Rebaño de futboleros

Montar en el tranvía de Bilbao a las 3.30 horas p.m. ha sido todo un espectáculo bobino. Hubiera hecho falta la figura del “empujador” como en el metro de Tokio. Todos los usuarios a mi alrededor peregrinaban hacia una misma dirección: su “Catedral”.

Encuentro pocas diferencias entre los fanáticos religiosos (o de cualquier otra índole) y los hinchas futboleros.

Los unos llevan un rosario alrededor de la muñeca; los otros, una bufanda rojiblanca al cuello como distintivo bobino, aunque de diferencial no tiene nada, puesto que todo el rebaño iba ataviado en mayor o menor medida con el logo de su equipo. Este comportamiento alienante no deja de sorprenderme: ni siquiera cobran un salario por su devoción propagandística; muy al contrario, tienen que desembolsar una pasta para acceder a las instalaciones de la secta. Jamás he presenciado el show del estadio (ni siquiera he visto un partido televisado o escuchado ninguna retransmisión de odiosos goles) pero por desgracia estuve poseída por el sistema católico en mi vulnerable infancia. Al igual que los fieles levantan sus culos del banco cuando la misa lo requiere, los abducidos futbolísticos se disparan verticalmente de sus tribunas cuando la dirección de un balón les satisface. Cantan un himno gorri ta zuria en lugar de un padrenuestro católico. Alaban a sus señores del campo con ovaciones y humillan a los contrarios con blasfemas hebreas del balompié. Se sienten identificados con “su” equipo como los religiosos con sus dioses o como los fans con su David Bisbal. Creo que serían capaces de inmolarse en un subidón de euforia colectiva. Ya que he puesto este último ejemplo, he de puntualizar en defensa de la cultura musical que nada tiene que ver con el fenómeno paranormal de fútbol & C.I.A. Soy la primera que acudo a conciertos indies y los disfruto bailando y cantando, como puedo ir a un museo expresionista o a la Alhóndiga bilbaína para admirar su arquitectura. El ocio cultural es antagónico a este negocio. Para empezar, una actividad física es para ejercitar algo más que el índice con el mando de la tele. No es comparable con la educación ilustrativa de las artes o la práctica gimnástica de un deporte. Lo digo por si algún simpatizante pensaba refutarme con semejantes argumentos. El invento del fútbol, al igual que el de la religión o el del sistema político opresor, produce un efecto sedante que mitiga cualquier tipo de criterio personal distinto a la masa humano-borrega. Ignoro el secreto de la pócima para malear cerebros, ojalá tuviera la receta del flautista de Hamelín para fabricarme adeptos a mis intereses. Aunque pensándolo mejor, sería insano e insensato que toda la humanidad se afilie a unos mismos ideales sin corromper su propia individualidad.

Posdata: Una vez abandonado el atestado metropolitano, en el autobús la estupefacción no me abandona al ser testigo de una muerte anunciada contra la luna, y todo por la necesidad de una intrépida pasajera de preguntar por el resultado del partido a la no menos temeraria conductora, porque aunque no venga a cuento, la nominaría con un Oscar a la mala conducción por sabotear el presente artículo haciéndome resbalar al asiento contiguo en cada curva de la A-8. Casi vomito las gallinejas y entresijos de nochevieja sobre mi HP Pavilion.

Navidades herejes

Es imposible no verse afectado por algún fenómeno “meteorológico” adverso relacionado con estas fechas del calendario cristiano.

Si transitas por la calle, es muy probable que la gentuza mercantilista te propine empujones, codazos o cualquier otra versión de golpe anatómico, mientras corretean con la vista clavada en el suelo y ocho mil bolsas en cada mano. Si además coincide la climatología invernal con la “humanostil”, el resultado puede ser aún más catastrófico sino se esquivan las armas blancas letales en forma de puntas de acero forjando la convexidad de paraguas y bastones. Porque vamos a ver: ¿Con qué propósito los ancianos te señalan con sus afiladas cachavas o caminan al compás de sus garrotes horizontales bajo la axila [además de para exterminarte un ojo]?

En los pasos de peatones, todo el mundo cruza en diagonal con la cabeza virada 90 grados sexagesimales respecto al frente, de manera que la luz verde es casi más peligrosa que esquivar coches con semáforo prohibitivo.

En las tiendas, lo sé por experiencias pasadas [esta navidad no he pisado ningún comercio injusto], las aglomeraciones se mezclan con la mala educación.

En cuanto a los medios de transporte públicos, es el hedor corporal el causante de la falta de civismo. Porque una cosa es que exudes en tus trajines cotidianos, y otra muy distinta es despedir ese olor rancio y añejo que delata la ausencia de higiene con la excusa de las bajas temperaturas.

