
Como dice Ricardo Arjona, duele, ¡cómo duele que estés tan lejos…
Duele también lo que perdemos en el transcurrir de la vida. Son tantas las cosas que han dejado huella, que es difícil encontrar una luz entre tanta oscuridad; como cuando estamos mucho rato al sol y de repente nos adentramos en el interior de una estancia sombría.
No se puede habituar instantáneamente nuestro cuerpo al frío; nuestros ojos no soportan la humedad de sus propias lágrimas y a nosotros se nos va inundando el corazón…
Los años sirven para almacenar más desencanto, pero también para ver menos y mejor…paradojas que tiene la vida.
Ni tan siquiera hace falta que nos asomemos a la barandilla para saber reconocer lo hermoso; ya no hace falta salir a la puerta para recibir al verdadero amor, porque no va a venir nunca…
¡Cómo es posible que estemos tan solos y no nos miremos al pasar? ¡Cómo negamos las sonrisas! ¿Cómo conseguimos vivir al margen del laberinto de humanos, persiguiendo sueños todavía?…
Estamos de paso hacia algún sitio y es en el trayecto donde tenemos que echar el resto. Dejar para la tierra lo que a ella le pertenezca, pero no dar tregua al tiempo que nos va siguiendo al trote…
…Y duele, cómo duele lo perdido, lo amado y gozado que hoy está en otro tejado, lejos de nuestra casa. Las palabras que juramos compartir eternamente se las ha llevado el viento y nosotros estamos vencidos, procurando no morir de desencanto.
Es ancho este rail de hielo por donde pierdo tu nombre y me van goteando restos de tu recuerdo. Alojo entre mi sangre la parte cálida de tu corazón para que no se hiele el mío, y puedan los dos seguir latiendo…
Pero duele,¡cómo duele esta distancia de lo mil veces amado, que parecía no acabarse nunca…esta provocadora y atractiva forma de seducir matando hasta el último instante…

Duele darse cuenta de que la vida nos ha traído y nos ha dejado tan solas….
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