
Amancio Prada-San Juan de la Cruz –
¿Quién no ha tenido una noche oscura?…
¿Quién no se ha despertado en medio de ella y se ha sentido en otra parte?…
Tal vez el sosiego no sea lo que viene a calmarnos precisamente.
Quizá si alguien posara una mano en nuestra espalda, nos sentiríamos más acompañados.
Noches oscuras que ponen luz…
Noches estremecidas en las que soñar se hace difícil…
Noches como un aluvión de ausencias prematuras…
¿Por qué son las noches tan frías aunque sea verano?…
Sabes que el color de tu infancia se ha ido despintando con los años…
Eres consciente de que el amor se acaba…
¿Hasta dónde has medido tu paciencia?…
¿Sobre qué alturas vas a dejar tu sueño?…
La noche se cierne sobre tu piel y no consigues dejar en el arcén de las sábanas su recuerdo.
Es verdad que aquello que te hizo feliz un día lo recordarás para siempre…
También es cierto que la tristeza te habita para retar a tu corazón…
La noche es la principal causa de insomnio, como lo ausente es el efecto melancólico de quien tiene alma…
Noches eternas donde la presencia altiva del que no está, se hace inmensa y te deja vencida al borde de la cama.
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