Y ya en el ámbito privado, creo que las cosas no mejoran. Las familias que nunca lo han sido, seguirán con sus desavenencias, tanto en la reunión navideña, como en la distancia que las separa el resto del año. Sospecho que hasta las familias más entrañables se empachan, tanto de polvorones como los unos de los otros.

¿Qué quieres ser de mayor?

Imagino que es una pregunta que no pasa de moda, pero aunque se formule en contexto infantil, el carácter aparentemente inocuo de la cuestión prolonga la peligrosa respuesta a lo largo de toda nuestra vida. Unos, los más “afortunados”, se sienten contestados en la treintena, después de verse recompensados laboralmente al conseguir un empleo mínimamente relacionado con su veintena de estudios. Otros a los cuarenta, tras consolidar su carrera profesional con un trabajo “estable” a medio plazo y una familia convencional. O quizás a los cincuenta, cuando, dicen, valoras la importancia de las cosas en su justa medida y todo lo intrascendente y superfluo te parecen chorradas. O, tal vez, tras la jubilación, cuando empiezas a conocer a la persona que llevas dentro y el sistema no te ha permitido conocer. Otros, los frikis (“extravagantes” si disfrutan de alto standing socioeconómico y “locos” si su condición es dignamente marginal), los que nunca han encontrado su lugar en el mundo, los infelices, los que abogan por un medio de vida diferente del acostumbrado, ésos nunca tienen respuestas para casi nada, pero se cuestionan casi todo.

El pintor es aquél que sirve copas para sufragarse los pigmentos.

El soñador es aquél que saborea cada amanecer con patas de gallo de tanto sonreír.

El viajero es aquél que da la vuelta al mundo en bicicleta y sigue aprehendiendo de la gente.

El músico es aquél que vende sus cuerdas por unas monedas que llenan de frío su sombrero.

El actor es aquél que con su vulgar padecimiento interpreta gloriosamente el éxito.

Hay personas especiales, que no influyen en el producto interior bruto del país y probablemente nunca cambien el rumbo de las cosas con proezas históricas, pero eventualmente su sonrisa perdura en un café caliente durante los minutos suficientes para soportar la mañana.

Puede que, por accidente, su talento fructifique dentro de los límites del convencionalismo y se permita el lujo de ser feliz.

Pero es más probable que esos pinceles estén resecos en un bote sucio; esa bicicleta esté oxidada en la puerta de un albergue; esa guitarra esté afónica de viento y humedad; ese cómico interprete su última función sin aplausos.

Tratado Anti-Navipeich

Tener que estar escribiendo esto precisamente en las susodichas fechas ya es una apología anti-navideña, lo cual contradice a mi propósito, que es precisamente ignorar la ignominia. Si preguntamos por ahí qué se celebra, casi nadie dará un discurso cristiano apostólico romano. Es más, ni los que se auto-consideran devotos conocen la historia de su “dios”. Para mí la figura de Jesús, independientemente de que sea una mezcla imaginativa e indocumentada de fábula y leyenda “urbana”, si existiere, no sería quien se ha dicho que es. Tenemos aquí un campo abonado para la superstición, la incertidumbre y el miedo. Cuando el ser humano no es capaz de explicar su realidad, justifica lo que se escapa de nuestro raciocinio con una historia más ilógica aún, creándose seres superiores arquitectos de la creación. Es más cómodo circunscribir el bien y el mal dentro del marco socio-político-cultural de la religión pertinente, para no tener que pensar por nosotros mismos cuál debe ser nuestra aptitud ética correcta. Al “hombre” (inciso: me refiero en sentido genérico, paso de la moda políticamente correcta de los vocablos sexistas escritos por duplicado) le asusta decidir su propia moral y ha de ajustarse a unas normas, que si le vienen dadas desde el oscurantismo eclesiástico, tanto más “fácil”. A los devotos de una doctrina se les llama comúnmente “creyentes” en general; pero no es cierto que los laicos carezcan de “espiritualidad”. Personalmente entiendo por “espíritu” los sentimientos y emociones cerebrales; cuando muere una persona, no hay 21 gramos que lo resucite. El personaje de Jesús se encuadra en tiempos difíciles, análogos a los que corren hoy en día; por lo que no es de extrañar que proliferen profetas esotéricos en todos los ámbitos invisibles a nuestros sentidos. Me explico:

- Para crear ilusiones económicas ficticias está la lotería de navidad: es más probable tener un accidente de tráfico que te toque el boleto del gordo, del niño o de quien sea.

