El perdón, más que palabras
Se miraron a los ojos. Un destello de segundos. Algo fugaz como un relámpago en una noche oscura que amenaza tormenta. Rosaura quería decir muchas cosas. Tenía tristeza. La embargaba la desolación. Sin embargo reprimió sus emociones. Resultaba mejor callar y medir, con sumo cuidado, el alcance de cada palabra.
Rolando se asomó por los barrotes. Esperaba insultos. Una frase procaz. Incluso, que lo agrediera. ¡Al fin y al cabo en una gresca de pandillas le había provocado la muerte a su hijo de diecisiete años! Sin embargo nada de eso pasó. Una mirada que lo dijo todo.
–Te perdono…–musitó ella, sintiendo que se quebraba su voz–. Sólo vine a decirte que te perdono–. Y se echó a llorar.
El joven guardó silencio pero, en lo más profundo de su ser, sintió que esas palabras lo hacían libre. Como si le hubieran quitado una pesada carga de su espalda.
–Gracias…–dijo quedamente. Rosaura tomó su mano, prendida de los barrotes, la apretó con fuerza como si se tratara de su propio hijo, muerto violentamente ocho meses atrás, y se alejó llorando. También con la sensación de haberse liberado de una tremenda carga…
Perdonar no es fácil
Sí, me pregunto, ¿Quién dijo que era fácil perdonar a quien te causa daño? Todos, en algún momento de nuestra vida, habremos enfrentado el terrible dolor que se experimenta a nivel emocional cuando alguien nos traiciona, habla en contra nuestra, hiere nuestra confianza o nos causa daño de alguna manera.
La rabia inunda nuestro corazón. Nos parece que perdonar es imposible. “Es un asunto de los que no tienen dignidad“, gritaba furibunda una vecina cuando su esposo le pidió que le perdonara por una noche de farra con unos amigos.
Tal vez usted mismo ha atravesado por una situación similar. Sobrarían las palabras para explicarle qué se siente.
A dos hombres ilustres de la historia se atribuyen frases profundas y a la vez sencillas sobre el perdón: Napoleón Bonaparte, el célebre conquistador y estadista europeo solía repetir: “El perdón nos hace superiores a los que nos injurian.”. Por su parte el famoso pintor irlandés Francis Bacon habría dicho: “Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él.”.
Pero en mi condición de cristiano, deseo compartir con usted un principio de éxito que compartió el Señor Jesús con sus discípulos y con nosotros hoy cuando alguien lo abordó: “Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces —le contestó Jesús” (Mateo 18:21, 22. Nueva Versión Internacional).
¿Ha pensado que la falta de perdón le impide avanzar hacia el éxito? Sin duda habrá leído, escuchado o visto por televisión informes científicos de las enfermedades que desencadena guardar rencor. Desencadenan altos niveles de estrés, insomnio, dolores de cabeza, afectación en el funcionamiento del organismo y casos en los que personas que anidan resentimientos contra alguien, manifestaron enfrentar cáncer y artritis, para mencionar solo algunas consecuencias. ¡Hoy es el día para que—con ayuda del Señor Jesucristo—se disponga a perdonar. ¡Usted también puede hacerlo!
¿Ya recibió a Jesucristo en el corazón?
La mejor decisión de todo ser humano es recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Es el comienzo de una nueva vida. Basta con decirle: “Señor Jesús, gracias por perdonar mis pecados en la cruz y abrirme las puertas a una existencia renovada y de éxito. Te abro el corazón y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”
Si tomó esta decisión, le felicito. Ahora tengo tres invitaciones para usted:
1.- Aprendida principios conducentes hacia el éxito y el crecimiento personal y espiritual, leyendo como mínimo un capítulo de
2.- Ore a Dios. Orar es hablar con Dios. Es volar a nuevas dimensiones de poder, el poder que proviene de nuestro Supremo Hacedor, el que todo lo puede.
3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana.
Si tiene alguna inquietud, por favor no deje de escribirme ahora mismo:
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