Enganche total

Hola a todos de nuevo, tras este pequeño kit kat. Todos los paréntesis se cierran y aquí estoy, con poco tiempo para ver la tele pero sacándole chispas al DVD. Así es como me he enganchado, con pasión furiosa, a Prison Break. Supongo que la mayoría de ustedes que lean esto y sean adictos a las aventuras de Michael Scoffield estarán ya bien plantados en la segunda temporada, que servidora evita como la peste, no vaya a ser que me lo destripen, vade retro. He consumido ya dos discos de los seis que componen la maravillosa caja de la primera temporada, los 46,95 euros mejor invertidos desde hace tiempo. Pues anda que no habré pagado bastante más que eso por un montón de trapos que me he puesto una vez… o ninguna.

Ocho capítulos después, puedo decir orgullosa que he ganado una adicción para mi lista y un icono masculino para mis sueños. (Adivinen quién. Pista: no es T-Bag ni el mafioso ni siquiera el alcaide Stacy Keach. Por cierto, cómo ha envejecido desde ‘Mike Hammer’). Y he sacado varias conclusiones sobre el absoluto cuelgue que me ha poseído:

Uno). Prison Break es adictiva porque en realidad no es sino un culebrón de manual. Carcelario, pero culebrón a fin de cuentas. Y tiene, más o menos camuflados, los elementos troncales de todo serial lacrimógeno que se precie. Sarah, la doctora, es la bella heroína idealista e incomprendida. Scoffield es el caballero andante de nuestros días. La  vicepresidenta sería el equivalente a la madrastra de Blancanieves y Lincoln Burrows el malo por fuera-tierno por dentro que todos y todas quisiéramos salvar. Aderécense los personajes con un guión que da vueltas y vueltas sobre sí mismo sin perder nunca el interés y…voilá.

Dos). Algunas series fracasan porque el casting es un bluff aunque la idea sea buena. Prison Break tiene un guión aceptable, aunque cogido con alfileres a veces, pero un brutal sentido del ritmo, con un rollito videoclip muy adecuado para los tiempos que vivimos. Y un casting espectacular: si Wentworth Miller es todo un descubrimiento, la alegría es doble al reencontrarme con el sueco Peter Stormare al que recordaba de una de mis pelis favoritas, ‘Bailar en la oscuridad’. T-Bag no podría estar mejor elegido y Lincoln es simplemente la imagen perfecta del típico tío al que te imaginas con un buzo esperando que le frían en la silla eléctrica.

Tres). Esta serie es en realidad una serie para chicas, no sólo por su carácter ‘culebrónico’ sino porque apunta directamente al corazón. Un inocente a punto de morir, un hermano cañón que quiere salvarle, una médica que pone ojitos al hermano cañón…

Estoy enganchada. Por favor, no me destripen la segunda temporada. Seguiremos informando.

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