Despedida y… ¿cierre?

Dicen las buenas lenguas que llevo mucho tiempo posponiendo mi “deber” de escribir este post porque me niego a asumir que la aventura en ese pequeño gran pais que es Luxemburgo ha acabado. En parte es verdad, cinco meses me han sabido a poco, pero lo cierto es que, me guste o no, mi periplo europeo acabo en el momento en el que pise el inhospito aeropuerto de Frankfurt Hahn y facture mi maleta destino a Madrid Barajas el pasado 28 de febrero, y eso es algo que tengo muy asumido.

Si os soy sincera, tengo que decir que tenia ganas de volver. Muchas. Porque los ultimos dias fueron agotadores y empezaba a cansarme de tanta despedida y de tanta nostalgia anticipada. De tanto echar de menos por adelantado a tantas personas que he conocido alli, con las que he pasado tan buenos momentos: Mateja, Louisa, Sara, Emma, Oriol, Jose, Stefan, Chrysa, Hertta, Hannah… Algunas de estas personas desapareceran de mi vida tan pronto como entraron y otras tendran en un futuro mas importancia de la que yo pensaba, pero lo que si es seguro es que algunas de ellas han cambiado mi vida para mejor. Y seguro que su cara esta entre las muchas caras que aparecen en las fotos del “collage” que la varita magica de alguien me hizo llegar la semana pasada ;)

Ahora estoy de vuelta en Madrid. Sin trabajo y con el dinero justo, pero con la mochila llena. Llena de experiencias e ilusion por la nueva etapa. ¿Tiempos duros? Puede. Pero todos los comienzos lo son y para mi, esto no es tanto el final, sino un nuevo comienzo (espero que me queden muchos). Y, como dice el abuelito del anuncio, antes hubo tiempos aun mas duros. Y es verdad. Asi que me niego a despedirme, ni de Luxemburgo ni de vosotros. Este es el ultimo post… de la ultima aventura. Pero pronto tendreis el primero de la siguiente, asi que estad atentos…

Mateja

De todas las personas que he conocido en estos cinco meses, con las que he reído, llorado y disfrutado de esta maravillosa experiencia, ha habido una en particular que me ha marcado especialmente y de la que he aprendido todos y cada uno de los días que he pasado con ella: Mateja.

Mateja llegó a la “Elephant House” (la mejor comunidad de vecinos de Luxemburgo) unos días más tarde que los demás. ¿El motivo? Estaba en su país (Eslovenia) recuperándose de su gesta olímpica en Pekín. Medalla de bronce en tenis de mesa, hay es nada. Berty (nuestra querida casera) decidió hacerle una pequeña fiesta de bienvenida para homenajearla como se merece, y nos invitó a todos los inquilinos (más de 20 repartidos en 3 casas) a su casa. Han pasado cinco meses que parecen siglos, pero recuerdo perfectamente que lo que más me impresionó de Mateja fue su naturalidad y su carácter sociable y abierto.

Así, Mateja se instaló en el apartamento de la planta baja y en nuestras vidas. Mis visitas a su casa empezaron a hacerse frecuentes, y poco a poco se convirtió en una de las personas con las que más tiempo he pasado en esta etapa. Poco después llegó el coche, y con él más minutos de sueño cada mañana, ya que Mateja trabajaba cerca (traductora en prácticas en el Parlamento Europeo) y me dejaba en la Comisión, poniendo punto y final a los incómodos trasbordos mañaneros.

Mateja tiene un gran sentido del humor, y suele reírse de sí misma con mucha fercuencia. Es testaruda, orgullosa y extremadamente independiente. Es imposible no admirarla, y aún más imposible no quererla.


Sí, no se me ha olvidado, pero no me ha parecido que fuera demasiado importante. Está en silla de ruedas. Un accidente a los 15 (hace 8 años) la dejó parapléjica y puso fin a su prometedora carrera como balonmanista. Pero en vez de hundirse se creció y, tras larguísimos meses en un centro de rehabilitación y la que espero vaya a ser la experiencia más dolorosa de su vida (ya ha sufrido bastante y ojalá la vida la recompense con creces), se metió en el mundo del ping-pong. Éste sería el principio de una serie de éxitos sin precedentes, como por ejemplo la medalla de oro en Atenas cuando apenas había cumplido 19 años. Hoy día es la número uno del mundo de su categoría y, por tercer año consecutivo, la Deportista del Año en Eslovenia, donde se ha convertido (y no sin razón) en una heroína nacional.

