El gran reto: transformar el mundo Fernando Alexis Jiménez Jerusalén era un hervidero de personas. El sol quemaba los rostros de los transeúntes que, sin pedir permiso, se abrían paso. El río humano iba y venía. No tenía una dirección determinada. Sobre los costados, en las casas de barro y madera, se amontonaban los vendedores.