- Para apaciguar conciencias moralmente corruptas están los donativos a indigentes varios, ONGs dudosas o la verificación de la casilla canóniga en el IRPF.

- Para aborregar a los beatos están los cánticos de la iglesia, repetitivos hasta la extenuación con el objeto de alienar las mentes y captar su voluntad a merced de la secta.

Religiones aparte, la navidad no tiene ningún sentido, exceptuando los días festivos, los que los tengan. En nombre de las Pascuas la gente se rasga los bolsillos aunque tengan que pasar penurias de enmienda los meses posteriores. No entiendo este tipo de celebración colesterolémica, mercantilista y farsante, que es aprovechada por todo tipo de especulaciones en beneficio de nadie.

Revolución en las aulas

¿Quién dijo que la vida del estudiante es envidiable? La época en la que los universitarios se rascaban las setas psicotrópicas pasó a la historia previa al Plan de Bolonia. Los arquitectos e ingenieros en general, y los politeknikos en particular, lo saben bien.

Entre semana, los momentos de inercia polares del centro de gravedad cefálica se giran hasta alcanzar el hipotálamo durante los fines de semana; hecho que puede ocurrir el jueves, en el caso de las sinapsis precoces de los adolescentes vegetativos, o el sábado, en el caso de los alumnos maduritos.

Dicho en otras palabras: Los estudiantes han de compensar el estrés Bolónico al que nos somete el Ministerio de Educación con la sobre-ingesta compulsiva de estupefacientes, lo que acarrea el que se abarrote el país con profesionales bien formados pero ponderadamente perturbados, que colapsarán antes incluso de que se termine la crisis Ladrillil española.

Inciso: ¿Porqué nunca se ha reformado la vetusta Constitución Española del 78 y los planes de estudios se alteran cada 4 años que cambia el Gobierno?

Progresos…

El talón ya está en proceso de cicatrización; aunque se me ha quedado piel de lagarto super dura alrededor de las llagas. En fin, totalmente anti-eróticos, menos mal que ya no es época estival y hemos guardado las sandalias.
Respecto a la carne, también le doy, no creas. Lo malo es que no te venden un “filete individual”. Esta semana compré una bandeja de pechugas frescas, así que he tenido la misma carne como acompañamiento de lunes a viernes. ¡¡Y qué ascazo le he cogido al pollo!! Pero después de conversaciones culinarias internaúticas, he descubierto que pudiera haberla congelado. ¿Ves? Sigo aprehendiendo… Yo pensaba que, o se compraba refrigerado o fresco, pero ignoraba que podía pasarse de un estado a otro a mi libre albedrío en función de mis necesidades….

De hecho, pensaba que los guisados de mi santa madre crecían por generación espontánea y se reproducían en forma de tupperwares en el congelador…

Tercer día:

Nunca te acostarás sin saber una cosa más.

A saber: nunca arrancarse bajo ningún concepto un parche “compid”. Para terminar el día me he dejao el talón en carne viva, así que tengo un vendaje alternativo para ir tirando hasta la farmacia más cercana cuando amanezca. Podéis regalarme una sesión al podólogo, aunque mi cumple queda lejos… y para entonces necesitaré un ortopeda o un cirujano para amputarme la gangrena.

Y hablando de cosas menos mundanas y más agradables: Sigo aprendiendo a cocinar. Mis lecciones para el día de hoy no pasan de los hidratos de carbono simples (pasta y arroz) y ensaladas (vegetales varios directamente de la huerta del supermercado más cercano) pero bien orgullosa que estoy de auto-cocinarme. Ahora comprendo perfectamente toda la extensión del significado de “Yo me lo guiso. Yo me lo como”.

Vicisitudes varias en Donostialdea

Un cúmulo de desgracias o unas cuantas anécdotas, según se mire…

Primer día:

A mediodía el casero me deja tirada a la hora señalada, así que después de hacer la compra me dan las cinco de la tarde comiendo.

Por la noche, el ataque histamínico me impide conciliar el sueño. Además de que un mosquito cabrón me ha succionado todo el plasma sanguíneo de mi muslo derecho.

Segundo día:

Esta mañana he probado una crema anticelulítica de “Mercadona” que se supone que era un producto milagro. Aunque he obviado la parte del prospecto en donde aconsejaba hacer una prueba previa en una parte de un brazo cualquiera. Pues bien, al cabo de unos minutos toda la piel me picaba horrores y se me ha enrojecido hasta la cara inclusive, por el mero hecho de arrascarme con restos de semejante tóxico virulento…

Cuando he dejado de parecer una luminaria incandescente, he osado intentar ir a Ibaeta andando, y me he perdido durante una hora dando una vuelta absurda en círculo sobre mi propia urbanización. Y cuando he decidido cambiarme al tráfico rodado, no me ha ido mejor la cosa: he tenido que hacer un trasbordo de buses igualmente estúpido, al dirigirme a priori en dirección contraria a mi destino…

Como resultado tengo cinco ampollas de talón, como puede apreciarse en las fotos.