Pero si como deportista impone, como persona aún más. Es una de las personas más generosas que he conocido, y se merece todos y cada uno de sus éxitos, se lo ha ganado a pulso.

A mucha gente, Mateja le da pena. A mí no. Me provoca admiración y respeto. Mateja no se merece que nadie se comparezca de ella porque no es una víctima, es una luchadora. Se merece que la miren y la vean, que se den cuenta de que sobre la silla (lo primero que vemos todos) hay una persona valiente, una persona honesta, una persona fuerte a la que el destino le dio las peores cartas, y aún así ganó la partida. Alguien que se merece lo mejor, porque es la mejor. Ya te echo de menos, amiga!

Martes de carnaval

Para mí, martes de carnaval es sinónimo de… torrijas. Tengo entendido que esta tradición es única y exclusiva del País Vasco, que en el resto de España las torrijas son un postre típico de Semana Santa. Euskadi es lo que tiene, algunas cosas se nos enquistan, y en otras en cambio somos un pueblo adelantado a su tiempo…

Yo sólo recuerdo haber comido torrijas en casa un martes de carnaval cuando nos las subía la vecina (gracias Montse!), pero desde que vivo lejos de Bilbao, se ha convertido para mí en una tradición imprescindible que llevo unos cuantos años ya exportando al mundo. Este año no ha sido menos: 5 comensales y un éxito arrollador. No ha quedado ni una. Y después, para bajarlas, fiesta de despedida (una de tantas!).

Hay días en los que es duro celebrar nada. En los que lo único que te gustaría celebrar es el cumplaños de quien se fue sin despedirse. Y por eso precisamente se hace necesario. No se me ocurre mejor homenaje. Va por ti. Y cuando no haya nada que celebrar, ni fuerzas, ni ganas, seguiremos celebrando. Celebrando que te conocimos. Va por ti.

Amsterdam

Después de la “tournée” europea de esta semana cuesta saber dónde te despiertas cuando te despiertas… El fin de semana lo pasamos en Amsterdam en una especie de “viaje de fin de curso” que sin duda recordaremos con cariño. El viaje en cuestión duró casi 6 horas (con parada incluida en un área de servicio a medio camino, es decir, en Bélgica), menos mal que de nuevo el autocar era 5 estrellas!

Llegamos sobre las 8, con el tiempo justo de dejar las maletas en nuestro Ibis y dar una vuelta por el centro. Cenamos y tomamos algo después, pero nada más, 6 horas de bus son muchas horas y había que estar en plena forma para el sábado.

Tras haber dormido las 7 horas de rigor (en un pasado fueron 8 o más, pero hoy día me doy con un canto en los dientes si llego a 7) pudimos levantarnos a una hora razonable, pasear tranquilamente por el centro, disfrutar de los canales…

Y para cubrir el cupo cultural de la jornada decidimos visitar el museo Van Gogh. Por el camino también pasamos por delante del Rijksmuseum, pero la verdad es que a ninguna nos apetecía demasiado “excedernos”:

En la explanada entre los dos museos (donde por cierto está la tienda de souvenirs de ambos) encontramos una curiosa “declaración de principios”: I amsterdam, la fusión del sujeto y la ciudad. Imposible no hacerse una foto:

Y por fin llegamos al Museo Van Gogh…

… pero la cola era monumental. Nuestro gozo en un pozo. Ya sabéis lo que pienso yo de hacer colas cuando tienes apenas dos días para visitar una ciudad…

A las 2 nos volvimos a reunir con el resto del grupo (en total éramos unos 40) para realizar una actividad que dicen imprescindible para conocer Amsterdam: una visita guiada… en bicicleta. Si hay que ir se va, pero a mí no me pareció buena idea desde el principio…

