Las calles de Bilbao la Vieja –Concepción, Amparo, Cantarranas– todavía suenan a indómito, a barrio chino como de novela de Eduardo Mendoza, a ese realismo socarrón en el que un personaje que camina por la barcelonesa calle del Gas se la encuentra «festoneada de ratas muertas». También llamado Las Cortes o San Francisco, su rehabilitación dará que hablar el año entrante. Habrá que ver qué y cómo se sigue construyendo, pues no da igual la piedra que el ladrillo en un barrio que es también histórico, por más que la gente se lo tome a broma. De la riqueza por descubrir del vecindario cabe destacar, ahora que es tiempo de belenes, dos portales al final de la calle Bilbao la Vieja. Justo antes de la plaza de los Tres Pilares, hay un edificio azul de molduras amarillas, con la primera planta en piedra y un airoso arco abocinado. Desde allí sube una escalera que parece salida de un belén, con la luz del monte al fondo, atravesando una cancela. En la acera contraria, es a la inversa: descienden los escalones al portal –siete, ocho, nueve–, hasta toparse con una puerta misteriosa.
(imagen: Ciro Galante)