Al menos ya me saludan los conductores y transeúntes de mi barrio, aunque yo no me acuerde de si los he conocido preguntando por una calle con cara de pena. Hasta la señorita cartera se ha quedado con mi cara, corrigiéndome el camino al verme en dirección opuesta. ¡Me tienen fichada!

Limpia-botas-metro-bilbao

Un hallazgo sin parangón. He descubierto un limpiabotas estupendo en las instalaciones de las escalera mecánicas de ésta nuestra ciudad, como diría El Señor Cuesta. A saber: en los laterales inferiores existen unos maravillosos cepillos continuos a lo largo y ancho de la escalinata motora. La energía cinética que impulsa los escalones permite abrillantarte el calzado por medio de este rodapié doblemente útil. A medida que asciendes hay que colocar el zapato respectivo presionando suavemente la escobilla, rotando el tobillo para abarcar toda la superficie peletera; e incluso si hay varios tramos de escalera y tus prisas te lo permiten, puedes alternar uno y otro pie para aparecer con un lustroso y centelleante calzado en tu oficina más cercana.

Tratado anti-futbolístico:

Quizá te parezca una alucinación surrealista si te digo que hoy me he enterado de un transcendental acontecimiento que está marcando pautas y reorganizando la vida euskaldun en un antes y un después del miércoles. Lo que sí me resulta extraterrestre es que los universitarios cambien sus exámenes o cualquier trabajador afortunado en edad de merecer un empleo se juegue el tipo con absentismo rojiblanco.

En 2001 me enteré casualmente de que un equipo de futbol se compone de once jugadores; me obligaron a hacer un PowerPoint del tema en cuestión. No recuerdo muchos más datos al respecto. Parece que todos llevan la misma camiseta, excepto uno que va de cuervo y es objeto de odios. Hurgando en el olvido evoco aún más: con 8 años vi mi primer y único partido televisado íntegramente. La razón era doble: carecer de mando a distancia y padecer un post-operatorio de apendicitis que me permitió delirar la agonía verdiazul o rojiamarilla o lo que fuere. Es ineludible tener que saber forzadamente ciertos mínimos minimísimos del umbral de la ignorancia en cuanto al balompié se refiere, aunque se me olvida si el betis es de Galicia o Asturias.

Sé que cualquier diario de prensa (además del “Marca”), cualquier emisora radiofónica, canal televisivo o sea cual fuere el medio acústico-visual de onda beta, alfa o Wi-Fi, podría insuflarme este tipo de conocimiento que no me interesa tener; más que nada para no ocupar espacio de mi memoria RAM innecesariamente.

Proclamo y presumo de mi orgulloso vacío “cultural” futbolístico. No encuentro sentido preocuparse por problemas ajenos, desmelenarse por una camiseta sudada de tíos que corren detrás de una pelota y que además ni siquiera conozco, por mucha percha que puedan tener.

Es mucho más emocionante vivir el deporte en primera persona, aunque sea en una sala de gimnasio llena de vaho y olor corporal. Al menos conozco a la gente de alrededor y me alegra mucho más que el de al lado haya conseguido pedalear 5 min. más de lo habitual, que Mengano suba al nivel 5 de la elíptica, Fulano ponga 5Kg. más en la prensa, o Zutano suba la montaña de prolactina interválica-intensiva. Esto lo hago extensivo a todo tipo de sudadas orgiásticas-deportivas. Pero no al futbol, que me es ajeno; a menos que Perengano sea mi amigo del alma y vaya a animarle al polideportivo de mi pueblo. A cambio de intercambio de favores en el camerino, claro.

Bonanzas del transporte público

Hoy, bueno, ayer, fue un gran día. No sólo la gente me resultó de lo más civilizada en los medios de transporte públicos varios, sino que, inclusive, olían bien. Insólito, pero cierto. Necesitaba reseñar este acontecimiento para motivar a la población al uso indiscriminado de autobuses, metro, tren, tranvía y lo que haga falta. Quizá la archi-renombrada crisis sirve también para abusar de la ducha y el perfume, además de los pintalabios rojo pasión.