Fue, sin duda, la experiencia más estresante que he vivido en estos cinco meses. Para empezar, perdimos al guía tras apenas dos minutos de visita!!! Yo abogaba por devolver las bicis y no jugarnos la vida, pero la idea no prosperó, el resto del grupo, más audaz, se decantó por lanzarse a la aventura e intentar encontrarlo. La aventura es la aventura, sí, pero a mí personalmente me gusta más cuando no hay ni taxistas psicópatas ni tranvías sin piedad intentando arrollarte, o cuando las bicicletas tienen frenos! Al final lo encontramos y yo concluí que si quería vivir para contarlo no podía despegarme del señor guía ni un minuto. Pero las aventuras acababan de comenzar: ¿a quién veo nada más entrar en el barrio chino? A mi amiga Cristina! Quien por cierto no se percató de que aquello formaba parte de una visita guiada, y se dedicó a perseguirme cámara en mano. No me partí la crisma de milagro. Pero a toro pasado diré que el “dakar urbano” mereció la pena y gracias a él descubrimos rincones muy bonitos de la ciudad:

Después del paseo, comimos en un restaurante tailandés y a las 6 volvimos a juntarnos con la troupe para otra visita, pero esta vez por los canales… en barco! Y con barra libre:

Después del “crucero” hubo quien planteó volverse al hotel, pero la idea tampoco prosperó, con lo que acabamos paseando por las animadas calles del Barrio Rojo. Todo lo que cuentan de él es verdad: es un supermercado urbano del sexo, en el que las chicas se exhiben en vitrinas y los sex-shop son más numerosos que las farolas o las papeleras. Lo más chocante es ver cómo familias enteras (niños incluidos) se pasean de escaparate en escaparate como quien lleva a los niños al Corte Inglés a pasar la tarde. No me inspiró demasiado como fotógrafa, pero de haberlo hecho no habrá podido, las fotos están estrictamente prohibidas en esta zona de la ciudad.

La noche acabó en un bar/karaoke, y por si os preocupa, os diré que no pasamos sed ;) A la mañana siguiente hubo quien sufrió bastante para levantarse, pero eso es otra historia… Sarna con gusto no pica. Dicen.

Y para terminar, os dejo con algo que a mí me pareció curiosísimo. Lo de las bicis está a la orden del día, sí, pero éste es el primer parking para bicis que había visto en mi vida!

Feliz día a todos :)

“Misión” en Bruselas

De vez en cuando, los funcionarios de la Comisión son enviados durante una temporada (puede ser un día, varios o incluso semanas) a otros lugares distintos de su lugar de trabajo habitual para llevar a cabo lo que se conoce por “misiones”. Una misión puede consistir en llevar a cabo un proyecto, en dar una charla… Obviamente, a los becarios no nos envían en misiones (o al menos no han mandado a ninguno de mi “promoción”), pero el programa oficial de recepciones “becariles” y charlas está muy centralizado, y cada vez que hay algún evento relevante tiene lugar, cómo no, en Bruselas. Se podría pensar que es por una cuestión numérica en Bruselas son 600 y aquí no llegamos a una décima parte), pero ayer quedó confirmado que no es el caso: la reunión de ayer estuvo dirigida única y exclusivamente a los becarios de la DGT, y en Bruselas sólo hay 18 mientras que nosotros somos casi 30… En fin, que como de costumbre, nos tocó “pringar” e ir de excursión al país vecino… Y como estos “viajes relámapago” te dejan hecho polvo y estas actividades no son obligatorias, al final nos presentamos 12. Es lo que tiene tener que levantarse a las 5.30, que no es del agrado de todos…

El autobús nos recogió a las 7 frente al Jean Monnet, pero al menos nos llevamos una agradable sorpresa: esta vez era un autocar de cinco estrellas, con asientos de cuero reclinables a todo confort :) Y cuando tienes 3 horas de viaje por delante (y mucho sueño) esos detallitos son importantes!

