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Dignidad y vergüenza de México

2016 abril 26
Manifestación por los estudiantes asesinados en Iguala. AFP

El discurso del mexicano Fernando del Paso al recibir el Premio Cervantes fue admirable y conmovedor.  El novelista, pese a las secuelas de una reciente isquemia, dio una viva muestra de dignidad y lucidez. El escritor no dudó en denunciar cómo “las cosas no han cambiado en México sino para empeorar… Continúan los  atracos, las extorsiones, los secuestros, las desapariciones, los feminicidios, la discriminación, los abusos de poder, la corrupción, la impunidad y el cinismo”.

Manifestación por los estudiantes asesinados en Iguala. AFP

Manifestación por los estudiantes asesinados en Iguala. AFP

Del Paso, pese a “tragarse la vergüenza” de criticar en el exterior a su país, no dudó en pegarse al terreno de la actualidad y criticar con dureza la aprobación de la bautizada como Ley Atenco a la que calificó de herramienta opresora que habilita a la Policía a apresar e incluso a disparar en manifestaciones y reuniones públicas a quienes consideren que atentan contra la seguridad, el orden público, la integridad, la vida y los bienes, tantos públicos como de las personas. En opinión del autor de ‘Noticias del Imperio’, puede suponer “el principio de un Estado totalitario que no podemos permitir”.

La denuncia de Fernando del Paso se une a otras voces que desde hace tiempo han dado la alarma ante la peligrosa deriva de la clase política y las autoridades mexicanas ante el imparable avance de los tentáculos de la corrupción y el crimen organizado. Las capacidades del Estado aparecen casi paralizadas ante los embates de la violencia y el chantaje.

Hace más de dos década otro país próximo, Colombia, sufrió la guerra sin cuartel desencadenada por los carteles de la droga. Las diferencias geoestratégicas e histórica pueden ser notables, pero el camino hacia un futuro distante quizá sea bastante similar. En Colombia, todo arrancó cuando un político y aspirante presidencial tuvo la valentía de plantar cara a los narcotraficantes. A Luis Carlos Galán lo asesinaron los sicarios de Pablo Escobar. También asesinarían después al ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, al igual que a decenas de policías, jueces y funcionarios que no se dejaron corromper y que se enfrentaron a la amenaza de los violentos.

El camino de Colombia fue largo y muy duro, hubo luces y sombras, connivencias vergonzosas y comportamiento ejemplares. Hoy no es un apacible balneario limpio de problemas y de la presencia de los narcos. Sin embargo, la situación está años luz de aquellos años de ‘plata o plomo’ y en estos días su Gobierno se encuentra inmerso en las labores de solucionar otro de los problemas endémicos: la guerrilla de las FARC.

El problema de la violencia y el crimen organizado en México es descomunal, pero el camino emprendido, como ha señalado Fernando del Paso, no parece que vaya en la buena dirección y menos con atajos policiales y de dudosa legalidad como la llamada Ley Atenco.

Lúcida denuncia de Fernando del Paso por la reciente aprobación de la Ley Atenco