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El Día de los Enamorados es una patochada

2013 febrero 14

De todos los ‘días de’ que cuelgan en el calendario, y ya los hay para dar y tomar, hay uno, de verdad que sólo uno, que me repatea el vientre; y es el de hoy. No soporto el Día de los Enamorados. Me encanta que podamos dedicar un día a la madre y al padre, y al santo de uno y al día del comienzo de la temporada de las rebajas, pero… ¿a los enamorados? ¿Por qué? ¿No sería, en todo caso, mejor un día dedicado al amor?

El enamoramiento no es más que un proceso químico, que viene a durar entre uno y dos años, como máximo, y que permite a las personas emparejarse y garantizar el mantenimiento de la especie humana. Enamorarse es una maravillosa experiencia que nadie debería morirse sin haberla probado al menos una vez, pero lo importante en la vida es el amor, que perdura y, sin duda, requiere un mayor esfuerzo y compromiso. La sociedad actual va tan rápido, todo es tan efímero en ella, que pretende hacernos creer que amar y enamorarse es lo mismo y que en todo caso lo auténtico es el enamoramiento. Porque, ¿dónde está el día del amor? El mero planteamiento estoy seguro de que a más de uno puede resultarle ridículo, patético.

A mí lo patético y lo ridículo me parece festejar el día de los enamorados, cuando lo que nos distingue como seres humanos no es sólo nuestra capacidad de razonar, sino por encima de todo, nuestra capacidad de amar. Por eso me ha llamado poderosamente la atención una información que contamos hoy en nuestro periódico, EL CORREO. Una de cada diez personas pierde la capacidad de amar.

No ya por hastío, falta de abono sentimental o por el insportable peso de la rutina, que pueden resultar devastadores; sino porque de pronto, un día, el cuerpo no responde a estímulos afectivos. Los mecanismos cerebrales del amor dejan de funcionar, lo mismo que falla la visión, el oído, los riñones o el corazón. Simplemente, no dan para más. Los neurólogos lo llaman alexitimia y es un trastorno que afecta, según se estima, a nada menos que el 10% de la población mundial. No es que no quieran amar, es que no pueden.

Ni siquiera sufren por ello. La alexitimia, según la Sociedad Española de Neurología, puede ser heredada y desatarse en la infancia o aparecer a causa de una enfermedad como el párkinson o la esclerosis múltiple. Es el fin de la toma de decisiones y de las relaciones sociales. El auténtico drama. Dejar de amar. Enamorarse es algo circunstancial. Amar es la experiencia total y, a diferencia del enamoramiento, su grandeza, como decía el psicólogo Erich Fromm, reside en que es un acto de voluntad. Olvídense del día de los enamorados y festejen el amor antes de que la alexitimia nos los impida.

elcorreo.com

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