Llegamos a Bruselas un poco antes de las 10. O mejor dicho, a la rue Genève. No me atrevo a llamarlo Bruselas, se encuentra al nordeste de la ciudad y me da la sensación de que no demasiado cerca del centro. El edificio (G-6) alberga, según tengo entendido, única y exclusivamente a compañeros de la DGT. Por fuera es una mole de cemento horrorosa (12 pisos), pero por dentro es infinitamente más moderno que el nuestro.

La primera charla la tuvimos a las 10.30, y en ella nos hablaron de traducción externa. Básicamente, de cómo trabajar para la Comisión pero sin tener que mudarte a ningún país de cielos grises. Y como idea está bien, pero en la práctica es bastante difícil (como principiante, digo) porque exigen muchísimas páginas de experiencia.

La siguiente (el “plato fuerte” del día) fue la despedida oficial del Director General, el Sr. Lönnroth (finlandés). Se mostró increíblemente cercano y nos preguntó por nuestra experiencia en DGT y nuestras sugerencias para las futuras generaciones. Después llegó la hora de la comida, a la que tuvieron el detalle de invitarnos. Promero no volver a quejarme del “catering” de JMO, el de G-6 no es mucho mejor… Incluso el Director General se quejaba, nos lo contó a la hora del café, que se tomó con nosotros.

Y la última charla del día tartó sobre las oposiciones convocadas por EPSO y la “extrema crueldad” del proceso opositorio. Qué animos ;) Por cierto, la mía tendrá lugar entre el 10 y el 28 de marzo, no queda nada!

Salimos de Bruselas a las 4 y llegamos a eso de las 6 y cuarto. Justo a tiempo para asistir a no una, sino DOS fiestas de cumpleaños. Un día muy completo!

Dos días en París (Día 2)

Domingo: Agujetas. Cansancio. Ilusión. La alegría de abrir los ojos y saber que te despiertas en París :) Primera parada, Les Halles. ¿Por qué Les Halles? Porque es uno de los recuerdos más vívidos que tengo de mi primer viaje a París, creo que en el 91. Tenía unos 8 años (si es que fue en el 91) y un vestido de flores (lo del vestido de flores es un dato contrastado porque así lo demuestran las fotos del álbum).

Tras un trayecto de apenas 10 minutos en el metro (línea 4), afloramos a la superficie por la Porte du Jour:

Es éste un domingo soleado en el que “locales y visitantes” aprovechan para pasear por el parque y correr detrás de los niños, que a su vez corren detrás de pelotas o sobre bicicletas con “ruedines”. De la plaza llegamos a un mercado. Creo que no hay persona en el mundo que tenga más fascinación por los mercados que nosotros. A los dos nos gusta comer (como a mucha gente) y a él le gusta cocinar (como a alguna gente), pero creo que nadie disfruta tanto del mero hecho de pasearse entre puestos de productos frescos!

Del mercado pasamos a una avenida desierta (la de abajo) que tomamos para llegar al Centro Pompidou.

Tras un rato paseando, nos damos cuenta de que nos hemos confundido de dirección. ¿Nos importa? No, estamos de vacaciones, y perder el tiempo se convierte en casi una obligación cuando uno está de vacaciones :) Las prisas y los agobios quedan reservadas para los lunes por la mañana, para los trenes y metros. Así que damos media vuelta y llegamos a la famosa plaza:

Del Centro sólo visitamos la tienda (si os gusta el diseño y los objetos deliciosamente inútiles merece una visita), y de ahí pasamos a la fuente, escenario de más recuerdos de infancia y “paisaje” de más fotos con vestido de flores.

Bajamos por la rue du Renard hacia la plaza del Ayuntamiento (que sólo conocíamos de noche), y nos dirigimos hacia la parada de metro “Pont Marie” por el Quai de l´Hôtel de Ville. Por el camino encontramos rincones como éste:

Una vez en el metro, comento que me encanta salir a la superficie parisina porque cada salida es una sorpresa. Aquí y en Madrid, me dice. Son todas iguales. ¿Seguro? Yo creo que no…

Llegamos a Jussieu. Recomendación de nuestra guía favorita: “48 horas en…”. Así descubrimos el “Jardin des Plantes”, que alberga la Gran Galería de la Evolución , una pintoresca exposición de animales disecados que nos quedamos con ganas de ver por culpa de, cómo no, otra cola monumental. Pero os adjunto una foto rescatada de la página web del Museo de Historia Natural (www.mnhn.fr) para que os hagáis una idea:

