando al margen los altos cargos (presidente del Gobierno, del Supremo, ministros&#8230;), el <A href="http://www.boe.es/boe/dias/2009/01/03/pdfs/BOE-A-2009-71.pdf" title="http://www.boe.es/boe/dias/2009/01/03/pdfs/BOE-A-2009-71.pdf" id="link_4">jornal del funcionario</a>  se establece de la suma de varios conceptos: el sueldo mensual según su categoría (van de la A1, que cobra 1.157 euros, caso de un catedrático, hasta C2, con 546, caso de un soldado); los trienios; el complemento de destino (existen 30 niveles -l 30 se lleva 1.016, mientras el 1, 96-, que se adquieren por el desempeño de esa tarea durante dos años seguidos o tres interrumpidos), más un complemento específico que premia la especial dificultad, responsabilidad o peligrosidad de un cargo (un rector de universidad se lleva 1.495 euros mensuales por este motivo), y dos módulos de equiparación del poder adquisitivo y de calidad de vida. </p>
<p>Pero al margen del sueldo, quizás sean otras condiciones laborales las que más envidias despiertan entre los no-funcionarios. Uno es el puesto fijo. En el siglo XIX, a cada cambio de gobierno le correspondía una limpia de empleados públicos que hizo surgir la figura del “cesante”, la del funcionario que se quedaba sin trabajo a cada cambio de gobierno, la del funcionario retratado por Galdós en &#8216;Miau&#8217;. Ahora, para que un funcionario pierda su puesto tiene que “cumplir” alguno de estos requisitos: una sanción disciplinaria lo suficientemente grave (algunos casos son el abandono del servicio, discriminación,  uso de información de forma indebida, no respeto a la Constitución&#8230;); una pena de inhabilitación para cargo público, y las tres más curiosas: renunciar al cargo, perder la nacionalidad o la jubilación. En definitiva, un funcionario sólo pierde el puesto porque quiere o porque la “lía pero que bien liada”.</p>
<p>En cuanto a las <A href="http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/rdleg4-2000.html#c5s2" title="http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/rdleg4-2000.html#c5s2" id="link_5">bajas temporales</a>, los funcionarios perciben su sueldo completo durante los tres primeros meses y, desde el cuarto, las retribuciones básicas, la prestación por hijo a cargo, en su caso, y un subsidio por incapacidad temporal a cargo de la Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado que rondará el 75-80% del anterior. Además, disponen de seis días por asuntos particulares (2 días adicionales al cumplir el 6º trienio, incrementándose en 1 día adicional por cada trienio cumplido a partir del 8º) y los habituales por nacimientos, defunciones o mudanzas.</p>
<p>Visto este resumen, ¿qué incentivo tiene un funcionario para dar el 100% en su trabajo? Es realmente difícil que pierdan el puesto, tienen un (en general) buen sueldo garantizado, la baja supone cobrar prácticamente lo mismo que cuando están trabajando&#8230; ¿Es entonces el crecimiento del sector público la mejor solución para salir de la crisis? Es difícil discutir que los fines del estado de bienestar son “buenos” y deseables, pero ¿qué cabe decir de los medios, es decir, de la naturaleza de la gestión pública? ¿Es posible un equilibrio entre la seguridad necesaria para todo trabajador y la no menor necesidad de buscar el mejor rendimiento? Más, en el próximo post</p>
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