Las estrellas del firmamento cinematográfico español volverán a pasear por la alfombra verde del Teatro Real de Madrid esta noche en la velada del cine patrio por antonomasia. Más de cien actores, directores, películas, productores y guionistas, entre otros, esperarán a que el maestro de ceremonias diga su nombre tras la famosa frase: “Y el Goya es para…”.
Pero en este post no quiero hablar exactamente sobre la gala, los nominados ni sobre el cine español, quiero que conozcáis al ‘padre’ de ese busto enfadado tan deseado por los cineastas de nuestro país. Él es José Luis Fernández, el escultor que, desde hace 24 años, es quien crea la estatuilla del pintor español.
Su andadura en los premios comenzó en la segunda edición de estos galardones. La primera estatuilla era obra del escultor Miguel Ortiz Berrocal y era algo diferente a la que conocemos actualmente. Se trataba de una obra desmontable que combinaba el busto de Francisco de Goya con una cámara de cine sobre su cabeza. El problema es que este modelo pesaba mucho, por ello se le encargó al escultor asturiano José Luis Fernández que creara uno más manejable. Y ahora, el busto de bronce del pintor español pesa unos tres kilos.
Desde el año 1988 Fernández comienza a tallar, una a una, las 29 estatuillas (de las 28 categorías premiadas más la de honor) tres meses antes de la gala. Lo hace en su taller de 700 metros cuadrados de Torrejón de Ardoz junto a algunos miembros de su familia, sus hijos Natalia y Sergio y su hermano Enrique, y más profesionales de la escultura y la talla.
La estatuilla de Goya se hace con la técnica de la ‘cera perdida’, un procedimiento heredado de la Grecia clásica. Este escultor asturiano utiliza un molde de silicona que sacó tras realizar una pieza maciza de barro con los autorretratos de pintor. Este molde de silicona se rellena de cera. Cuando éste se seca y tras pulir todos los detalles, la figura se coloca en un cilindro que se recubre de barro y se cuece. Con el calor de la cocción la cera se funde y se cae y en el interior del barro queda la figura del busto de Francisco de Goya. Este molde de barro se rellena de bronce fundido. Para que no pese demasiado, Fernández utiliza la técnica basada en el centrifugado: el bronce se introduce en el molde a gran velocidad para que la figura no sea maciza, ya que el metal llega por igual a todos los rincones.
Y una vez que se pulen todos y cada uno de los Goyas que salen del taller, 29 de ellos esperan desde unos días antes de la gala en una cámara de seguridad. Mientras tanto, en el taller de Torrejón de Ardoz se ultiman las estatuillas que irán dirigidas al resto de miembros premiados en alguna de las categorías de grupo.
Este es el renacer que, año tras año, vive el premio más importante del cine español en las manos de este escultor de 68 años.

