Solomillo de llorar


Hoy os voy a poner verdes de envidia, porque la cenita que me pegué el otro día no es para menos. Gracias a Dios (bueno, al móvil de mi chico), tengo todo bien documentado para que nadie pierda detalle.

Fuimos al restaurante italiano Passerella, muy famoso en Bilbao y que además está de celebración porque cumple nada menos que 30 años dándonos de comer, y muy bien, por cierto. Se han lavado bien la cara y para su cumpleaños han pintado todo el local y han cambiado la decoración de las vidrieras. Además, han renovado la carta, aunque sus clásicos siguen ahí.

Algo que no me ha gustado mucho de los nuevos toques es que han perdido la sana costumbre de poner servilletas de tela y se han pasado a las desechables. Las cartas también se han modernizado y las han imprimido en cartulinas muy bonitas, pero que le dan un poquito aire de franquicia al local. Sin embargo, la comida sigue siendo tan deliciosa como siempre y la atención, mejor.

Esta soy yo estudiando atentamente la carta, aunque no sé para que, porque siempre pido lo mismo.

Como entrante, pedimos una pizza para compartir. Era de atún y bacón (extraña mezcla, lo sé, pero a mí me gusta).


Las que sirven en el Passerella son unas pizzas muy ricas.La masa es una de las mejores que he probado y vienen bien repletas de ingredientes.

Como plato fuerte, y aquí viene lo mejor, pedí el gran Solomillo Tournedo Rossini. Es un solomillo en salsa de vino con setas, paté y pan tostado. Lo sirven sobre una cama de tallarines de verduras que terminan de hacer el plato irresistible. Este bocado es un gran descubrimiento, pero no lo recomiendo si después de comer tienes otro plan que no sea el de vegetar en el sofá.

Cuando lo encargas, te preguntan cómo quieres la carne. Yo siempre digo: “en su punto tirando a poco hecho (me gusta que sangre, ya ves)”. Como veis, cumplieron:

Iker el pobre casi se lleva el disgusto del siglo. Siempre que vamos, él pide los escalopines a la gorgonzola (es que somos de ideas fijas). Le encantan. Pero esta vez, mientra mirábamos la carta comentó: “Hoy igual pruebo los escalopines passerella, que tienen buena pinta. No, mejor no”. Por eso, cuando vino el camarero a tomarnos nota y pidió los passerella, no dije nada, ya que pensé que había cambiado de opinión. Sin embargo, cuando trajeron la comida y vió que no eran los gorgonzola, su cara era un poema. Se ve que el subconsciente le jugó una mala pasada y pidió los que no eran.

Él camarero se dio cuenta de que algo no iba bien y preguntó. Iker, resignado, dijo que no había problema, que se había confundido al pedir, pero que se comía lo que le habían traido que tenía buena pinta. Sin embargo, se ofrecieron a cambiarnos el plato y a la velocidad del rayo, ya teníamos en la mesa los escalopines gorgonzola. Todo un detalle, un gran detalle.

Los escalopines de la discordia.

Como postre, como no podíamos más, pedimos tarta de queso para compartir.

Este es un gran lugar, y es tanto la comida como el trato que tienen con sus clientes lo que diferencia un buen restaurante de otro que no lo es. En la ‘Escala Diana de Valoración’ les planto un 9,5. No les pongo el 10 por las servilletas de papel, que la odio. Lo demás, todo perfecto.

Además, entre semana es un buen sitio para comer un menú del día delicioso y alejado de las fritangas y la pechuga de pollo. Siempre tienen tres primeros y tres segundos a elegir. En él nunca falta: una pasta, una ensalada y un pescado fresco. El precio es muy asequible para la zona y la calidad de la comida, 11,5 (la última vez que fui, ahora quizá haya subido).

Os dejo la cuenta y la ficha del local:

Ristorante Passerella

Alameda Urquijo, 30 (Bilbao)

Teléfono: 94440346

Precio medio: carta 30/35 euros. Menú del día: 11.5 euros.

EDV: 9,5.

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