Nos hacemos mayores…

No he tenido crisis de los treinta. Ni siquiera me escandalicé con mi primera cana veinteañera. Pero ahora, llevo días rumiando la posibilidad de haber envejecido. El hecho en sí es bastante trivial, pero asusta: vuelvo a preferir el uso de braga en lugar del tanga. Las mujeres me comprenderán seguro. El hecho es más horrible de lo que parece. Últimamente la “tira” elástica no me servía ni para rascarme el trasero. Y cuando este tipo de prendas lozanas pasan del utilitarismo al incordio, algo significará. Espero no sustituir el tampón por la compresa, uff, ¡no!; al menos, hasta que tenga que utilizar un Tena lady.

Reclamación desoída

Ahora os diré porqué saco a relucir el verano lluvioso acontecido en el BBK Live Festival.

No pude quedarme de brazos cruzados ante la nefasta entidad organizadora de los conciertos, así que reclamé por medio de una hoja de papel verde hecha puré después de pegarse literalmente a mi cazadora tras las 10 horas de penetrante lluvia. El 15 de octubre recibí notificación zanjada del asunto por parte de “Last Tour Internacional” alegando las siguientes sandeces:

· “El poseedor de la entrada perderá sus derechos al abandonar el recinto”

· “Esta cláusula queda advertida en el reverso de la entrada y en los accesos al recinto”

Pues bien, escudriñando la letra minúscula del dorso, yo también deduzco “interpretaciones” de esta circunstancia:

1. “La organización se reserva el derecho de alterar o modificar el programa”. O sea, que nos pueden cambiar a Lenny por Mojinos Escozios y es completamente “legal”.

2. “Al entrar, el público puede estar sujeto a un registro según la Ley”. Parece que los propios organizadores no han entendido todo el sentido de la oración, o simplemente han olvidado el significado de la Ley. O quizá en Last Tour Internacional tiene su propia Ley de la jungla. Esto es, que para ellos no se adecua la ley 1/92 para la protección de la seguridad ciudadana, y los chavalillos de secundaria equivalen a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

3. Respecto a la 1ª sandez “justificada” por aparecer escrita en el reverso (“el poseedor de la entrada pierde sus derechos al abandonar el recinto”), también puedo argumentarla sin caer en su propia estupidez. Aquellas personas poseedoras de un bono de 3 días quedan excluidas, por tanto, de esta “cláusula”. O sea, que los dotados de pulsera, sí tienen pleno derecho a entrar y salir. O sea, que “poseedor de entrada” no somos todos. Aunque les hemos podido “caer mal” todos los del acceso a un único día, ya que también se reservan el derecho de admisión. Si hubiera llevado mocasines con calcetines blancos también me hubiesen aplicado el susodicho “derecho”.

4. En la carta también mencionan que en otro tipo de espectáculos se hace lo mismo. Lo cierto es que yo he debido de acudir a cines y teatros Vip, porque siempre me han dejado entrar y salir enseñando la entrada cortada.

5. Y por supuesto “bbk no asume responsabilidades ni obligaciones”.

No claro: ¡eso lo asume todo Last Tour International!

“Permutaciones” (exposición plástica)

Presento mi primera exposición pictórico-plástica en mi pueblo natal.
“Permutaciones” es un título que responde a un conjunto de obras versátiles cuyo único nexo de unión es que todas surgen por “necesidad” personal; cuando me siento demasiado bien como para dejar escapar el momento sin inmortalizarlo. A veces también “exorcizo” mis demonios vomitando pintura obscura para sortear los obstáculos que me impiden avanzar.
Esta galería abarca desde el academicismo artístico aprendido en la escuela superior de arquitectura hasta mi propio aprendizaje basado en la investigación, trabajo e interrelación con el entorno.

  • Pintura al óleo: Responde a mi primera herramienta de introducción en el color, controlable y de resultados agradecidos.
  • Acuarelas: Surgen de la experimentación con medios más idiosincrásicos.
  • Pastel, sanguina o grafito: El encanto reside en el atractivo de los propios materiales técnicos.
  • Técnicas mixtas: Laboratorio de divertimento mezclando todo tipo de pigmentos al agua con otros oleaginosos, además de lápices, grafito, tinta china, pastel, ceras e incrustaciones de cera de vela derretida y/u objetos varios.
  • Serie autorretratos: Reflexión introspectiva sobre la condición humana.
  • Dibujo y maquetas arquitectónicas: dibujo técnico basado en la geometría descriptiva y la traslación de las 3 dimensiones volumétricas al formato bidimensional, utilizando todos los medios materiales y conocimientos constructivos, desde apuntes al natural a mano alzada “in situ” hasta el trabajo “de taller” conformando plantas, alzados, secciones y maquetas a escala como instrumentos para comprender el espacio.

El arte es inútil en sí. Es una representación de emociones. Pero una obra de arte puede hacernos ser mejores personas o, al menos, ofrecer un trocito de felicidad.