De ahí pasamos a la Gran Mezquita, abierta al público como restaurante, salón de té y “hammam” (baños árabes). La foto del minarete es mía, la de la fuente, un préstamo de Wikipedia:

Fichier:Patio grande mosquee de paris.jpg

Y siguiendo con nuestra pequeña incursión en el mundo árabe, llegamos al IMA (Institut du Monde Arabe), que yo tenía especial interés por visitar por su valor arquitectónico. El edificio que alberga el IMA (rue des Fossés Saint-Bernard) es una creación de Jean Nouvel, y su fachada sur luce así:

Cada uno de los paneles se compone de una serie de células fotoeléctricas similares al diafragma de una cámara fotográfica que se van abriendo y cerrando, como podéis ver en la siguiente fotografía (tomada de su página web www.imarabe.org):

Decidimos hacer un alto en el camino, y no se nos ocurre un sitio mejor que la tetería del Instituto, un oasis de silencio en pleno centro de París:

Y el último destino de nuestro paseo serán los Jardines de Luxemburgo, totalmente atestados de paseantes, familias y parejas. Un domingo de sol, un paseo por el parque es todo lo que necesitan algunos.

Y llega el momento de marchar. Es difícil, París es tan hermoso y las 48 horas pasadas en la ciudad tan mágicas, pero ya habrá más. Más París y más horas mágicas. Paris, je t´aime…

Dos días en París (Día 1)

“Dos días en París” es el título de una película relativamente reciente dirigida y protagonizada por Julie Delpy que recomiendo a todos los forofos (o “fósforos”) de Woody Allen (es muy del estilo), pero los dos días que pasa esta chica con su novio en la ciudad de las luces tienen muy poco que ver con los que he pasado yo este fin de semana (qué dura ha sido la vuelta!). Os invito a que paseéis conmigo por París, ¿os hace?

Nuestro paseo empezará en la Place St-Michel, en el Quartier Latin o Barrio Latino, que por cierto no se llama así porque sus habitantes provengan de países tropicales y sus calles estén llenas de salsa y bachata, sino porque hubo un tiempo en el que el latín era el idioma “oficial” del distrito, que alberga una de las universidades más prestigiosas de Europa: la Sorbona.

Cruzamos el río por el Pont Saint-Michel (dejando la catedral de Notre Dame a la derecha), y continuamos nuestro paseo a orillas del Sena por el Quai des Orfèvres…

… hasta llegar al Pont Neuf, el primer puente de París construido en piedra bajo los reinados de Enrique III y Enrique IV, al cual por cierto podemos ver en la foto de abajo en una compañía poco agradable. Enrique IV (Henri le Grand) pasó a la historia por su frase célebre, “París bien vale una misa”, pronunciada cuando tras numerosos (e infructuosos) esfuerzos se dio cuenta de que la única manera de hacerse con la ciudad sería renunciando a su fe (protestante) y abrazando el catolicismo.

Sigamos. Cruzaremos el puente para continuar por el Quai de Conti, y de nuevo volveremos a cruzar el río por el Pont des Arts, que une el Institut de France (que alberga, entre otras, la Académie Française) y el museo más famoso de la ciudad: el majestuoso Louvre.

De ahí pasaremos al Palais Royal, en el barrio de los teatros, y veremos (aunque de lejos) la Ópera Garnier. Y como ya llevamos un rato de paseo, haremos un alto en el camino para comer en las Tullerías, donde encontramos a los parisinos disfrutando del sol sin que les preocupen demasiado las bajas temperaturas:

Después del refrigerio, atravesaremos el parque hasta llegar a la Place de la Concorde, sangriento escenario de la Revolución Francesa que presenció numerosos guillotinamientos, entre otros el de Luis XVI. Tras el Terror, el Gobierno francés decidió rebautizar la Plaza de la Revolución como “Plaza de la Concordia” y convertirla en un símbolo de unión y armonía del pueblo francés. En esta plaza se erige ahora el Obelisco de Luxor (23 m de altura), un “préstamo” de las campañas africanas de Napoleón.

