Lo malo de la envidia es que suele nublar el sano juicio. De Penélope Cruz se ha dicho de todo. Casualmente, desde que empezó a trabajar en Hollywood (posibilidad vetada a la mayoría de los actores españoles), y, sobre todo, desde que salió con Tom Cruise (ese señor que probablemente forraría las carpetas de su adolescencia, como lo hizo con las de miles de jóvenes ochenteras), de la Pé se han dicho barbaridades. Y, aparte de esas improbables operaciones estéticas o de su supuesta conversión a la Iglesia de la Cienciología, lo realmente escandaloso es haber escuchado constantemente que es una mala actriz.
Porque Penélope Cruz, en mi opinión, siempre ha sido una buena actriz. Lo demuestra, entre otras películas, en ‘Jamón jamón’, ‘Belle Epoque’, ‘La niña de tus ojos’, ‘Abre los ojos’, ‘Todo sobre mi madre’ y ‘No te muevas’. Habrá quien no esté de acuerdo, pero me cuesta creer que alguien opine realmente que es una mala actriz. Muchas quisieran, digo yo. Otra cosa es que no haya tenido suerte con las películas en las que ha participado en Estados Unidos (la mayor parte olvidables). Pero la Pé es la Pé y en su retorno al cine patrio da una de cal y otra de arena a sus detractores.
‘Volver’, de Pedro Almodóvar, es una cinta magnífica, en gran parte porque Penélope Cruz está (es) magnífica. Interpreta a una mujer temperamental, que debe sacar adelante a su hija tras un crimen. Una mujer joven que se ha enfrentado a un pasado turbulento y que irradia ganas de vivir la vida. Es, en mi opinión, la mejor interpretación de su carrera. Soberbia. Emocionante. El resto del reparto, correcto, baila a su son. Hay que correr a verla en el cine porque es una de las pocas actrices capaz de contagiarnos cuando ríe y llora. Y de verdad que con ella uno se ríe y llora mejor que nunca. Claro que también habrá quien llore por otras razones. De envidia, digo yo.