Lugar:

Plaza Lehendakari Agirre

(“Plaza roja”)

Aula de cultura “Torrezabal”

Sala de exposiciones, 2º piso

Del 10 al 21 de noviembre 2008

De lunes a viernes

De 17.30 a 20.30 h.

Galdakao (Bizkaia)

Para ver más obras e información adjunto mi espacio de arte:

http://www.artistasdelatierra.com/artistas/hedonotica

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El regreso de los calcetines: 2ª Parte


Una nueva aparición de calcetas y calcetines varios me obliga a reanudar mis divagaciones siderales acerca de este enigma en particular.

La pasada noche mi vagancia me acarreó un sustillo de colores. Me explico. Me suelo meter en la cama con calcetines “abrigosos”, que estorban al poco de caldearse mi cuerpo así que, utilizando la ayuda del pie antagónico, me despojo de ellos con un simple movimiento de zarpas inferiores. Lo pérfido del asunto es que, justo antes de quedarme dormida, la temperatura de mi cuerpo vuelve a descender insólitamente, creo que sólo para fastidiar, así que he de elegir entre soportarlo estoicamente o volver a ponérmelos. Como podrán deducir las dos opciones “encabronan” bastante porque, haga lo que haga, me desvelo. Un círculo vicioso de cuya parapsicología trataré en otro post. La conmoción viene cuando suena el despertador y contemplo estupefacta un pie de cada color mientras atiendo necesidades fisiológicas matutinas. Mi intriga reside en el extraño complot a través del cual la primera pareja se encuentra con una segunda alojada allí desde la última vez que hice la cama en lugar de estirarla. Y en la extraña razón a través de la cual el azar selecciona 2 desparejados. Y aún añadiría la extrañísima coincidencia arbitraria de que la pareja desparejada se halla calzado en el pie contrario.

Dios y la crisis


Tocan el timbre. Abro apresuradamente porque me cae de paso y porque tengo el arroz al fuego.

Aparecen ante mí dos muñecas de porcelana rusas con unos panfletos en la mano de cuyo contenido no me entero porque mi perro les da la bienvenida con unos ensordecedores ladridos. Cuando consigo bajar el nivel sonoro canino a menos de 55 decibelios, estas dos chicas rubias del este me piden unos minutos para contestar a unas preguntas. Al preguntar que qué me preguntan su respuesta me deja más blanca que ellas: sobre cómo dios me puede ayudar y qué es lo que puede hacer por mí. “No me interesa. Gracias. Soy atea”. Les sirve para retroceder sobre sus pasos consternadas. Tras el portazo una neurona molesta me instiga: ¿Serán miembros (o miembras) de una secta oportunista sacando tajada de la crisis? A pesar de mi escepticismo, confío en que no hagan vudú con algún pelo mío del felpudo o me echen mal de ojo por mi osadía. Quien sabe si ha sido un sacrilegio mutuo mi estampa, con un pie bajo el umbral y otro en la cocina vigilando el aceite, con una mano de uñas lacadas en negro sobre el pomo de la puerta, a juego con las de los pies descalzos, con un perro histérico y con un gran tatuaje blasfemo en el pecho.

Tratado de la sexualidad

Dicen (los que ven documentales de la 2) que entre los animales en general es frecuente una sexualidad polígama u homosexual. También hay casos de bisexualidad o hermafroditismo. Exactamente igual que en el género humano, aunque nuestra cultura actual y algunas religiones pretendan imponernos la moda monógama. Los animales no se esconden cuando fornican, de lo que se desprende que también los hay voyeurs y exhibicionistas. Claro que, en “animalandia” todo es lícito. ¿Porqué? Quizá asociamos el mundo animal con la ausencia de raciocinio o inteligencia, aunque asimismo lo relacionamos inconscientemente con la ingenuidad salvaje de las fieras. Por tanto, que lo hagan los animales no es malo, pero si lo hace el género humano es una depravación. De todos es sabido y aceptado que el modelo sociocultural de familia ha evolucionado en los últimos tiempos, de modo que nadie se escandaliza (o no debiera hacerlo) porque un niño tenga 2 madres, 2 padres, uno solo, o una abuela y un gato. No pretendo debatir tan espinoso asunto ya que, todos sabemos que, al igual que la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer, las diferentes opciones sexuales también siguen siendo una pelea continua.
A lo que voy es a poner sobre el tapete la cuestión de la poligamia, monogamia e infidelidad. Tengo mi propia teoría al respecto, que os expongo a continuación:

