Este puede ser el principio… de un irónico cuento chino

Acabo de dar una clase sobre la diferencia entre ironía y sarcasmo a estudiantes chinos. El hecho, ya irónico de por sí, tiene una simple explicación: para poder comprender plenamente el significado y el humor intrínseco en el texto discutido en el aula, los lectores han de saber ver el lado gracioso y la genialidad del absurdo más completo.

El objetivo de esta lección era que aprendieran a disfrutar, como yo lo hago. Disfrutar no sólo de “La guía del autoestopista galáctico” (libro que están leyendo para “Apreciación de la literatura americana y británica”, una de las asignaturas que imparto), si no de su vida en este país tan ooobviamente comunista, sin ningún trazo de capitalismo voraz; en el que la libertad de expresión y la libre información no están para naaada coartadas o tergiversadas por los medios, y, de estarlo, tooodo el mundo lo sabría; en el que nooo existe el racismo, todo va bien como en la España de Aznar y son todos ex-tre-ma-da-men-te receptivos a los cambios, comprensivos con el de fuera, humildes y poco competitivos. Un país donde, oh, sí, tooooodo tiene sentido, sobre todo sentido del humor. No sé si me explico.

Llegué a Beijing hace algo más de un año, lo que se supone que me convierte en una “experta”. Una chica me escribió hace poco preguntándome, entre otras cosas, qué debía traer. Mi respuesta fue “tres toneladas de sentido del humor, un quintal de curiosidad, y lo más importante, un saco de paciencia… que lo vas a necesitar”.

Yo llegué a lo Paco Martínez Soria, con una sonrisa en la cara, muchas preguntas en la mente, suficiente coraje para enfrentarme a la vida y una maleta llena de sueños e ilusiones. Creo que eso, todo ello salpicado de la paciencia y sentido del humor que mencionaba antes, es lo que conservo de aquella persona que yo era el año pasado. Es más, considero que es lo único que he desarrollado, dejando muchas cosas atrás.

Muchas veces he sentido que me agarraron de la coleta, me dieron cuatro vueltas en el aire para que cogiera impulso y me lanzaron aquí en medio de la China Capuchina, gritándome desde lejos “¡¡Y ahora vas y aprendes!!”.

Y es que eso es lo que he tenido que hacer, aprender a marchas forzadas por el método ensayo – error. Vine a este país con un presunto trabajo por delante (ensayo) y ciertas asunciones por detrás (error), y por detalles que no vienen al caso al poco acabé, por voluntad propia, con una mano donde el trabajo y la otra donde las asunciones. Terminó, irónicamente, siendo ésta la opción más digna, al negarme a seguir aceptando las inexcusables condiciones impuestas por un chino Fumanchú en un contrato inexistente.

China es un país de contrastes. Por ejemplo, en verano hace muchísimo calor y en invierno demasiado frío. Aún no hacía “demasiado frío” una semana después de mi aterrizaje, un domingo a mediados de Octubre de 2011, cuando decidí coger mis cosas, abandonar aquella engañifa en la que estaba envuelta y largarme a un albergue juvenil sin saber aún muy bien qué hacer – …pero ni siquiera por las bajas temperaturas me hubiera permitido temblar.

Sopesé entonces la situación en la que me hallaba. Estaba sola en un país cuasi alienígena en el que muy poca gente habla algo comprensible, no conocía a nadie, no tenía trabajo ni casa y no sabía por donde empezar. Chachi. Curiosamente, era capaz de pensar con una claridad pasmosa: Volver no era una opción. ¿Para qué? ¿Para engrosar las listas del paro? ¿Para condenarme a una rutina que no deseo? ¿Para vivir de nuevo en un país donde es casi imposible independizarse? ¿Para permitir que mi mala experiencia se convirtiera en un trauma que me hiciera refugiarme bajo la cama mientras llamo a mi mamá? No… supongo que me va la marcha. Una vez decidido este punto, pasé a valorar mis opciones.

Primer paso: Averiguar por cuanto más tiempo iba a ser legal. No era plan de cabrear a la policía china.

Segundo paso: …

Tercer paso: Encontrar trabajo.

Cuarto paso: Encontrar piso.

Aún con algunas dudas sobre mi método de acción, me puse manos a la obra. El primer paso me llevó un día entero, pero el resultado fue satisfactorio: tenía tres meses por delante. Lo cual me alegró, porque de lo contrario el segundo paso hubiera sido “irse a tomar por culo cagando leches” y nunca hubiera llegado al resto de los puntos.

Antes de pasar al paso tres, de nuevo me puse a cavilar sobre el camino a seguir. Dos amigas me ofrecieron soluciones “fáciles”: alojamiento, apoyo y ayuda a la hora de buscar trabajo en Tianjin y Shenzhen, ciudades donde ellas residen. Sin embargo, yo ya en ese momento estaba fascinada con Beijing – ya había empezado a sentir esa fantabulosa sensación de amor-odio hacia esta inconmensurable urbe; sensación que, por cierto, a día de hoy todavía no ha decrecido. La idolatro y aborrezco a partes iguales. Me sorprende gratamente y es ingrata conmigo día sí y día también, y he de admitir que por eso sigo aquí. Y por eso, en aquel momento, decidí intentarlo: ya que no tenía nada en Beijing, tampoco tenía nada que perder.

Eran las diez de la mañana de un martes, que en otras circunstancias hubiera descrito como “cualquiera”, cuando mandé cinco currículums vía email destinados a cinco ofertas de trabajo que había visto en una popular website pekinesa.

…eran las diez y diez cuando sonó mi teléfono, concertándome una entrevista para esa misma tarde a las tres. Aquel martes pasaría de ser “un martes cualquiera” a convertirse en “el martes en el que batí un record Guinness y encontré trabajo en Beijing en cinco horas”. El martes que siguió al lunes en el que, donde un cuento chino hubiera acabado con la historia de muchos, yo decidí que la mía acababa de empezar.

 

 

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  • 14357153

    No había tenido tiempo de leerte hasta ahora, y qué quieres que te diga… genial, como siempre!!! Por lo menos así sabré algo más de tí. No dejes de informarnos de tus historias!!! TE QUEREMOS!!!

    • Shiru

      No garantizo la frecuencia, pero seguiré informándoos :) ¡Muchas gracias por los ánimos!

  • 14357153

    Que por cierto, soy Nere, q me he ido a conectar a través de Facebook y en vez de mi nombre me pone ese número aleatorio. jajaja!!!

  • gemmap

    ¡Me encanta! Y como me alegro que tu historia empezase aquel martes cualquiera :)

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