A la derecha de la plaza (según miramos desde el punto en el que está tomada la foto) podemos contemplar el Hotel Crillon, uno de los palacios más lujosos del mundo. En él se alojan las celebridades que visitan París, y el ganador del Tour de Francia durante las 3 noches siguientes a su victoria. Y es precisamente en este punto donde empiezan los Campos Elíseos, principal avenida de París y donde se sitúa la línea de meta de esta dura prueba.

Continuaremos hasta la glorieta Franklin Roosevelt (“fjanclán” para los franceses), donde giramos a la derecha para poder contemplar el Grand Palais y el Petit Palais, situados uno frente a otro, ambos salas de exposiciones construidas para la Exposición Universal de 1900. Y se ahí cruzaremos de nuevo el Sena por el Pont Alexandre III…

… que nos llevará a la explanada de Los Inválidos, construido por Luis XIV para los veteranos de guerra sin hogar. Hoy día alberga los restos de Napoleón Bonaparte y el Museo del Ejército. Pero no nos detendremos mucho, y giraremos a la derecha para continuar el paseo por la Rive Gauche y el Quai Branly hasta llegar al pie de uno de los monumentos más reconocibles del mundo entero: la Torre Eiffel. Pensamos que merecería la pena pagar los 12 euros que cuesta la entrada hasta la cima, pero al parecer eso mismo pensaron todos y cada uno de los turistas de París el sábado, con lo que la cola era un zigzag interminable. Cola interminable + tiempo escaso = vámonos, que ya hemos visto todo lo que teníamos que ver ;) Os tendréis que conformar con una panorámica de tierra…

Cruzamos el río (por el Pont d´Iéna) y llegamos al Trocadero, inmensa plaza y mirador ideal para disfrutar de las mejores vistas de la torre. Y tras subir los escalones llegamos a la estación de metro, que tomaremos para llegar a Montmarte, el barrio más bohemio, más canalla y posiblemente más atestado de turistas de París:

Si no cogéis el funicular os encontraréis con muchísimas escaleras, pero la recompensa que aguarda arriba al visitante sin duda merece la pena:

En nuestro caso la recompensa fue doble: no sólo nos encontramos el imponente Sacre Coeur y estas maravillosas vistas de París, sino que además pudimos disfrutar de una precisosísima puesta de sol. Y después continuamos nuestro paseo por la Place du Tetre y numerosas callejuelas, que finalmente nos llevaron a encontrarnos de bruces con uno de los espectáculos más pintorescos que he visto nunca: Écosse à Montmartre (http://www.ecosse-montmartre.com), celebración que tiene lugar cada dos años, cuando Escocia se enfrenta a Francia en suelo parisino. Imaginaos nuestra sorpresa cuando, al doblar la esquina, nos encontramos de bruces con una banda de gaiteros, la banda de la Marina, una serie de personajillos vestidos al más puro estilo “Braveheart” y a un grupo de abueletes con capas negras, sombreros de plumas y un cirio en la mano cada uno.

¿Qué hicimos? Dejarnos llevar. Como si de las ratas de Hamelín nos tratásemos, simplemente seguimos a la banda. La música de las gaitas escocesas tiene ese efecto en nosotros. Esta curiosa “procesión” nos adentró en el corazón de Montmartre y culminó en una plazoleta junto a la Place des Abesses, donde recompensaron nuestro “esfuerzo” con un vaso de vino caliente.

De ahí retomamos nuetsro paseo según lo planeado y bajamos por la calle Lepic hasta “Les Deux Moulins”, famoso café gracias a Amélie Poulain y su entrañable historia. Nos hubiera gustado entrar pero estaba hasta los topes, así que sólo pudimos quedarnos el tiempo suficiente para comprobar que hay un gnomo de jardín al final de la barra…

Y al final de la calle, la estrella indiscutible de la noche parisina, el Moulin Rouge!

