La confusa ceremonia

Todo resultó tan extraño ayer que no sabría decir si me gustó la ceremonia o no. Sí es verdad que fue más rápida y que resultó amena. Pero el hecho de que transcurriera en televisión media hora después que en la radio e Internet dio lugar a situaciones un tanto curiosas. Uno siempre se siente tentado por los caminos de la profesión, que, sí, son inescrutables, así que no podía resistir la tentación de apreciar, antes de encender la televisión y también después, durante la publicidad, qué hacían los compañeros de Internet o de la radio y, claro, la confusión fue de aúpa. Volvían a dar premios que ya se habían otorgado.

En fin. Hubo confusión, pero no sorpresas. El palmarés nos pareció acertado. Triunfaron Almodóvar y, en una menor escala, Guillermo del Toro, mientras que Agustín Díaz Yanes quedó en un plano más oscuro, tanto como la fotografía de ‘Alatriste’. Corbacho estuvo gracioso a ratos, algo borde en otros y puede que también soso, qué le vamos a hacer. La verdad es que el formato no da mucho de sí. Pero lo del tijeretazo fue, en mi opinión, un acierto. Sólo en un par de ocasiones la realización pareció haber hecho cortes bruscos y nunca tuve la sensación de perderme nada, salvo los aburridos tiempos muertos.

Entre las ausencias destacó, cómo no, la de Pedro Almodóvar, que parece seguir enfadado, pese a que la Academia ha modificado el sistema de votación, tal y como él quería. Así que no hubo rey. Pero sí reina. Fue Penélope y no la cinta de Stephen Frears que obtuvo el Goya a la mejor película europea. Eso que quede claro.

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