Entrevistas para currar como un chino

Casi todos los extranjeros residentes en el Reino Central hemos pasado por la fase “profes de inglés de guardería”. Es decir, la fase de ser monos de feria que bailan, brincan y dan palmas mientras cantan que el viejo McDonals tenía una granja, iaiaooooo, mientras los profesores chinos nos ignoran y docenas de pequeños seres infernales de ojos rasgados te trepan, se sacan un moco y te dicen en chino que no te entienden y que se hacen pis.

En el campo la vaca hace muuuuuu... el granjero le da un sartenazo en la cabezaaaa y así se hacen las hamburguesaaaas... ¡y ahora el pollo!

Mencionaba en un post anterior mi particular odisea hacia una entrevista de trabajo; hoy me gustaría hablar de la entrevista en sí.

Con la que está cayendo en España, cuando nos imaginamos una entrevista de trabajo nos viene a la cabeza una oficina impoluta, un señor que te escudriña por encima de las gafas mientras mira de reojo tu CV y tú ahí sentado vestido de pitiminí intentando, a la vez, mostrar tus manos para que no parezca que ocultas algo mientras que cuidas de no moverlas mucho para no parecer superfluo o fuera de control, manteniendo la mirada pero sin llegar a intimidar, con la corbata roja de dar confianza, tu sonrisa de diez mil vatios y tratando de oprimir los poros y el ojete, no vaya a ser que la cagues en tu única entrevista del año. Mil cursillos proliferan sobre el tema, enseñándote técnicas, preparándote mental, física y fisiológicamente y recomendándote frases a decir y aptitudes a destacar.

Pero nada te prepara para una entrevista chinorris para ser profesor de inglés de kinder garden (guardería) en China. Bueno, sí: este post.

Llegué a mi primera entrevista cinco horas después de haberles mandado el currículum, de las cuales una y media me las pasé completamente perdida intentando encontrar el lugar donde sin duda se encontraba una ordenadísima agencia con miles de recursos educativos, caras profesionales y limpias instalaciones.

Ja.

Me abrieron la puerta de lo que parecía un piso particular, pero a lo chino: todo estaba en todas partes. Cuando digo todo, es todo: me ofrecieron un vaso de agua caliente de un hervidor que se encontraba encima de una pila de papeles variados, sacaron un boli de debajo de una mesa de aspecto sospechoso y unos documentos de una balda que hacía las veces de pilar de una escalerilla, quitaron unos juguetes de una silla de playa plegable para que me sentara y con un lenguaje corporal obtuso me indicaron que respondiera a las preguntas de dicho papel.

Pensé que todo ello era un prueba de aptitud, pero no; una cámara oculta, pero tampoco; acto seguido me pasaron un montón de postalitas con dibujos horteras variados y me dijeron que tenía cinco minutos para preparar una clase demo. ¿Una demo? ¿Con unos dibujos de… a ver… un cocodrilo, un señor gordo, un pie, un río, un objeto no identificado y una niña que se llama Emily?

...o me dices cómo se dice esto en inglés o se tira por el tobogán Lita la pollera

En ese punto el surrealismo ya se había apoderado de mi vida y, como se dice en ciertos círculos e incluso en ciertos triángulos isósceles ya me la picaba todo un pollo; así que tras rellenar los papeles de rigor (¿mi dirección en China? Vivo en un albergue… ¿Qué si voy a renovar mi visado? Bueno, dame trabajo y me lo pienso… ¿Mi nivel de chino? Tarzán…) subí las escaleras temiendo por mi vida, ya que la balda que la sujetaba empezó a bailar el bamboleo, para encontrarme de frente con tres orientales: dos chicas vestidas de manera absurda chinosensuarrr y un señor de traje , “Sandy”, que no parecía distinguir bien los nombres masculinos de los femeninos o de los helados del McDonalds iaiaioooooo. Los tres me miraban con una expresión inescrutable de admiración o inquina que se ve bastante por este país.

Así que quieres trabajar en mi kinder garden, extranjero

“Teach english”, me dijeron, como si fuera un casting.  Les pregunté a ver cuántos años se suponía que tenían. Al decirme que tres, decidí seguir su juego y les ordené que se sentaran en el suelo. Me obececieron, boquiabiertos.

A continuación les hice revolcarse, cantar a voces, bailar, hacer gestos, tirarse del pelo, retorcerse, pegarse entre ellos con un martillo inflable, hacer el corro de la poteito y un sinfín de maldades más. Al acabar, Sandy, emocionadísimo, estaba aún dando palmas. “Do you know And Bingo is his name-O”??”, o lo que vendría a ser lo mismo, a ver si me sabía Mi barba tiene tres pelos.

Creo que es la entrevista más surrealista que he hecho después de aquella que hice en Madrid completamente dopada de cafeína, porque iba de gaupasa tras pasarme toda la noche conduciendo, donde acabé contándoles con muchos aspavientos que a mi exnovio casi le pica una avispa en la punta del cipote (pero con palabras más bonitas y en inglés). Todo esto antes de ir para Santander en coche, cantando canciones de Marea a grito pelado para no quedarme dormida, hacer noche en el aeropuerto porque mi novio volaba desde allí a primera hora, y sobrevolar una zanja que había aparecido allí literalmente de la noche a la mañana, seguramente para que la gente no aparcara en la zona gratuita. Pero ésta es otra historia (atjum).

Ambas experiencias vitales, pues no hay mejor manera de describirlas, tienen algo en común. En las dos me ofrecieron pasar a la siguiente fase.

Es por ello que, en caso de tener que dar un consejo sobre cómo comportarse en una entrevista de trabajo, yo recomendaría simplemente ser tú mismo. Ahora, la decisión de si realmente querríais trabajar en un sitio donde contraten gente así la dejo en vuestras manos.

Yo no tenía nada mejor que hacer, así que acepté la oferta. Al día siguiente hice exactamente lo mismo con un grupo de cuarenta y dos niños del averno made in China y me contrataron.

Todos estos todos juntos

Recapitulemos: éste era mi octavo día en el Reino Central. Y mi situación se resumía en “Voy a empezar a trabajar en una guardería china como profesora de inglés, apenas conozco a nadie en Pekín y vivo en un albergue juvenil, en una habitación de ocho personas”.

…y en mi primer día en la guarde, al abrir la puerta de la sala de profesores y presentarme como “la nueva”, dos de los que iban a convertirse en mis compañeros de trabajo me miraron de arriba abajo, sin decirme nada; se miraron entre ellos, sorprendidos; y finalmente dijeron, a modo de bienvenida: “oh, guau. Pareces normal”.

¿Oh guau?

…animalicos.

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