Después del “paseo”, de vuelta al hotel para recobrar fuerzas. Creo que no me habrían bastado tres días para recuperarme de la caminata, pero tuve que conformarme con un par de horas, porque como dice mi compañero de viaje, uno no está en París todas las noches! Así que un pequeño paseo nocturno que empieza en la Île de la Cité (para ver Notre Dame iluminada y disfrutar de una tranquilidad de la que no se disfruta durante el día), continúa junto al Hôtel de Ville y acaba en el Arco del Triunfo (vía metro, por supuesto). Aquí os dejo dos instantáneas de la noche. Ahora descansad, recuperad energías y si os parece, continuamos la visita mañana…

Más nieve

Creo que le debo un post ilustrado a Benito para acabar de convencerlo de que lo que cuento de la nieve es verdad, que parece que no se lo acaba de creer y me acusa de pasarme todo el día al sol con la tumbona y el daiquiri de fresa…

Beni, esto era lo que se veía desde mi balcón el lunes por la mañana:

Aquí la mansión de Pin y Pon:

Y ésta es la vista del jardín trasero, que yo me creía que era algo…

… hasta ver el panorama del miércoles:

Estas fotos son del “Parc de la Ville”, que suelo ver de camino al trabajo cuando me toca ir en bus:

Y para finalizar la visita por el Luxemburgo nevado, una “panorámica” del Jean Monnet (la Comisión):

Parece que la nieve nos respetará este fin de semana, pero a mí me da igual porque estaré (oh la la!) en PARÍS :) Bon weekend à tous!

La UE, ¿un cadáver?

Lo primero que hago cada mañana nada más llegar a la oficina es leer el correo (primero el del trabajo, luego el personal), y después echarle un vistazo a las portadas de los periódicos digitales españoles (“El Correo”, “El Mundo” y “El País”). Como los titulares suelen variar tanto de uno a otro, es la única manera que tengo de hacerme mi propia “composición de lugar” de las noticias…

No me suelo detener mucho en ninguno, pero en cada uno tengo alguna sección habitual que leo con más detenimiento. En “El País”, por ejemplo, estas secciones son la edición País Vasco (con firmas imprescindibles como la de Luis Daniel Ispizua, Belén Altuna o Luisa Etxenike), la de opinión (por las viñetas y las cartas al director) y la de “Gente y TV”, donde encontramos la columna de Enric González, que en los últimos meses se ha convertido en uno de mis columnistas de referencia por sus análisis lúcidos, mordaces y precisos. Hoy se me ha pasado, pero a media mañana lo he recibido en mi correo (gracias!). La columna de hoy se titula “Cadáver” y dice lo siguiente:

—————————————————————————————————————————————-

La periodista Idoya Noain, corresponsal de El Periódico en Nueva York, tiene un blog llamado El espacio entre las cosas. En él contaba el otro día la historia de un cadáver. El cuerpo, que perteneció probablemente a un vagabundo, permaneció semanas congelado en un charco de Detroit. La gente caminaba a su lado y a veces alguien tomaba una foto con el móvil. Ningún problema: el muerto no olía mal. Ventajas del invierno.

La ausencia de hedor resulta cómoda para quien prefiere ignorar el cadáver. Eso lo sabemos perfectamente: nos está ocurriendo a nosotros. No lo digo por Zapatero y su Gobierno, políticamente comatosos pero, supongo, aún vivos. Tampoco lo digo por Rajoy, que ayer, después de una temporadita recibiendo puñaladas en su partido, subió al estrado del Congreso y quedó bastante bien. Lo digo por Europa. ¿Se acuerdan de la Unión Europea? Sí, aquella cosa que antes, cuando la economía iba bien, parecía tan importante e irreversible. ¿Han vuelto a saber de ella?

Lo último que se ha sabido de la Unión Europea es de ayer. Del Ecofin, concretamente. Fueron a Bruselas los ministros de Economía, se reunieron y acordaron la necesidad de un enfoque unitario en la gestión de los bancos que se crearán en algunos países para gestionar los “activos tóxicos”. Atención, señores: conviene un enfoque unitario. También hablaron de multar a los países con déficit excesivo, entre ellos España. Solbes, que perdería gracia si disimulara su pasotismo, dijo que ya se había hecho todo lo posible y que, en fin, mala suerte, vendrán mejores siglos.