Monogamia: dícese de las relaciones sexuales entre una pareja, heterosexual u homosexual (entre lesbianas o gays), que puede mantener relaciones afectivas paralelas con terceros (llamémosles “amigos”) pero sin derecho a sexo. Aunque esto último está sujeto a múltiples interpretaciones, dependiendo de lo “liberales” o “tradicionales” que sean los miembros (o miembras) que conforman el emparejamiento. A saber:
-“Amigos sin derecho a roce”
-“Amigos con derecho a roce”, es decir, que se puede flirtear, besuquear y caricias varias sin consumar acto sexual alguno.
El quid de la cuestión es que esta opción sexual sólo permite la sexualidad simultánea entre las 2 personas implicadas. Si un día se está con uno y al otro con otro, considérese monogamia si previamente se ha roto la relación anterior. De lo contrario, quemémosle en la hoguera por infiel, inmoral y ligero/a de cascos.

Poligamia: dícese de las relaciones sentimentales y sexuales alegres, o sea, entre más de dos personas simultáneamente. No confundirse con orgías, nada tiene que ver. Una persona que mantiene relaciones con más de una persona, no tiene porqué hacerlo a la vez. Además, la poligamia implica la existencia de relaciones sentimentales, no sólo el contubernio. Lo malo es que, que yo conozca, esto sólo sucede en beneplácito de los hombres en la religión musulmana. No se me ocurre ningún otro ejemplo, así que descartamos esta elección por machista, al menos hasta que se invente religión que apruebe un harén de mujer con bomberos de Bilbao, por ejemplo.

Infiel: dícese del personaje absolutamente impúdico, lujurioso y sinvergüenza que tiene la osadía de dejarse llevar por los instintos naturales y animales del sexo. Bromas y religiones aparte, el sistema socio-político nos ha idiotizado hasta el punto de considerarnos traidores por dejar aflorar benévolos sentimientos hacia otras personas. Mientras uno sea leal y congruente a sus propias ideas sobre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo honesto y lo abusivo, no debiera considerársele (y mucho menos sentirse uno mismo) desleal ¿a qué o a quién? ¿Acaso no es lícito experimentar deseo, ternura, pasión, empatía o simplemente ganas de compartir nuestro cuerpo y/o sentimientos y pensamientos con “otro”?

Carnavales

Los carnavales son una oportunidad para que brote el esperpento que llevamos dentro y fluya la parte divertida que nos mutila la sociedad. En realidad el resto de los 364 días vamos más disfrazados que ese día en el que nos quitamos la careta y nos pintamos de pintamonas. Queda muy lejos el día en el que las apariencias queden relegadas precisamente a eso: apariencias.

¿Por qué tengo que esconder mi tatuaje para un trabajo “serio”? ¿Por qué señalamos con el dedo al de otra raza/cultura cuando hay que echar la culpa de algo? ¿Por qué se presupone todo al primer golpe de vista?

Una chica “guapa” tiene que demostrar que, además de estar igual de capacitada que un hombre para tal o cual cosa, no es tonta. Un chico “cachas” tiene que ir de intelectual por la vida, no vaya a ser que sea un “musculitos descerebrado”. Un/a “feo/a” tiene que ir de simpático/a rompedor, porque alguna baza hay que buscarle.

En definitiva, esta sociedad se dedica a etiquetar y clasificar al personal como si se tratara de elementos químicos que hay que ordenar en la tabla periódica, cuando somos los seres más complejos (sabidos hasta ahora) formados por millones de células, átomos, moléculas y con capacidad de raciocinio.

Los carnavales son la oportunidad de salirnos de la norma sin que nadie nos tache de locos o, peor aún, de “inclasificables “o “raros”. Que nos enteremos todos de una vez: No hay nadie “normal” y el que se lo crea es el más anormal de todos.

¡Ale! ¡A disfrutar y disfrazarse como locos!

Música para tus oídos

Hay gente de la cual se dice que tiene oído para la música. Otros son capaces de cantar, pero cantar bien; o, al menos, aptos para reproducir oralmente una melodía mental. Personalmente yo soy nula en ambos aspectos. Sin embargo, no imagino mi vida sin la música.

