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	<title>¿Un mundo sin publicidad? | Aletheia - Blog elcorreo.com</title>
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		<title>¿Un mundo sin publicidad? | Aletheia - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Aug 2009 10:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><object style="border: 0pt none ; margin: 0pt; background: transparent none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial;" width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/vF0FWpSndF0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;"><param name="allowFullScreen" value="true"><param name="allowscriptaccess" value="always"><embed src="//www.youtube.com/v/vF0FWpSndF0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>
<div>La publicidad lo inunda todo. Los paneles de las carreteras, los carteles de las calles, las continuas interrupciones de películas y programas televisivos, los anuncios de los periódicos… Esta omnipresencia no es de extrañar: la economía engrasa su mecanismo gracias al consumismo (el consumo, con la división del trabajo existente fundamentalmente desde la Revolución industrial, es necesario: pocos o ninguno producimos los alimentos, vestido o cualesquier otro producto ligado a la supervivencia, de ahí que compremos a los demás su trabajo y su tiempo; el consumismo, es decir, el consumo hiperbólico, nada tiene que ver con ello y se trata de la deformación de una necesidad que además degenera en infelicidad -uno aspira a lo que no tiene y cuando no lo logra, termina por frustrarse). La publicidad debe estimular nuestra aquietada necesidad de consumo para convertirla en consumismo. Nada nuevo.
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Sin embargo, otro efecto muy llamativo es el que ejerce sobre sus soportes. Me explico. La publicidad exige a la realidad que patrocina una naturaleza muy peculiar: la del espectáculo, la del llamar la atención, la de los fuegos de artificio, justo la que atrae a los medios de comunicación. El deporte es un caso muy claro: la natación, siempre al margen del circuito mediático salvo durante los Juegos Olímpicos, ha sido noticia por la cantidad de <a href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2009/7/28/records-y-credibilidad" title="http://blogs.elcorreodigital.com/aletheia/2009/7/28/records-y-credibilidad" id="link_0">récords batidos</a>  en los dos últimos años. ¿El precio a pagar? Su propia credibilidad. ¿Qué valor puede tener un deporte en el que baten una y otra vez registros que por su propia definición de récords, deberían rozar la excelencia? Otro ejemplo: ¿qué habría sido de Beckham sin la publicidad? Como dijo <a href="http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/northern_ireland/618154.stm" title="http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/northern_ireland/618154.stm" id="link_1">George Best</a>  cuando fue a recoger un premio en nombre del jugador inglés, “Beckham no es rápido, no regatea, no utiliza la pierna izquierda, no remata bien de cabeza y no marca muchos goles. El resto lo hace bien”. Casi nada para el jugador mejor pagado del mundo.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>El círculo vicioso que esta influencia de la publicidad implica también se deja notar en los propios medios. Tanta audiencia, tanto pagan los anunciantes. Atados por esta regla de oro, los medios -televisión, periódicos…- tienden a dar importancia a lo más llamativo: robos, muertes, sucesos, extravagancias, freekies de todo tipo, noticias del corazón…, noticias de consumo fácil y masivo. ¿Son las más importantes? No, pero generan audiencia, que es lo que buscan los anunciantes. De esta forma altera la publicidad, es decir, la economía, la naturaleza de lo que soporta su presencia. Los medios viven de ella, pero, conscientemente o no, ven transformada su naturaleza. Y es que hasta los horarios de las emisiones vienen dictados por las horas punta en las que la audiencia se sienta frente al televisor, justo cuando más pagan los anunciantes. </p>
<p>La publicidad, así las cosas, no es un mero ejercicio estético, un simple esfuerzo creador de los anunciantes por atraer clientes. Es una forma de encauzar la realidad hacia lo llamativo, hacia el espectáculo, hacia lo espumoso. El mundo sin publicidad sería muy diferente, pero por mucho más que por los espacios vacíos o por los periódicos recortados del anuncio -paradoja- de Autocontrol de la publicidad con el que comenzaba este post.</p>
</div>
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