Esto es lo que da de sí la Unión Europea, en un momento de crisis atroz y de tentaciones nacionalistas generalizadas. Esto y el marco alemán, rebautizado como euro. Ah, y el Banco Central, que funciona con un solo criterio: que no parezca que la política influye en sus decisiones.

El cadáver está a la vista de todos, pero nadie hace nada. Habrá quien diga que ya tenemos bastantes problemas como para ocuparnos de eso. Vale. El caso es que, supuestamente, la Unión Europea debía ser una solución, no un problema. Y el cadáver, en cualquier caso, sigue ahí. Sin oler todavía, afortunadamente.

——————————————————————————————————————————————-

Me parece un gran artículo de opinión, pero no puedo sino mostrar mi profundo desacuerdo. Tristemente, es muy cierto que, en este país, los “cadáveres” no nos molestan mientras no empiecen a oler mal, hasta entonces pasamos por delante cada día sin inmutarnos. Cierto. Que cargue con el muerto otro. Pasa con la política, pasa con el paro y desgraciadamente pasa con el terrorismo, la gran lacra de esta Euskadi nuestra a la que tanto amamos todos pero que tanto nos duele a algunos. Aunque en este caso los muertos tienden a darnos igual, huelan o no, mientras no sean los nuestros…

Con lo que no estoy de acuerdo para nada es con considerar que la Unión Europea sea un cadáver, un ente obsoleto que nunca ha hecho nada por nosotros y que conviene enterrar antes de que empiece a oler. No, no voy a meterme en un jardín del que no podré salir hablando de economía (la única economía de la que entiendo un poco es la doméstica y de tener una solución a la crisis ya la habría ofrecido al mundo), pero me parece injusta esta actitud tan nuestra de chupar del bote ad aeternum y protestar cuando nos vienen mal dadas. Hace no muchos años, España estaba a la cola del tren europeo, y todos creíamos que estábamos en nuestro derecho de recibir todas las subvenciones posibles para ponernos al día, nos correspondieran o no. Por ejemplo, así, a bote pronto, se me ocurre el caso de algunos agricultores de alguna comunidad autónoma rayana con Portugal que en su día no dudaron en recurrir a la Madre UE cuando había qué repartirse (aunque supongo que no se acordarán, porque de cara dura andamos servidos pero de memoria, histórica o de la otra, solemos ir cortos). Ahora en cambio se han secado las ubres de la vaca de oro, y nos parece un cadáver. Que le corten la cabeza! No nos sirve.

Me temo que ahora mismo, a la hora de salir del pozo, no nos sirve ni la UE, ni el Gobierno, ni las administraciones locales: la que no anda ocupada jugando a 007 está inmersa en una batalla campal (o electoral, no sé), y el ciudadano y su hipoteca importan poco. Pero la Unión Europea realiza trabajo en diversas áreas (más de las que nos imaginamos) en las que SÍ es efectiva. Pero claro, eso no lo vemos. Cuando las cosas están bien hechas no lo nota nadie, parece que se hacen solas.

El “club” de la Unión Europea empezó con 6 miembros, hoy día cuenta con 27 y, por lo visto, pertenecer a él resulta tan ventajoso que incluso tiene lista de espera (pero de los países candidatos mejor os hablo en otro post). Como en todo club o sociedad, si a uno no le gusta el ambiente o no está de acuerdo con los gerentes o las políticas internas siempre puede marcharse. Pero hasta la fecha (y van más de 50 años de club) nadie lo ha hecho. Por algo será…

P-012676-00-03

© European Communities, 2009

Vergüenza

Esta mañana, Luxemburgo amanecía, de nuevo, nevado. ¿Es que nunca va a parar de nevar?, me preguntaba yo de camino a la parada del autobús. Por desgracia, la nieve no es lo único que no acaba nunca: tampoco acaban las bombas, la locura, la cobardía. Nos dais vergüenza. La misma que debería daros a vosotros llamaros vascos. Si ésta es vuestra Euskadi libre… no la queremos. ETA KANPORA.

elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.