Dicen que el deporte es al cuerpo lo que la música al alma. Ciertamente, las canciones suponen la terapia más eficaz para estimular el estado de ánimo. Además está al alcance de la mano en cualquier momento. Eludiendo los gustos musicales e independientemente de los movimientos comerciales televisivos tipo “triunfitos de mierda” y, obviando también el tema de la piratería y la SGAE, la música es un elemento básico para ser feliz. No logro entender a aquellas personas que “no les gusta la música” o que “no la necesitan”. Que les da lo mismo “arre” que “so”, una balada o una cacofonía.
La existencia está llena de melodías. Ningún otro tipo de actividad artística está tan presente en nuestra vida ordinaria. Puntualmente podemos acudir a una obra de teatro, una exposición plástica o un concierto. Pero nadie lleva un pincel en la oreja o va haciendo mimo por la calle. A no ser que trabajes en ello o tengas una dedicación vocacional, el mundo puede seguir girando sin la mayoría de nuestros genios. No así con la música. En medios de transporte público, en el gimnasio, en el dentista, en la oficina, un “ruido” de fondo nos acompaña sin que reparemos en ello. Por la calle miles de viandantes deambulan conectados al mp3 (bueno, o mp4, ¡Pod u otras tecnologías que se me escapan).
Sin embargo, respeto a los individuos que creen haber hallado un modo de vida disociado de la musicalidad. Por ese mismo motivo la muchedumbre debiera respetar también los gustos particulares e individuales de cada cual. No soporto a la gentuza que se cree en su derecho de flagelar nuestros sentimientos con su odiosa (aunque “respetable”) polifonía disonante. Me refiero al prójimo que viola tus orejas con su chabacanería sin auriculares. Es una falta de educación universal molestar al resto de viajeros de un medio de transporte público con la música ajena, si es que se puede denominar “música” a los politonos aborrecibles o al reggaeton guarro de niñatos malcriados. Cada cual que escuche su propio infierno. Yo prefiero transportarme al nirvana con mi buen gusto inherente.

Este artículo va dedicado a un artista muy especial que trabaja con sus manos.

Chapoteando en el BBK Live Festival…

Dicen que Bilbao está de moda en lo que a cultura se refiere, y no iba a ser menos musicalmente hablando. Ahora tenemos el monte Kobetas para recibir a grupos consagrados y para todos los gustos. Los heavies, rockeros, tecnos, punkies, etc. Sin embargo, la organización de estos eventos es inversamente proporcional a la categoría de los artistas.

Supongo que el resto de festivales veraniegos que pululan por el país se lo montan mejor, de lo contrario se hubiesen extinguido hace años.

No es culpa de nadie haber pagado escrupulosamente mis 72 euros para empaparme durante diez horas seguidas. Pro sí lo es el hecho de que el recinto fuese un auténtico barrizal, a no ser que los organizadores del evento ignorasen el microclima de Bilbao. Vayamos por partes:

· Por alguna obscura razón (no tan oscura claro, simple consumismo mercantilista oportunista) no te dejaban salir del recinto una vez que entrabas por la “frontera” de los seguratas. Vamos, un secuestro en toda regla; a no ser que te hubieses costeado un bono de los 3 días, con el consiguiente privilegio de adjudicarte una pulsera y el derecho de entrar y salir con libertad.

Y yo me pregunto: ¿se pagaba por la música o por gastar dentro de los límites sonoros?

· Al franquear la entrada, unos niños contratados para el fin de semana tenían la “obligación” y el deber de cachearte, registrar los bolsos y confiscarte cualquier tipo de objeto, comida o bebida que considerasen oportuno.

Y yo me pregunto: ¿Es legal que alguien ajeno a los cuerpos de seguridad del estado te registre?

Que yo sepa, ni siquiera los guardias de seguridad de discotecas tienen derecho a hacerlo.

Y por otra parte, valga como símil el ejemplo de los cines. Antes en el de mi pueblo no te dejaban entrar con chucherías. No por manchar o molestar con la masticación al resto del público, no. Sino porque no resulta rentable que compres la chocolatina fuera del puestecillo de dentro.

· El beneficio es obvio: Por cada consumición alcohólica de vaso de tubo de garrafón, 6 euros.

· Además, tampoco era productivo instalar habitáculos de pladur para resguardarte de la fría lluvia.

Lo único que te ofrecían eran cubiertas de lonas de techumbre que no te guarecían de la mojadura lateral propulsada por el viento. Y por supuesto, si no copeabas el ron o whisky pertinente con su carpa, te echaban descarada e inhumanamente a chapotear a cielo raso bajo la lluvia.

De hecho, iba a los urinarios públicos para entrar en calor entre concierto y concierto, puesto que era el espacio cubierto más completo y sólido, eludiendo el hedor a meados y la chapa mojada.

Y respecto al acontecimiento más trascendental al fin y al cabo, los grupos musicales al menos no defraudaron. Si no fuese por su buena puesta en escena, excelentes ritmos, coreografías, no hubiera habido forma humana de soportar aquello. Lenny Kravitz estuvo prodigioso. R.E.M. quizá demasiado sedante para la que estaba cayendo. Y Prodigy fue capaz de rememorar los noventa con la misma energía apocalíptica punky-tecno-elecrónica.

elcorreo.com

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