Direcciones en China, o cómo sudar tinta ídem

Releyendo las frases sueltas que escribí hace más de un año para acordarme de los acontecimientos principales de mi confusa vida pekinesa, me he topado con la siguiente frase: “Los niños me tocan las tetas y yo les cuento el cuento de la Happy Beaver”.

… supongo que hay cosas que no cambian, ni cambiarán nunca.

(Cabe destacar que “Beaver”, en inglés, puede significar “Castor” o “Conejo”…el segundo significado de conejo… y no, no me refiero a Bugs Bunny…)

En esas casi tres semanas que viví en un albergue donde me encontré a mí misma precisamente por estar completamente perdida, tuve, por alguna extraña razón, la firme creencia de que sería capaz de escribir al menos dos líneas por día narrando mis aventuras.

Obviamente, eso no sucedió nunca. Siempre estamos todos muy ocupados intentando decidir qué hacer con el resto de nuestras vidas, como si eso fuera completamente incompatible con vivirlas, o con compartirlas. Ello lleva a que tenga ahora que hacer un duro ejercicio de memoria, y mi memoria es erráticamente selectiva. Sobre todo en esos días, en los que todo era muy confuso, y los martes cualquiera se convertían en martes especiales, mis cenas en bolas de pan extraño gomoso rellenas de carne y los mochileros que conocía en el bar en mis mejores amigos y confidentes.

Pero no solo eso: lo lejano se convertía en cercano, lo gigantesco en simplemente grande, la derecha en el norte, la izquierda en el sur, el Carrefour en JiaLeFú, los ojos que sospechan en ojos normales, los ojos asustados en ojos extranjeros y a mis ojos lo extravagante se volvía normal y lo serio jocoso. Todos mis conceptos cambiaban mientras Epi y Blas lloraban. “Estar cerca” aquí es estar a 20 minutos andando y “No muy lejos” es una hora de metro con cuatro cambios de línea.

El JiaLeFú

Los chinos cuando quieren son claros y concisos. Martes en chino se dice “Semana Dos”. Decidí quedarme en Pekín un Semana Uno, empecé a trabajar un Semana Tres, pero antes de llegar a ese punto viví una experiencia cuasi-religiosa. De hecho, varias.

La primera fue bajar al metro e intentar averiguar cuanto tiempo podía tardar hasta el lugar donde tenía la entrevista de trabajo. Miré al mapa de las estaciones, él me miró a mí, nos miramos ambos dos, yo entré en trance y estuve a punto de caer de rodillas ante tal aparición.

 

Parecidos razonables

 

 

Tras percatarme (no sin cierta decepción) de que no estaba en presencia de sus tallarinescos apéndices, procedí a examinar las líneas con fruición.

He de explicar algo: los chinos son muy supersticiosos con esto de los números. El número 4 suena parecido a “Muerte”, el 8 a “Buena fortuna”, el 5 a “Yo”, el 2 a “Amor”, el 1 a “Querer”, etc. De ahí que a la hora de comprar una tarjeta SIM, un número de teléfono con muchos ochos o una buena combinación de números es infinitamente más caro que uno con muchos cuatros. Cuando compré la mía me sorprendí de lo barata que era. Luego me di cuenta de tiene varios cuatros, lo cual quiere decir que cualquier día me come un caimán. Bueno, un día me persiguió un centollo que se había escapado de un restaurante, pero no sé si cuenta.

Algunos números recuerdan a miembros de tu familia, como madre, tío, suegra… Así, la gente evita el 5 cerca de la suegra y le añade un 14, que puede sonar a “Quiero morir”. También hay combinaciones amorosas, como el 520, que parece un “Te quiero”. De hecho, este pasado cuatro de enero se celebró una especie de “San Valentín” chinorris al ser la fecha “201314” (aquí ponen el día al final y el año al principio), que viene a ser “te querré por siempre”. Y es que esta sociedad está tan obsesionada con el tema matrimonio obligatorio u ostracismo social que tienen hasta un día oficial de “Prevención de Soltería” para aquel que esté como la una, o como el uno, el 11 de Noviembre (11/11). En esa fecha se celebran festejos por toda la ciudad para solteros entrados en años (es decir, mayores de 27), muchos de ellos con alcohol de por medio para ahogar las penas y el inconformismo.

No sé si la numeración de las líneas de metro tiene algo que ver con sus supersticiones, pero la primera en ser abierta fue la 1 (bien), luego vino la 2 (vale), después la 13 (o…k) y no estoy muy segura pero creo que la siguiente fue la 10 y más tarde la 5 seguida de la 4… o algo así. La cosa es que la semana pasada abrieron la 9 y la 6, así que ahora mismo tenemos la 1, la 2, 3 no hay, la 4, la 5, la 6, 7 no hay, la 8, la 9, la 10, 11 y 12 no hay, la 13 que es una carraca, 14 no hay y la 15 que lleva al culo del mundo.

…si has sido capaz de leer el último párrafo sin preguntarte ni una vez “¿Pero qué coj…?”, puedes vivir en China, porque todo es así.

¿Ve alguien más algo raro en los botones de este ascensor?

Así que me lancé a la aventura, aterricé en Zhongguancun, una parada de nombre impronunciable cerca de HaidianHuangZhuang, pero que no supera a Huixinxijienankou (forever in my heart) y tras salir al exterior me dispuse a encontrar la oficina con las precisas indicaciones otorgadas.

Los chinos, cuando NO quieren, no son ni claros ni concisos. Atención:

“Sal por la salida (x), gira al oeste, llega hasta la tienda llamada (chinchinfuncosaenchinolalala), ve hacia el edificio grande, camina unos dos minutos y estamos detrás de los dos árboles viejos, en el piso doce”

…ajá. Y todo esto en chinglish. He aquí la segunda experiencia cuasi-religiosa; me empiezo a cagar en la Virgen y en todos los Santos.

Por supuesto, la salida (x) no estaba al alcance de la vista, opto por salir por otra; craso error. Nunca he sabido ni por dónde viene el viento, identificar el Oeste sin ver cowboys me es imposible; por no mencionar que todo lo que sabía decir en chino en aquella época era “Hola” y “Te quiero” (es decir, nivel básico pa’ cer amigos), por lo que no sé leer los caracteres donde pone chinchinfuncosaenchinolalala. En cuanto a lo del “edificio grande”… ¿¿cuál?? Estaba rodeada de rascacielos que me impedían ver el ídem, y nadie me especificó a qué velocidad caminan en este país como para saber hasta donde he de llegar en dos minutos. ¿En plan “Caracol reumático” o “Voy con prisa porque tengo una entrevista de trabajo y estoy más perdida que un pulpo en un garaje”?. Y lo que es más, ¿¿qué coño árboles de doce plantas tienen aquí??

Tras un ratazo en el que no sé yo si caminaba o bailaba la yenka en chino izquieldaizquielda delechadelecha delante, detlás,  yi, er, san, logré dar con el dichoso edificio que albergaba la “oficina”, o habitáculo donde hice la entrevista. Llegué más de media hora tarde, muy apurada, roja, avergonzada y con la boca llena de disculpas. Me contestaron “No pasa nada, asumíamos que te perderías”.

…ajá.

Y así, con este facepalm, comencé mi primera entrevista de trabajo en China. He pasado ya por varias, y son otro mundo, por no decir otra galaxia, u otro universo que sobrevuela el dragón de oro azul sobre la flor de loto dorada que se abre en primavera. Como todo, todo y todo en éste el “Reino Central”.

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